| Felino Me parece que as� deben sentirse los intestinos cuando una voz tras la puerta se ignora. Y a la postre, as� deben ser las cosas de la vida cuando la vida de las cosas se extingue. Pero muchas ant�tesis, de esas flamantes que se estrenan, y poca verdad no son respuestas. Abstracto empedernido, infeliz, juego a que s� y a nada alcanzo. Palidecen centros de escucharme venir. Los juegos de una naturaleza muerta se hace muerta de veras en mi presencia. Bah. Cuadros est�pidos de jarrones y uvas. Tristes burlas de encajes,, sombras, tenedores. Pesan los sentidos como una peste, y os acceder�a a agregar como un genocidio de almas contra almas, madres ancianas gritando sollozos en un campo llovido. �stas son muchas palabras, no se organizan, no se entienden a s� mismas; mas pesan los sentidos dentro como un planeta de estupidez. Para bien los hombres se acarician en orgullos instalados. Masturbando morales se incorporan abanderados a las venas de un hado vejado y fecal que se desliza, risue�o, sobre viscosas degradaciones. M�s all�, por encima de cortinas, mujeres infecundas insultan y maldicen, haciendo del vientre un arma sangrienta. Todo duele, escalofr�o de ayuna metaf�sica. Fiesta perversa de huesos presionando contra ojos, pu�al asesino. Las cosas tienen, salvo el gato que ronda cerca, hedor apestoso a cuerpo malsano que, mancillado, rumia el excremento separando flores de otras basuras. Ven aqu�, gatito... |
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| Oveja negra Oh estrella de la tarde que traes de vuelta todo lo que dispers� el alba luminosa, traes la oveja, traes la cabra, traes el ni�o a la madre. Safo. Ya se alejaba del reba�o. Apartada, pastaba sola y tranquila. La oveja negra siempre ha sido negra. No por vil, deben creerme, sino por distinta al resto de sus hermanas. La oveja negra se peleaba a dentelladas con las blancas, se estremec�a de dolor al ver su discrepante familia. La oveja negra iba entre las filas cabizbaja y triste. Yo s� de ovejas negras, de esas que en pesadillas no saltan el muro e impiden el sue�o. La singular oveja trocaba m�sculos en derredores serenos. �sta, mi oveja, pues extraviada hasta m� ha venido, se estremece de fr�o bajo la mesa de mi caba�a. Yo la observo detenidamente. Ella no vuelve la cabeza aunque me sabe atento. �Ah es tan melanc�lica mi pobre oveja que sube las cortinas y se deja caer!. Otras veces, como loca, corre y se da de cabezazos contra las paredes. �Tal es su desdicha, la de mi oveja hu�rfana!. Y cuando su madre gime la nocturna ausencia de la hija, ella r�pidamente se oculta bajo mi catre breve. Retorci�ndose como si se rascara por todo el piso de mi caba�a, pasa los d�as ensimismada, comiendo sobras, temblando. Esta oveja que se extrav�a entre el crimen y los sue�os tiene cara de decirme algo. Parece tener miedo mi amiga oveja. �Ah t� algodonada sucia, t� escapada de entre los tuyos!. T�, animal idiota que en cuerpos extra�os buscas afectos. �Escapa ya de mi caba�a, oveja demente!. �Corre lejos donde no te alcance!, pues aqu� t� y yo, tan semejantes y malditos, acabaremos mat�ndonos, oveja triste. Negra oveja que, extraviada, hasta m� has venido. |