LO MARAVILLOSO DE LOS DESCUBRIMIENTOS
PROGRESO ESPIRITUAL
No somos santos.
Lo que importa es que tengamos buena
voluntad para crecer siguiendo
caminos espirituales. Los principios
que hemos anotado son guías hacia
el progreso. Buscamos el progreso
espiritual más bien que la
perfección espiritual.
Bill W.
"Alcohólicos Anónimos", pág. 66
Sólo Doce Pasos. En estos días cuando se ponen de manifiesto estadísticas fantásticas, una simple docena no parece significar mucho. Pero el contenido de los Doce Pasos establece una gran diferencia.
Puedo recordar la emoción con que mi esposa y yo vimos a nuestros gemelos dar su primer paso a los once meses. Pronto fueron dos paso, luego tres, en seguida cuatro, y muy pronto no podíamos contar los pasos que habían dado. Eran libres - libres para caminar sin cesar.
Ese primer paso es muy importante, ya sea el primer paso de nuestro querido hijo aprendiendo a caminar - o el Primer Paso, dado por un hombre en su camino hacia una nueva vida. Estudiando las caras de mis pequeños, puedo ver las mismas cualidades que necesitamos para dar los Doce Pasos de A.A.: Osadía para arriesgar todo en el intento, un sentido de orientación sin rodeos ni desviaciones; decisión para moverse hacia adelante sin vacilación ni reservas; determinación para llegar hasta el fin. Destino: una vida plena, una vida libre, una vida serena.
Albany, Australia.
Después de once años de sobriedad, un día a la vez he llegado a tener una creciente conciencia de cuan increíblemente bendecido he sido. Al principio, todo lo que pude hacer fue permanecer sobrio ese día. Al principio, todo lo que pude hacer fue permanecer sobrio ese día. Nunca me permití una excusa para faltar a una reunión de A.A., y leí toda la literatura de A.A. aprobada por la Conferencia que podía comprar o tomar en préstamo. También leí otras publicaciones, como el libro de William James "Las Variedades de la Experiencia Religiosa" (porque Bill W. lo hizo). Leí varios devocionarios diarios (y aún lo hago, incluido mi preciosa "Reflexiones Diarias"). Asistí a las clases de confirmación en mi iglesia para repasar las enseñanzas cristianas de mi juventud, de las cuales me había alejado tanto.
El crecimiento y la comprensión llegaron lentamente, pero lo llegaron constantemente. Finalmente, pude sentir gratitud por mi sobriedad - por la gracia salvadora de Dios. Ahora me siento totalmente libre, porque conozco la verdad acerca de mí. Conocí la gente en A.A. y eso me dio un modo de entenderme a mí mismo. Sé que el progreso espiritual es algo grande, amplio, bello y que sólo he subido hasta la puerta abierta.
Yendo a las reuniones y codeándome con los nuevos en A.A. he encontrado que tienen mucho para enseñarme. Sus problemas son un poco diferentes, y no han experimentado el horrible aislamiento, como lo sentimos algunos de nosotros los más viejos. Pero están mejor informados, tienen conocimientos y sospecho que son más listos, porque aprenden más rápido. Quizás no han tenido que ir tan lejos como nosotros, pero su camino es más confuso y no está tan claro. Así que la lucha es aún la misma para todos nosotros, y nos necesitamos mutuamente. Necesitamos la experiencia, la fortaleza de todos los demás, sin importar la edad o el tiempo de sobriedad.
La gracia salvadora de Dios no viene como un rayo salido del cielo. Viene por medio y de otros que sufrieron, y que también han sido rescatados, personas así como tú y yo.
Me siento feliz de ser parte de una comunidad vital y creciente, de un latir del corazón infalible. El poder Divino es el pulso de A.A., y no cambia, no importa que tan equivocados y tontos seamos los mortales.
Bismarck, North Dakota.
