Sobre Dios
Si
Dios es perfecto, Él está siempre en paz y no puede
enojarse o molestarse con nadie o por nada, porque
el disgustarse sólo es propiedad de un ser
imperfecto. De igual manera, si Dios es perfecto, Él
no necesita ni desea nada de nadie, ya que si Él
necesitase o desease algo, no sería Dios sino un ser
infeliz e imperfecto.
Sobre la Muerte
La
muerte no es nada para nosotros, una vez que el
cuerpo y el cerebro se convierten en polvo y
cenizas, no hay sentimiento ni pensamiento, y lo que
no tiene sentimiento o pensamiento es nada para
nosotros.
Sobre el Dolor
Lo
máximo en el placer es estar libre de todo dolor y
molestia, tanto en el cuerpo como en la mente.
Cuando este placer está presente, todo el dolor está
ausente.
Sobre las Enfermedades
Las
enfermedades que provocan un dolor atormentador
duran sólo corto tiempo, luego de ello uno está
libre. Las enfermedades que acarrean un dolor
atenuado pueden durar largo tiempo, pero es posible
vivir de forma tal que los placeres de la vida
superan con largueza las molestias. En ambos casos,
el dolor no es algo que uno deba temer.
Sobre la Felicidad y la Sabiduría
Es
imposible ser feliz sin también ser sabio, honorable
y honesto, y es imposible ser sabio, honorable y
honesto sin también ser feliz. La felicidad es tan
dependiente de la práctica de la sabiduría, el honor
y la honestidad que ser negligente con sólo uno de
estos valores conducirá irremediablemente a
problemas y lamentaciones en la vida.
Sobre lo Correcto
Absolutamente todo lo que nos aleje de ser dañado
por la gente es bueno y correcto.
Sobre la Fama
Algunos hombres y mujeres desean ser famosos y bien
conocidos porque piensan que esto hará que sus vidas
estén a salvo de riesgos. Si la fama acarrea la
seguridad, es bueno y correcto desear ser famoso;
pero si una vida famosa trae más problemas que una
vida oscura, es tonto desear lo que es realmente
malo para nosotros.
Sobre qué placeres perseguir y cuáles
evitar.
No hay
placer que sea malo en sí mismo. Lo que es malo son
las desagradables consecuencias que puedan resultar
si no se usa la cabeza. Si todo placer permaneciese
y afectase a todo el cuerpo y no sólo a una o dos
partes, no habría diferencia entre un placer u otro;
todos ellos serían igualmente deseables. Si las
cosas que provocan placer a los hombres y mujeres
licenciosos los liberase de tener mentes
perturbadas, es decir, si una vida así los liberase
del temor a Dios, el temor a la muerte y el temor al
dolor, y si aquellas cosas les enseñaran cómo
manejar racionalmente sus deseos, no veríamos nada
malo con esos hombres y mujeres; ellos habrían
alcanzado la cima del placer y estarían libres de
todo el sufrimiento corporal y mental, que es el
principio y el fin de todo el mal.
Sobre la Paz Mental
Si
nuestra paz mental no fuera disturbada por ideas
supersticiosas sobre cometas, estrellas fugaces y
otros tipos de fenómenos astronómicos, o por pensar
en la muerte (lo que realmente es nada para
nosotros), así como por nuestra carencia de
entendimiento de los limites del sufrimiento y cómo
manejar racionalmente nuestros deseos, no tendríamos
necesidad alguna de adquirir un cabal entendimiento
científico de la naturaleza. El individuo honesto
tiene más paz mental que nadie; es el hombre o mujer
deshonesto quien siempre tiene alguna razón para
preocuparse y sentirse ansioso.
Sobre el Entendimiento
Una
persona no puede estar libre de la mayoría de los
temores que preocupan sobre el universo en tanto
carezca de un cabal entendimiento científico de la
naturaleza y crea más bien en leyendas, parábolas y
mitos. Sin un cabal entendimiento científico de la
naturaleza uno no puede alcanzar la cima del placer.
Sobre la Seguridad
No hay
razón para luchar denodadamente por lograr seguridad
física y mental ante aquellos quienes pueden
dañarnos si nuestra paz mental puede ser fácilmente
atacada y destruida por temores y ansiedades que
provienen de un entendimiento no científico de por
qué la naturaleza se comporta como lo hace en el
cielo, en la tierra, o en cualquier otro lugar del
universo.
