UN PODER SUPERIOR
Nuestros conceptos
de un Poder Superior y de
Dios - como lo entendemos -, le
brindan a todos una elección casi ilimitada
de creencia espiritual y de
acción.
Bill W.
A.A. Grapevine, Abril 1961
Recientemente me he echo amigo de alguien que deseo que todos pudieran conocer. Este amigo no está nunca tan ocupado como para no escuchar mis problemas, mis alegrías y mis penas. Me da el valor para afrontar sin rodeos la vida y me ayuda a superar y a vencer mis miedos. El consejo que recibo es siempre bueno, porque este Amigo es sabio, paciente y tolerante. Algunas veces, no hago caso de Su consejo, y luego tengo que pedir y estar dispuesto a aceptar un consejo adicional muy humilde y sinceramente.
A pesar de los errores que cometo, mi Amigo siempre está ahí, disponible para mí a todo momento, noche y día. Puedo hablar y El no me interrumpe, por mucho que divague. Algunas veces, mientras hablo con El, recibo la solución a mi problema. Otras veces, con sólo exponer mi problema, en palabras veo que es insignificante y sin importancia. Siento como si mi Amigo, me cogiera de la mano y me guiara suavemente si quiero escucharlo. Siento que cuando no escucho ofendo a mi Amigo pero nunca se enoja.
Mi Amigo está conmigo en el trabajo o en el hogar, es mi constante compañía a donde quiera que vaya. El es mi Poder Superior tal como yo lo entiendo. Es el Dios que conozco.
Colorado Springs, Colorado.
Cuatro miembros de un Grupo de A.A. fueron llamados por un hospital como último recurso, como una mera formalidad, para visitar a un hombre que se encontraba en un estado mental y físico casi irremediable. Estaba en lista para ser confinado en una institución estatal como un alcohólico incurable, y casi con seguridad éste sería su hogar definitivo. ¿A.A.? Bueno, decidió, nada podía ser peor de lo que estaba encarando. Así que accedió a escuchar bajo una condición: No quería "nada de esa necedad acerca de Dios". Era un ateo declarado, y respecto a ese punto quería ser franco; no tenía intención de cambiar, sin importar las consecuencias.
Los cuatro hombres hablaron; él escuchaba; y cuando terminaron, estaba interesado. Sin embargo, existía aún el gran inconveniente: Dios. Si esa idea era parte del programa, A.A. no era para él. Los cuatro hombres quedaron pensativos, y de pronto uno empezó a hablar, calmadamente al principio, sin tener seguridad de cómo sería recibido su nuevo enfoque. Hizo notar la difícil situación del paciente, su impotencia, su enfermedad. