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APÉNDICE 2.
TEXTOS DEL DIARIO ESPIRITUAL.
Contenido:
1. De la Trinidad [Martes 12 Febrero 1544]
2 De las Personas que se Escondían y
de Nuestra Señora como intercesora ante Ellos [Miércoles 13 Febr.]
3 De nuestra Señora del templo. Simeón [Viernes 15 Febr]
4 Del primero de Cuaresma [Miércoles 27 Febr.]
5 Espíritu Santo [Lunes 11 de Febr.; Miércoles 12 Marzo]]
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Martes [12 Febr. 1544].- Después de despertado, orando, no acababa de dar gracias a Dios nuestro Señor mucho intensamente, con inteligencias y con lágrimas, de tanto beneficio y de tanta claridad recibida, no se podiendo explicar. Después de levantado me duraba el calor interior y devoción habida, y en acordarme de tanto bien recibido, a un moverme a nueva devoción en aumento y a lágrimas, y así andando a D. Francisco, con él y después veniendo sin perder el calor y amor intenso.
<Después, soltando un punto o tentación que en amaneciendo me vino, es a saber, solamente [se podrían aceptar rentas] para la iglesia, con mucha claridad y noticias y con asaz devoción, queriendo en todo cerrar contra aquel punto, en mucha paz y conocimiento y dar gracias a las Personas divinas, asimismo con asaz devoción. La ocasión, el levantarme de la oración por hacer callar o no, ocasión de la sala, y después, yendo a misa y en ella, un parecer que el calor de dentro pugnaba con el viento de fuera, pareciendo bueno lo claro de dentro y lo malo de fuera, y en este medio de la misa con calor y alguna devoción, no frialdad, mas agitaciones de los de la sala y de quien oía misa. Acabada misa y mirada la cosa, restando asentado y con la devoción interna >.
2. De las Personas que se Escondían y de Nuestra Señora como intercesora ante Ellos
Miércoles [13 Febr.].- Conociendo haber mucho faltado en dejar a las personas divinas al tiempo de dar gracias el día pasado, y queriéndome abstener de decir la misa de la Trinidad, que pensaba decirla, y tomar por intercesores a la Madre y al Hijo, porque se me fuese perdonado y restituido a la primera gracia, absteniéndome de las personas divinas para no me allegar a ellas inmediate para las gracias y oblaciones primeras; ni en decir misas de ellas por toda la semana haciendo penitencia con la tal ausencia, veniendo en mucha grande devoción, y muchas lágrimas intensísimas, así en la oración como vestiéndome, y con sollozos, sentiendo ser la Madre y el Hijo intercesores, sentía una íntegra seguridad que el Padre eterno me restituiria a lo pasado. Después antes de la misa, en ella, y después de ella, muy crecida devoción, y mucho abundantes lágrimas, viendo y sentiendo los mediadores, con grande seguridad de alcanzar lo perdido, y en todos estos tiempos, así del miércoles como del jueves, teniendo por firme la oblación hecha, y no cosa alguna contra ella.
3. De nuestra Señora del templo. Simeón.
Viernes [15 Febr.].- A la primera oración, al nombrar del Padre eterno, etc. venía una sensible dulzura interior, continuando, y no sin moción de lágrimas, más adelante con asaz devoción, y hacia al fin con harto mayor, sin descubrirse mediadores ni personas algunas. Después para salir a la misa, comenzando la oración, un sentir y representárseme nuestra Señora y cuánto había faltado el día pasado, y no sin moción interior y de lágrimas, pareciendo que echaba en vergüenza a nuestra Señora en rogar por mí tantas veces, con mi tanto faltar, a tanto que se escondía nuestra Señora y no hallaba devoción ni en ella ni más arriba. De ahí [a] un rato, buscando arriba, como a nuestra Señora no hallaba, me viene una gran moción de lágrimas y sollozos, con un cierto ver y sentir que el Padre celestial se me mostraba propicio y dulce, a tanto, que mostraba señal que le placería que fuese rogado por nuestra Señora, a la cual no podía ver. Al preparar del altar, y después de vestido, y en la misa, con muy grandes mociones interiores, y muchas y muy intensas lágrimas y sollozos; perdiendo muchas veces la habla, y así después de acabada la misa, en mucha parte de este tiempo de la misa, del preparar y después, con mucho sentir y ver a nuestra Señora mucho propicia delante del Padre, a tanto, que en las oraciones al Padre, al Hijo, y al consagrar suyo, no podía que a ella no sentiese o viese, como quien es parte o puerta de tanta gracia, que en espíritu sentía. (Al consagrar mostrando ser su carne en la de su Hijo) con tantas inteligencias, que escribir no se podría. Sin dubitar de la primera oblación hecha.