LO MARAVILLOSO DE LOS DESCUBRIMIENTOS
Quise ser el miembro más "exitoso" de mi Grupo de A.A. Pero eso fue mucho antes de que pudiera pensar con claridad. Permanecí sobrio, en gran parte, gracias al miedo y al estímulo de intentar llevar el mensaje. Hablaba frecuente y largamente de lo valioso de "trabajar los Pasos" y de "vivir esta nueva forma de Vida". Desgraciadamente, eso fue todo lo que hice al respecto: sólo hablar. No intenté en realidad practicar los Pasos.
En lugar de esto traté de encontrar ayuda espiritual y par mental por medio de mi iglesia. A cambio de esta actividad me sentí seguro de que sería recompensado con buena salud y felicidad. No funcionó.
Aunque nunca volví a tomar un trago, mi salud general desmejoró. Me volví sumamente nervioso y tenso. Como resultado, una úlcera, la presión arterial alta y una aguda neuritis finalmente me llevaron al hospital, en donde reposé casi ciego, paralítico y medio muerto.
Después que mis doctores diagnosticaron la principal causa de mi enfermedad, pronosticaron que después de todo viviría. Entonces dispuse de mucho tiempo para pensar y meditar. Pasé revista a mi vida entera - los años antes de A.A. y los doce años en A.A. De alguna manera, me sentí atrevido para mirar objetivamente lo que había sido y lo que ha llegado a ser. Por primera vez en mi vida se me reveló con toda claridad que yo era una completa porquería, 100 por ciento despreciable y sin enmienda. Era tan auto-centrado, estaba tan lleno de ego, que sólo me faltaba destruirme a mí mismo. Durante los años en A.A. apenas había aprendido a "mantener el corcho en la botella". Había descuidado el intentar trabajar todos los Doce Pasos del programa.
Pero me sucedió que ahora que Dios me ha salvado dos veces de la autodestrucción, he comenzado a tener un sentimiento de verdadera gratitud, y he tratado de darle las gracias a El. Tengo la intensa sensación que Dios me ha permitido vivir para algún propósito. Para expresar mi gratitud, quisiera pasar el resto de mi vida tratando de ayudar a alguien más, y me di cuenta que uno de los mejores lugares para trabajar, era en la Comunidad de Alcohólicos Anónimos, despojándome de mis viejas y superficiales ideas de "éxito".
Descubrí la satisfacción de ayudar a ordenar las sillas para la reunión y de limpiar ceniceros. Pronto descubrí que la labor de servicio en A.A. puede ser muy gratificante, y me agrada hacerlo. Sí, volví atrás y otros descubrimientos acerca de mí mismo y de mí Poder Superior. Hubiera sentido esto hace años, si sólo hubiera seguido el programa y hubiera estado, como lo expresa el Texto Básico, "dispuesto a hacer cualquier cosa para lograrlo".
A.A. me concede hoy el privilegio de estar a mis anchas en un mundo de gente "normal". Me da la oportunidad de tratar de vivir y trabajar en mi iglesia y en mi comunidad, y quizás en estas áreas, también, ofrece una pequeña contribución para hacer que las cosas sean un poquito mejor para aquellos que están pro venir.
Cordell, Oklahoma.
Mi alcoholismo aún no había avanzado demasiado cuando busqué por primera vez la ayuda de A.A., pero los efectos de treinta años de beber estaban ahí, y mi vida espiritual se encontraba por el suelo. Todo deseo de beber me abandonó desde mi primera reunión y, con fe, me di al programa con entusiasmo, haciendo caso de los lemas, asistiendo a las reuniones, haciendo amigos y llevando el mensaje, tal como entonces lo entendía.
Poco después de unirme a A.A., experimenté una conversión religiosa. Había sido una cristiana sólo nominalmente, en general mal informada sobre asuntos espirituales, como se pueden imaginar. Al descubrir verdaderamente el Cristianismo estudié teología en sus muchas ramificaciones y me convertí en un miembro seglar de una orden religiosa, comulgando diariamente. Me sentía segura, así que me aparté de la Comunidad, no participe más en las reuniones. Perdí de vista a mis amigos de A.A., y llegué a estar extraordinariamente "ocupada".
