Felino

Me parece que as� deben sentirse los intestinos
cuando una voz tras la puerta se ignora.

Y a la postre,
as� deben ser las cosas de la vida
cuando la vida de las cosas
se extingue.

Pero muchas ant�tesis,
de esas flamantes que se estrenan,
y poca verdad no son respuestas.
Abstracto empedernido, infeliz,
juego a que s� y a nada alcanzo.

Palidecen centros de escucharme venir.
Los juegos de una naturaleza muerta
se hace muerta de veras en mi presencia.

Bah.
Cuadros est�pidos de jarrones y uvas.
Tristes burlas de encajes,,
sombras, tenedores.

Pesan los sentidos como una peste,
y os acceder�a a agregar como un genocidio
de almas contra almas, madres ancianas
gritando sollozos
en un campo llovido.

�stas son muchas palabras,
no se organizan, no se entienden a s� mismas;
mas pesan los sentidos dentro
como un planeta de estupidez.

Para bien los hombres
se acarician
en orgullos instalados.

Masturbando morales
se incorporan abanderados
a las venas de un hado
vejado y fecal
que se desliza, risue�o,
sobre viscosas degradaciones.

M�s all�,
por encima de cortinas,
mujeres infecundas
insultan y maldicen,
haciendo del vientre
un arma sangrienta.

Todo duele, escalofr�o
de ayuna metaf�sica.
Fiesta perversa de huesos
presionando contra ojos,
pu�al asesino.

Las cosas tienen,
salvo el gato que ronda cerca,
hedor apestoso a cuerpo malsano
que, mancillado, rumia el excremento
separando flores de otras basuras.

Ven aqu�, gatito...



Oveja negra

                 Oh estrella de la tarde que traes de vuelta
                  todo lo que dispers� el alba luminosa, 
                  traes la oveja, traes la cabra,
                  traes el ni�o a la madre.

                 
Safo.

Ya se alejaba del reba�o.
Apartada, pastaba sola y tranquila.
La oveja negra siempre ha sido negra.
No por vil, deben creerme,
sino por distinta al resto de sus hermanas.

La oveja negra se peleaba
a dentelladas con las blancas,
se estremec�a de dolor
al ver su discrepante familia.

La oveja negra iba entre las filas
cabizbaja y triste. Yo s� de ovejas negras,
de esas que en pesadillas no saltan el muro
e impiden el sue�o.

La singular oveja trocaba m�sculos
en derredores serenos. �sta, mi oveja,
pues extraviada hasta m� ha venido,
se estremece de fr�o bajo la mesa de mi caba�a.

Yo la observo detenidamente.
Ella no vuelve la cabeza aunque me sabe atento.
�Ah es tan melanc�lica mi pobre oveja
que sube las cortinas y se deja caer!.

Otras veces, como loca,
corre y se da de cabezazos
contra las paredes.
�Tal es su desdicha,
la de mi oveja hu�rfana!.

Y cuando su madre gime
la nocturna ausencia de la hija,
ella r�pidamente se oculta
bajo mi catre breve.

Retorci�ndose como si se rascara
por todo el piso de mi caba�a,
pasa los d�as ensimismada,
comiendo sobras, temblando.

Esta oveja que se extrav�a
entre el crimen y los sue�os
tiene cara de decirme algo.
Parece tener miedo mi amiga oveja.

�Ah t� algodonada sucia,
t� escapada de entre los tuyos!.
T�, animal idiota que en cuerpos
extra�os buscas afectos.

�Escapa ya de mi caba�a, oveja demente!.
�Corre lejos donde no te alcance!,
pues aqu� t� y yo, tan semejantes y malditos,
acabaremos mat�ndonos, oveja triste.

Negra oveja que,
extraviada,
hasta m� has venido.
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