Miércoles [27 Febr.]
su gracia. En esto, recibiendo alguna luz y esfuerzo, y entrando en la capilla, en oración, un sentir, o más propiamente ver, fuera de las fuerzas naturales, a la Santísima Trinidad y a Jesú, asimismo representándome o poniéndome, o seyendo medio junto la Santísima Trinidad, para que aquella visión intelectual se me comunicase, y con este sentir y ver, un cubrirme de lágrimas y de amor mas terminándose a Jesú y a la Santísima Trinidad un respecto de acatamiento y mas allegado a amor reverencial al que contrario alguno. Después asimismo sentir a Jesú haciendo el mismo oficio en el pensar de orar al Padre, pareciéndome y sentiendo dentro que él hacia todo delante del Padre y de la Santísima Trinidad. Entrando en la misa, con muchas lágrimas, y continuándome por toda ella mucha devoción y lágrimas.
Asimismo en un paso notablemente vi la misma visión de la Santísima Trinidad que primero, siempre aumentándose en mi mayor amor cerca la su divina majestad.
5. Espíritu Santo.
[Lunes 11 de Febr. 1544]
De ahí a un rato, para salir a la misa, llegándome a corta oración, una devoción intensa y lágrimas, a sentir o ver [en] cierto modo el Espíritu Santo, como cosa acabada cerca la elección, y no poder así ver ni sentir ninguna de las otras dos personas divinas.
Miércoles [12 Marzo].-
inteligencias. Acabada la misa, y después en cámara, hallándome todo desierto de socorro alguno, sin poder tener gusto alguno de los mediadores ni de las personas divinas, mas tanto remoto y tanto separado como si nunca hubiese sentido cosa suya, o nunca hubiese de sentir adelante, antes veniéndome pensamientos cuándo contra Jesú, cuándo contra otro, hallándome así confuso con varios pensamientos, cuándo de irme de casa y tomar una cámara locanda por evitar rumores, cuándo querer estar sin comer, cuándo comenzar de nuevo misas, cuándo hacer el altar arriba, y en ninguna parte hallando réquiem con un deseo de dar fin en tiempo de ánimo consolado y satisfecho en todo. Tandem mirando si debría proceder adelante, porque por una parte me parecía que quería buscar demasiadas señales, y en tiempo o en misas terminadas por mi satisfacción, siendo la cosa en sí clara, y no buscando la certinidad de ella, mas sólo que el dejo de todo fuese a mi gusto; por otra parte me parecía que, si estando tanto desterrado, cesase en todo, que después no sería contento, etc. Tandem considerando, pues en la cosa no había dificultad, cómo seria mayor placer a Dios nuestro Señor concluir sin más esperar ni buscar pruebas, o para ellas decir más misas, y para esto poniendo en elección, <juzgaba y> sentía que más placer sería a Dios nuestro Señor el concluir y sentía en mi volición que quisiera que el Señor condescendiera a mi deseo, es a saber, finir en tiempo de hallarme mucho visitado, luego en sentir mi inclinación, y por otra parte el placer de Dios nuestro Señor, y con esto comenzaron a ir de mi gradatim las tinieblas, y venirme lágrimas, y éstas yendo en aumento, se me quitó toda voluntad de más misas para este efecto, y veniendo en pensamiento tres misas de la Trinidad para dar gracias, me parecía ser de mal espíritu; y determinando que ninguna, crecía mucho en amor divino, y tantas lágrimas y con tantos sollozos y fuerzas y de rodillas por mucho tiempo y paseando, y otra vez de rodillas con muchos, varios y diversos razonamientos y con tanta satisfacción interior, y aunque esta visitación tanto grande (que sentía notable dolor de ojos) durase por espacio de una hora, poco más o menos, tandem cesando lágrimas y dubitando si concluiría a la noche con semejante afluencia, si hallase, o agora; habiéndome cesado la afluencia, aun me parecía que mejor agora; que el buscar o tardar para la tarde era aun querer buscar, no seyendo por qué, y así propuse delante de Dios nuestro Señor y toda su corte, etc., dando fin en aquel punto, no proceder adelante en aquella materia; y aun a este último proponer, veniendo mociones internas, sollozos y lágrimas, aunque en el tiempo de las muchas efusiones de ellas, tenía todo por concluído, y de no buscar ni misas, ni visitación alguna, mas concluir en este día. Finido.