Cuando me tomé un trago, después de trece años de sobriedad, estoy segura que tenía en mente que A.A. aún estaría ahí esperándome, si el resultado evidenciara ser desastroso. Sorprendentemente el whiskey no produjo ningún efecto aparente. Por un par de años después de esto, ocasionalmente me tomaba un trago. La situación de mi vida era completamente diferente de lo que había sido quince años antes, gradualmente, me engañé a mí misma y mañosamente, me llegué a convencer que había estado en un error respecto a mi alcoholismo. Por unos pocos años, me las arreglé para aparentar ser una bebedora social. Había claras señales de lo contrario, pero las ignoraba. Fomentaba mi ilusión de control.
El deterioro de mi vida espiritual fue lento; los efectos físicos y mentales no fueron especialmente notorios durante algún tiempo. Inevitablemente, llegó la hora en que tuve que encarar el hecho de que no podía mermar la considerable cantidad que estaba bebiendo, ni podía dejar de beber. Desesperada, me interné en un hospital. En mi hoja clínica, se leía "alcoholismo agudo", y sufría todos los síntomas, incluyendo las alucinaciones. Sin embargo, al ser dada de alta, continué bebiendo, completamente obsesionada.
Un día, mi doctor sugirió que me hospitalizara otra vez. Le dijo que lo pensaría. Lo comenté con una amiga que vino a tomar el té ese día (el mío tenía más de la mitad de vodka) y dijo, como de pasada, "Tú sabes, querida, que no vale la pena". Sólo eso dijo.
Después que se despidió, las palabras "no vale la pena" continuaron agitándose aceleradamente en mi mente. A la mañana siguiente telefoneé a la oficina intergrupal de A.A. y pedí un horario de reuniones. No he vuelto a tomar una copa desde ese día.-
Ahora veo cuan monumental fue mi auto-engaño. Durante esos primeros trece años, mi sobriedad no fue de la alta calidad que parecía ser. Durante los dos años siguientes, realmente me convencí a mí mismo que era un privilegio poder beber. Cuando regresé a A.A., sus preceptos me parecieron completamente nuevos, particularmente el significado pleno del Paso Uno, la "bomba atómica del programa". En lugar de dar los Pasos y luego olvidarme de ellos, esta vez comencé a vivirlos diariamente, encontrando un nuevo significado en cada uno de ellos.
Lo que he llegado a creer es profundo, y mi concepto y modo de ver del programa son enteramente diferentes a lo que fueron antes. Ahora, mi forma de vida A.A. exige acción constante: una auto-honestidad en acción y la necesidad de vivir en comportamientos rígidamente cerrados de un día a la vez. La paciencia debe ser practicada. En reconocimiento, humildemente debo llegar a creer, en cada momento de todos los días. Cada día, debo rendirme y reintegrar mi vida, o perderé todo lo que he ganado. Siempre he creído en Dios, pero nunca debo olvidar cuan fácil es perder el contracto con El y volver otra vez y estar "no cuerda".
"Busqué mi alma, pero no pude encontrarla. Busqué a mi Dios, pero mi Dios me esquivo. Busqué a mi hermano, y encontré a los tres". Encontramos a nuestros hermanos en la Comunidad, y allí dentro reside la fuerza espiritual. Tu idea de Dios puede ser muy diferente a la mía, pero podemos estar de acuerdo, creo, en que hay un Espíritu Santo llenando las reuniones de A.A. y que la sobriedad de todos y cada uno de nosotros es evidencia de un milagro.
Un milagro se define como un suceso que parece inexplicable y por lo tanto se considera de origen sobrenatural: Un acto de Dios. Esto lo acepto yo. David Stewart ha escrito: "Un milagro es un acto asombroso, que nace del esfuerzo concertado de Dios y una persona". Estoy de acuerdo, y en A.A. "una persona" llega a ser mucha gente. A.A. tiene éxito porque, todos y cada uno, tenemos una meta común por la cual trabajamos; el crecimiento mental, emocional y espiritual, por medio del amor y el servicio. Una vez que llegamos a creer, se nos da la oportunidad de trabajar hacia esa meta.
