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CAMINO MISTICO

5. CONCLUSIONES

CONTENIDO

5.1 EL COMBATE ASCÉTICO-MÍSTICO

5.2 DISCERNIR LOS FENÓMENOS ESPIRITUALES

5.3 ELEGID LOS CARISMAS MEJORES

5.4 MÍSTICA Y ASCÉTICA DEL SERVICIO AMOROSO

5.5 DISPONERSE A LA GRACIA Y DEFENDER LA GRACIA

 

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5.1 EL COMBATE ASCÉTICO-MÍSTICO

La observación atenta del camino místico de Ignacio disipa toda posible ilusión romántica acerca de una vida mística color de rosa. Existe una cierta proclividad en los ciudadanos de la cultura del bienestar y de la autorrealización, a imaginar la vida mística como una especie de "easy-way" en la que se ingresa una vez superadas las durezas iniciáticas de la ascesis. La mística sería, en esta precomprensión, algo así como un estado de "retiro" o "jubilación" espiritual, a la que el asceta puede acogerse para disfrutar por fin de la paz bien merecida que se ha ganado con su esfuerzo.

Pero no es así. La experiencia mística es siempre una experiencia en la fe. Y la experiencia mística no comienza donde cesa la vida ascética, la vida cristiana, sino donde ésta alcanza su máxima intensidad. San Ignacio afirmará lúcidamente que la "tercera manera de humildad" (EE 167) incluye siempre la primera y la segunda: la guarda heroica de los mandamientos y la adhesión total a la voluntad divina. La experiencia mística, es – si vale la comparación – como la maestría del estilo de un deporte, no anula el ejercicio, lo eleva a su perfección.

5.2 DISCERNIR LOS FENÓMENOS ESPIRITUALES

Ignacio sabe que hay que discernir los fenómenos espirituales interiores, tales como visiones, inspiraciones y demás sentimientos y pensamientos.

Uno de los principales criterios para discernirlos son sus efectos. Así, Ignacio se inclinará a evaluar la visión nocturna de la Virgen con el Niño que tuvo en Loyola al principio de su conversión cuando aún estaba convaleciente, por las consecuencias que tuvo: 1) borrándole la memoria de imágenes impuras, 2) inspirándole aborrecimiento de las cosas de carne y 3) ayudándolo en adelante para no consentir más, hasta el fin de sus días, en tentaciones impuras.

Otras veces el discernimiento se da en el proceso del acontecer espiritual, o de la gracia mística, por comparación o por contraste. Así por ejemplo, después de la ilustración del Cardoner, y después de dar gracias de rodillas ante el crucifijo, Ignacio reconoce que una visión interior muy atrayente y consoladora que había tenido otras veces, no era de buen espíritu, sino del malo. Y aprende desde entonces a desdeñarla, desechándola cada vez que quiera volver. Esa visión de la "serpiente con muchos ojos" es un ejemplo de ilusión o engaño místico. Ignacio los temió, se puso en guardia contra ellos y puso en guardia a otros. El Tentador puede vestirse de Ángel de Luz y no siempre es posible reconocerlo cuando viene así disfrazado. El camino místico tiene sus peligros.

Ignacio fue maestro en el discernimiento de espíritus gracias a las enseñanzas recibidas mediante gracias místicas.

5.3 ELEGID LOS CARISMAS MEJORES

Los fenómenos místicos y espirituales son gracias y no se sitúan en la esfera de lo que está mandado o prohibido. San Pablo recomienda aspira a los carismas mejores. Ignacio siguió este consejo, como puede verse en su diario. Apreciaba enormemente las consolaciones, y las gracias de lágrimas. Sin embargo no se aferraba a ellas cuando había razones de mayor servicio divino o gracias mejores. En último término Ignacio prefería siempre el camino mejor, el de la caridad ( I Corintios 12,31).

5.4 MÍSTICA Y ASCÉTICA DEL SERVICIO AMOROSO

La vida mística de San Ignacio no sólo reposa sobre un esfuerzo ascético antecedente, sino que está permanentemente e inseparablemente unida y entretejida con la lucha espiritual que consiste en resistir al pecado y discernir los pensamientos e inclinaciones interiores.

En la vida de Ignacio no pueden distinguirse por lo tanto épocas o etapas místicas de otras que no lo son. Aunque es verdad que hay en su vida épocas más ricas en visitaciones espirituales. Ignacio "reprimió" por decirlo así, durante sus épocas de estudiante en Barcelona y París, su inclinación a la piedad y sus ejercicios de oración y devoción. Lo hizo en bien de la meta apostólica que se había fijado para servir a Dios procurando el bien de sus prójimos. San Ignacio dio prioridad al servicio sobre el afecto.

Puso en práctica el consejo paulino de seguir el camino mejor: el de la caridad y puso el amor más en obras que en sentimientos o en palabras.

Al procurar aprovechar a las almas acercándolas a Dios, Ignacio encauzaba, analizaba y aún si era necesario renunciaba a la "vía afectiva" y a un género de vida que podía parecer más apto para las comunicaciones místicas.

Su vida mística está canalizada por el servicio de Dios. Lo que sabemos de ella a través del Diario Espiritual la ubica en el contexto de las elecciones acerca de la pobreza en los templos de la Compañía. Sabemos por la Autobiografía, que Ignacio compulsaba así sus decisiones acerca de los diversos puntos de las Constituciones de la Compañía. La Compañía era para Ignacio una "obra de amor" para servicio de Dios y de las almas. Y su mística se sitúa alrededor de sus consultas de la voluntad divina, con el fin de elegir lo más grato a Dios.

La mística de Ignacio funciona en estos términos: del intercambio de obras de amor con Dios. Por eso la contemplación mística de Ignacio se extiende a la acción y es: "contemplativo en la acción".

5.5 DISPONERSE A LA GRACIA Y DEFENDER LA GRACIA

Aunque la mística sea siempre un don gratuito y por lo tanto implanificable, impredecible y sorprendente, San Ignacio invita al ejercitante a disponerse para la comunicación divina.

Lo primero es vencerse a sí mismo. No obrar por afectos desordenados, o sea deseos y temores que no están ordenados al fin último. También las maneras de humildad, muestran esquemáticamente esas disposiciones interiores necesarias. (EE 164 ss.).

Ignacio propone ejercicios que pueden disponer a la gracia. A eso se dirigen los ejercicios que tienden a cultivar la imaginación mediante dramatizaciones. Imitar a Nuestro Señor o a Nuestra Señora en el modo como usaban sus cinco sentidos (EE 248). Imitar a Nuestro Señor en el modo de comer (EE 214). Ignacio mismo se ejercitaba en esas dramatizaciones imaginándose que iba preso como Jesús o que serviría a su amo y a sus condiscípulos como a Jesús y a los Apóstoles (Aut.52; 74)

Son innumerables las "industrias" que Ignacio enseñaba a los suyos para disponerse a la gracia. Como buenos alumnos suyos, el Beato Pedro Fabro, San Alonso Rodríguez y otros muchos jesuitas fueron a su vez maestros en sugerir "modos" de disponerse a la gracia ejercitando "las potencias del alma": inteligencia, memoria, voluntad, imaginación.

Cuando todo el hombre busca a Dios de esta manera, Dios se deja encontrar. Como dice el salmo: "Abre tu boca y yo la colmaré" (Salmo 80,11).

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