Si
bien buena parte de sentirnos a salvo de otros
pudiera posiblemente obtenerse a través de acumular
gran riqueza y poder, la seguridad, la protección y
la tranquilidad serían más ciertamente nuestras si
simplemente viviésemos una vida calmada y sencilla,
retirada del mundo.
Sobre la Riqueza
Entiende que la verdadera riqueza es tener lo que
realmente se necesita para una vida feliz y
averiguarás cuán fácil es satisfacerla
completamente; cree, erróneamente, que la riqueza
consiste en poseer todo lo que uno pudiera
posiblemente imaginar y soñar, y no habrá nunca un
término para tus afanes y sudores.
Sobre las Dificultades
Al
manejar continuamente los asuntos más importantes de
la vida de acuerdo con los dictados de la razón, el
hombre, o la mujer, sabio construye una defensa de
por vida contra las desdichas y dificultades, y rara
vez sufre por ellas.
Sobre el Placer
Tan
pronto como se ha alcanzado la cima del placer
físico a través de la satisfacción del ansia
corporal, no hay mayor placer que disfrutar por
sobre ello; uno ha alcanzado un nivel que no puede
ser superado. En ese punto, uno puede variar el tipo
de placer; uno no puede incrementar la intensidad.
El placer mental también tiene un límite natural que
no puede ser superado y este es lo siguiente: la paz
de mente que resulta del entendimiento racional y la
búsqueda del placer y de un cabal entendimiento
científico de aquellas cosas que acostumbraban
llenar la mente con temor y estremecimiento.
Sobre la Inmortalidad
Una
vida inmortal no proveería una oportunidad para
ningún placer adicional de lo que esta vida mortal
provee. Un entendimiento racional de la felicidad
esclarece el hecho de que la cima del placer se
logra aquí y ahora, en esta vida, y no puede ser
superada, ni aún si uno pudiera vivir para siempre.
Sobre los Límites del Placer
Si no
hubiera ningún límite natural para el placer,
tomaría una eternidad satisfacer el número infinito
de deseos que uno pudiera imaginar y soñar. La
mente, sin embargo, es capaz de descubrir el límite
natural y la cima del placer; es además capaz de
liberarnos de todos los temores de cualquier vida
después de la muerte, de forma que no necesitamos,
ni deseamos, ni tememos a la eternidad. Por lo
tanto, aún si nos llegase la hora de partir de esta
vida, podemos acercarnos a nuestro descanso final
con la absoluta confianza que hemos gozado todo el
placer que fue posible gozar. El individuo que
aprende cuáles son los límites naturales del placer
sabe cuán poco se requiere verdaderamente para
satisfacer sus necesidades y tener una vida feliz, y
cuán fácil es obtenerla. Por lo tanto, es
innecesario malgastar su vida luchando y
fatigándose.
Sobre las Decisiones
En la
toma de toda decisión, el principio básico debiera
ser el objetivo último de la vida que tenemos frente
a nosotros y lo que realmente sabemos y hemos
experimentado (en lugar de lo que otros alocadamente
imaginan): si nos apartamos de esta norma, nos
veremos abrumados con la duda y la confusión. Si no
tenemos claro en nuestra mente el objetivo último
cuando requiramos tomar una determinación sobre
seguir o evitar un particular placer o dolor, y
procedemos en nuestra decisión de acuerdo con algún
criterio menos reflexionado, nuestro comportamiento
no será consistente con nuestros principios
Sobre las Opiniones
Si
negamos o descartamos todo aquello que sabemos y
hemos experimentado, no quedará nada para servirnos
como principio fundamental cuando requiramos
formarnos una opinión sobre cualquier asunto, ni
siquiera aquellos puntos de vista que reconocemos
como falsos.
Sobre la Duda y Confusión
La
confianza absoluta al determinar lo que es cierto y
lo que es alucinatorio es sólo posible si aprendemos
a distinguir claramente entre aquellas ideas que se
basan en lo que sabemos y hemos experimentado y
aquellas otras que tienen su origen en la
imaginación y nada más. En otras palabras, si damos
la misma autoridad a la imaginación y a nuestros
sentimientos internos que el que damos a lo que
sabemos y hemos experimentado, nunca estaremos
completamente seguros respecto de nada, toda vez que
no habrá un principio básico con el cual eliminar la
duda y la confusión.