Para mí, llegar a creer no es una experiencia de un momento. Es un acto para hacer realidad diariamente durante todo el tiempo que viva y crezca.
New York, New York.
Creo que todos estamos sobrios y con vida sólo por una razón: Dios tiene un trabajo para que nosotros hagamos. También he llegado a creer que debo primero agradar a Dios, a mí de segundo, y a los demás en tercer lugar. Cuando puedo vivir y sentir de esta manera - y no es así todos los días ni durante todo el día - las cosas parecen funcionar. Cuando trato de dirigir el espectáculo, todo se va al infierno.
Akron, Ohio.
No pretendo conocer a Dios en toda su magnitud. Y ciertamente no siento que comprenda a Dios en alguna forma. Pero que hay un poder más allá del alcance de mi voluntad personal, que puede hacer cosas maravillosas y propicias para mí, que por mí mismo no puedo hacer, esto si lo sé sin sombre de ninguna duda. He sentido actuar este maravilloso poder curativo en mi propio ser, y he visto los efectos milagrosos de este misterioso e indefinible poder en las vidas de miles de adictos en recuperación que son mis amigos en Alcohólicos Anónimos.
Por más de veinte años fui un ateo o un agnóstico. Durante ese tiempo, me convertí en un adicto al alcohol y a las anfetaminas sin esperanza y un completo fracaso en todas las áreas de mi vida. Todo mi horrible sufrimiento fue autoinducido. Y durante esos años, lleno de orgullo, a menudo me decía: "Si Dios existe, que me dé una señal". Me había olvidado por completo que fui yo el que había roto todas las comunicaciones con El, cuan do me volví muy listo al cumplir diez y siete años. En esa época, me propuse demostrar que no había Dios, y durante más de veinte años las corroboraciones de mi opinión fluían hacia mí, por lo tanto la primera cosa que comprendí a de Dios es que El es muy cooperador. ¡Me tomó veinte años de sufrimiento aprender esto!.
La segunda cosa que aprendí es que Dios es amor. Uno de los santos dice, "Todo hombre que ama es nacido de Dios". Fue una gran fortuna para mí pasar mi primer día en A.A. con un hombre así: Ese día asistió conmigo a tres reuniones y me invitó a su casa tanto para almorzar como para cenar. Estaba aturdido y confuso; pensaba que si realmente me conociera, no me hubiera llevado a su casa. Su amor y su aceptación pos si solos, no me introdujo en el programa. Amor, ánimo, consejo y comprensión se me había ofrecido anteriormente muchas veces. Pero esta vez respondí. No sanamos solo por el amor, sino por nuestra respuesta al amor. Nuestra comprensión de Dios crece por medio de nuestro deseo de responder a El.
Mi padrino dijo, "Reza si puedes". No teniendo ninguna clase de fe, pensando que la oración debe ser una especia de actuación auto-hipnótica, a solas en mi apartamento, me arrodillé como un niñito y recé a un Dios desconocido. Dijo, "Dios, quítame mi compulsión de beber". Y mi compulsión de beber me fue quitada y no ha regresado desde ese día hasta la fecha. Sin saber cómo lo había hecho, me rendí al Poder, y el Poder hizo por mí lo que no pude hacer por mi propia voluntad.
Fui a una reunión de A.A.; todas las noches, todas las noches rezaba y todas las noches tenía en sueños largas y maravillosas conversaciones con Dios. "La experiencia central", como ahora la llamo frecuentemente, estaba envolviéndome y absorbiéndome tan perfectamente como mi mente desordenada lo podía permitir. Se me han dado grandes dones - el don de la fe y la confirmación de la fe - y llegué a estar tan excitado que no podía decidirme entre fundar una nueva religión o candidatizarme a Papa. Por más de tres meses, asistí a las reuniones, rezaba, soñaba y posponía mi decisión. Se desvaneció la nube rosa, y comencé a sentirme muy molesto a ratos, se me dijo que ya estaba preparado para limpiar la basura del pasado. La siguiente cosa que aprendí de Dios es que "La fe sin obras es cosa muerta".
Gradualmente, comencé a aplicarme los Pasos que van desde el Cuarto hasta el Nueve, y después de unos cuatro años, el poder que tenía el pasado para lastimarme, había sido eliminado en gran parte. Llegué a creer en un Dios que era misericordioso y que perdonaba, pero que no olvidaba. No deseaba olvidar el pasado. Mis recuerdos ya no me llenaban de vergüenza y remordimiento. Por el contrario, me llenaban de gratitud y alegría. Para mí, toda mi historia es una especie de divino misterio. No comprendo cómo un ser humano inteligente pudo alguna vez meterse en tanta confusión y conforme mi cordura va estableciéndose con más firmeza, tanto más me asombro de haber salido de la confusión.
Muy al principio de mi vida en A.A., me di ya cuenta que la experiencia de Dios y el concepto de Dios no habían sido inventados por los miembros A.A. Para mí no era suficiente confiarme meramente en mis propias experiencias y repetir continuamente en las reuniones "Dios tal como yo lo entiendo". Descubrí al Dios de la Biblia principalmente por medio de las técnicas descritas por Norman Vicent Peale, en su libro "El Poder del Pensamiento Positivo". Me convertí a la iglesia de mi preferencia e hice las paces con el Dios de mi infancia. Aprendí que el atemorizante Dios que había imaginado cuando niño era realmente un Dios de amor.
Pero el testimonio de las instituciones religiosas comenzó, en lo general, a parecerse cada vez más al mío: muy lleno de promesas y muy carente de acción. Así llegué a interesarme en el misticismo Cristiano, lo cual me llevó al estudio de las técnicas de la meditación profunda y a la comparación de las religiones. Empecé a darme cuenta que los llamados místicos, de cualquier tradición - Cristiana, Judía, Budista, Hinduísta, Taoísta o Mahometana - todos hablaban a la larga el mismo idioma. En una y otra forma, todos describían el mismo bienaventurado Uno detrás del escenario de los muchos y quien podía ser conocido directamente en la oración profunda y la meditación.
Comencé a meditar mañana y noche, y los resultados fueron tan sorprendentes que sentí la necesidad de guía personal. Los cuasi reales sueños despierto y las extrañas experiencias interiores me hicieron sentirme un poco alarmado acerca de seguir adelante solo. Investigué las organizaciones que en Toronto enseñaban técnicas de meditación, y escogí la sociedad que más me atrajo.
Qué opiniones pueda sostener, qué técnicas pueda usar dentro de uno o cinco años, no tengo forma de saberlo. Pero he notado, durante los últimos siete años, que siempre he estado más feliz cuando mi compromiso con A.A. y sus Doce Pasos ha sido mayor que mi asociación con cualquier otra actividad o grupo.
En mi vida actual de un día a la vez, trato de mejorar mi concepción de Dios respondiéndole a El en tres formas básicas: proyectándome hacia afuera, en una acción positiva, ejercitando mi capacidad para escoger pensamientos positivos, dejándome sumergir en mí mismo dentro de un estado positivo.
Para mí, la acción positiva significa tratar conscientemente de obrar hacia los demás de acuerdo con las enseñanzas de las escrituras en las cuales creo, sin importar que tenga ganas o no de obrar de esa manera. He encontrado que es mucho más fácil actuar a mi manera hacia la fe, que creer a mi manera hacia la acción. Una de mis diarias trayectorias de acción hacia Dios es el sendero de una comunidad de A.A. La gran tragedia del adicto es que entre todos los tipos de personalidades, la suya es la que probablemente más necesita del amor, pero gradualmente, a través de su adición, llega a ser completamente indigno de ser amado. La amorosa Comunidad de A.A. inició mi recuperación, y me mantengo en contacto diario con aquellos que me aman y me comprenden, porque los necesito ahora casi tanto como cuando asistí a mi primera reunión.
Otra clase de trayectoria hacia Dios que trato de seguir, todos los días, es el proceso del pensamiento positivo y A.A. me enseñó que es realmente posible - aunque no siempre fácil - detener un tren de pensamientos negativos y desesperantes; y por el uso repetido de mi lema, recurra un sentido de gratitud que me permita comenzar un tren de pensamientos positivos. El pensamiento positivo fundamental, por supuesto, es "Dios" la palabra que afirma nuestra fe en que el universo es amistoso con nuestro ser.
Por medio de la oración, tomo el sendero de la fe hacia Dios. Cada mañana pongo mi voluntad y mi vida bajo el cuidado de mi Dios Tal como yo lo entiendo. Su poder integrador dentro de mí me ha llevado gradualmente a un estado de serenidad y felicidad que siempre había considerado imposible.
Por medio de la meditación profunda, tomo el suave camino de la fe en Dios. Medito durante media hora todas las mañanas y noches. El propósito de la meditación trascendental profunda, es permitir que la atención sea llevada a lo profundo de la mente hasta la misma fuente del pensamiento, lo cual se experimenta como un estado de bienaventuranzas y desde el fondo de la mente, traer hacia fuera la naturaleza bienaventurada de ese estado, dentro del marco de una conciencia normal activa para disfrutarla a lo largo de todo el día.
Me he vuelto cada vez más y más consciente de la infinita expansión de la felicidad que es alcanzable desde dentro. El Upanishad, que es una parte de las escrituras Hindúes, concluye: "De la Alegría nacen todas las cosas, todo es sostenido por la alegría; todo regresa a la Alegría". Mientras más completa sea mi rendición a esta proposición, más a fondo disfrutaré de mi vida. Fundamentalmente, mi Dios, tal como yo lo comprendo, es la alegría y la expansión de la alegría.
Toronto, Ontario, Canadá.
Por años, mi literatura favorita fue Homero: "La Odisea", porque toda la vida es un viaje; "La Ilíada", porque toda la vida es una batalla. Ahora me pregunto: ¿Empero necesita la vida ser tal como Homero parece haberla visto? ¿Por qué debo estar viajando constantemente, escapándome de mí mismo? ¿Constantemente batallando conmigo y resistiéndome de esta vida que Dios me ha dado? ¿Por que no relajarme y dejar que Alguien que está muchísimo más capacitado que yo, maneje el timón y haga los planes?.
Seattle, Washington.
Muchos en nuestra Comunidad expresan nuestras tres etapas de aprendizaje y crecimiento de esta manera: "Yo llegué, Yo llegué a . . . Yo llegué a creer".
En mi caso, pasaron unos tres años antes de que comenzara la tercera etapa. En los años que siguieron, creo haber experimentado un fortalecimiento gradual y un crecimiento de la frecuencia en mi comunicación con Dios tal como yo le comprendo.
"El hombre está dispuesto a morir por una idea, siempre que esa idea no esté muy clara para él", escribió Paul Eldridge. Esa es la manera como el lado espiritual del programa de A.A. me parece a mí. Me meto en dificultades si intento analizarlo; no trato de comprenderlo. Estas notas al azar representan la mejor manera en que puedo expresarlo en palabras:
El Cardenal Newman, dijo, "Es la energía misma de tu pensamiento la que te mantiene alejado de tu Dios". Así me sucedía a mí, según creo. El dicho "Ríndete y Entrégate a Dios" debe hacer sido escrito precisamente para mí . . .
Para mí, Dios es esa tranquila, sosegada voz que oigo tantas veces durante cada día, diciendo, "¡Roy, eso no es suficientemente bueno!" . . .
Vivo a solas y hubo una vez en que me sentí solo. Pero ahora puedo disfrutar de las recompensas que vienen únicamente en los momentos de soledad . . .
A menudo protesto contra las cosas que me parecen limitaciones y obstáculos. Pero éstas podrían ser en verdad las cosas que más necesito. Porque lo que llamo impedimentos, obstáculos o desalientos son probablemente oportunidades que Dios me da.
Conforme trato de crecer en este programa de A.A., ocasionalmente debo "recordar cuando . . ." - pero no con objeto de cavilar acerca del pasado. A.A. me enseñó cómo manejarlo, cómo ponerlo en su propio sitio y perspectiva. Creo que necesito aprender que debo dejar que Dios me enseñe, que la única forma de poder liberarme de mi pasado, es lograr extraer de él un futuro. Dios no desperdicia nada . . .
Ahora que estoy sobrio y que he intentado poner mi voluntad y mi vida bajo el cuidado de Dios, creo que el regalo más grande que puedo otorgar - al mundo, a cualquier grupo de personas o a cualquier persona del mundo - es mi propia persona. Creo que Dios nos dio a cada uno de nosotros una personalidad única, para que a nuestra vez podamos dársela a otros. Ahora la puedo dar, con alegría de vivir, con calor, amistosamente feliz, ¡sobrio!. . .
Creo que Dios nos hizo a todos diferentes por otra razón: Estoy convencido de que hay alguna cosa en particular que puedo hacer mejor que cualquiera otro en este mundo. Es designio de Dios. ¡Y El quiere que yo la haga!. Por medio de los Doce Pasos, un buen número de miembros de A.A. han encontrado cuales son sus asignadas tareas en este tierra. Y las están haciendo.
Por eso, los Doce Pasos deben continuar siendo más apremiantes y más obligantes para mí que cualquier otra cosa que encuentre en mi vida. Porque sólo trabajando estos Pasos puedo estar cerca mucho más cerca de conocer las intenciones de Dios para conmigo.
Quizás Dios piense que una tarea muy modesta en mi comunidad es todo lo que soy capaz de hacer. Pero esta tarea está ahí. Es real. Y así, con la ayuda de mis amigos en A.A., debo buscar cual es esa tarea. ¡Luego, con su ayuda, tengo que hacerla!.
Toronto, Ontario, Canadá.
Pocos años antes de venir a A.A. me di cuenta de que me estaba volviendo loca. Me recuerdo gritándole a Dios que me ayudara. En alguna forma, obtuve la fortaleza para dejar a mi esposo. (Tenía miedo que, en una de mis violentas borracheras lo matara, o me matara él). Fue un largo camino desde ese momento hasta la hora en que fui capaz de conseguir ayuda y saber que Dios estaba en mi vida.
Tuve el primer vislumbre de esperanza en mi primera reunión de A.A. Mí temor era que yo pudiera no tener la enfermedad del alcoholismo; si así fuera, sabía que nunca lograría salid adelante. La vida había dejado de funcionar para mí en cualquier forma normal; mis depresiones eran paralizantes.
A.A. parecía presentarme la dirección y la estructura que había anhelado. Comencé a tener apenas una leve motivación , débil voluntad de vivir. Durante meses de dolorosa supresión y hostilidad, lentamente comencé a escuchar dentro de mí una voz que tenía que ser oída. Me forcé a hablar en una reunión porque así podía demostrarme que existía. Luego empecé a sentir alguna libertad, pero en realidad no estaba en comunicación con los demás. Había encontrado amigos en A.A., y ésta se convirtió en una familia para mí; pero después de un tiempo esto no fue suficiente. Al enfrentar la vida por primera vez, estaba llena de miedo. Podía discutir problemas con estos amigos y con los médicos, pero había un ingrediente que faltaba en mi vida.
Anteriormente siempre me había puesto en las manos de un hombre y había hecho de él la única razón de mi existencia y de mi deseo de vivir. Sabía que si hacía esto de nuevo, mi desilusión sería difícil de soportar. Debía tener mi propio deseo de vivir. Y es así como empecé a confiar en Dios. Alguien que me protegiera, Alguien que no me poseería, Alguien a quien podía silenciosamente hablarle y orarle. Quizás llegué a estar dispuesto a creer.
Le decía a una amiga mía, quien estaba teniendo los mismos problemas, que yo rezaba a Dios, para no tomarme un trago hoy y para no casarme hoy. Era una especie de pacto. Fui muy seria al respecto. Parecía no poder manejar bien el romance y a Dios al mismo tiempo. Y Dios comenzó a darme la fortaleza que yo siempre creí vendría del hombre de mi vida.
Cada día necesito el poder, porque me hastiaba. Pero con A.A. como mi estructura, y Dios como fuente de mi fortaleza, puedo encarar la vida sin tomarme un trago. Ya no tengo que mirar fijamente a través de la ventana en completa desesperación. El océano, el sol, los árboles y toda la fantástica belleza que Dios ha creado, finalmente han llegado a ser muy reales para mí. Anhelo y necesito la presencia de la naturaleza. Pero también debo tener presente que es el espíritu dentro de mí, el cual viene de Dios, el que va a ser la fuerza curativa. Puedo entregarme a El en donde quiera que yo esté.
Ahora deseo muchísimo compartir de mí con otro ser humano. Temo dar ese paso. Pero, entonces pienso que también he estado temerosa de todo lo demás, y ahora sé que es posible superar el miedo.
New York, New York.
Cuando temblando y aterrorizado llegué a mi primera reunión pensaba que ya no creía en nada. Que milagro que después de una charla con mi madrina y una reunión, pudiera tener esperanza en A.A. Esta esperanza me mantuvo viniendo a las reuniones y gradualmente se transformó en una verdadera fe en que A.A. tenía para mi todas las respuestas que, si estaba dispuesta y lo intentaba, permanecería sobria - un día a la vez. Si embargo, encontré que esto incluía el esfuerzo de practicar el programa.
Una vez que mi fe en A.A. se había arraigado me pareció que todos los Doce Pasos eran importantes para mi continua sobriedad. Pero estaba bloqueada en el Paso Tres, en lo referente a "al cuidado de Dios". Así es que tomé un atajo para evadirlo, a sabiendas que tenía que regresar a El, y acometí el Paso Cuatro. Lenta y dolorosamente, llegué a estar consciente de mí misma. Comencé a ver que no era verdad que no creyera en nada. Por el contrario, había creído en cosas erróneas:
Había creído que necesitaba de un trago para tener confianza.
Había creído que no era atractiva.
Había creído que era indigna.
Había creído que nadie me amaba.
Había creído que nunca tuve una oportunidad.
Alguien dijo en una reunión cerrada, "Hay algo bueno en todos nosotros. Búscalo, aliméntalo, cuídalo y florecerá". Así es que empecé a buscar las cosas positivas dentro de mí. Me di cuenta que mi sentimiento de inferioridad era sólo un aspecto del ego, y la arrogancia que proyectaba era el otro. Debía encontrar el justo medio. Así que traté de actuar como si:
A.A. me estuviera dando confianza.
Tuviera una atractiva personalidad, a pesar de no ser bonita.
Fuera digna, como todos los demás.
Me amara a mí misma y por lo tanto pudiera amar a otros.
La fe me estuviera liberando del temor que siempre me había dominado.
Ahora creía, al menos, que podría llegar a integrarme, con las herramientas del programa de A.A.: siguiendo los Pasos, leyendo la literatura de A.A., haciendo preguntas en las reuniones, aferrándome a los miembros de A.A. más antiguos que tenían esa misteriosa cualidad de la serenidad. Descubrí que todos aquellos a quienes imitaba y admiraba habían puesto el Paso Tres dentro de sus vidas. Supe que quería hacerlo del mismo modo.
Esto exigía encontrar un Dios de mi comprensión, además de la disposición para rendirme. Me di cuenta que debía decir, "Hágase Tu voluntad". Pero para mi, ¿quién o qué era este Tu?. Empecé a volver atrás, ¿para pasar revista a los hechos que había llegado a creer?
Había llegado a creer en el Programa de A.A.
Había llegado a creer que un poder (A.A.) superior a mí podía restaurarme la cordura.
Había llegado a creer que ya no necesitaba un trago.
Había llegado a creer que podía crecer hasta ser una persona integrada,
Había llegado a creer que la fe podía eliminar el temor.
Había llegado a creer que podía amarme a mí misma y así amar a los demás.
Había llegado a creer que el amor era la clave.
Con un corazón abierto, regresé al Paso Tres y puse mi voluntad y mi vida al cuidado del Dios de mi comprensión.
Fort Lauderdale, Florida.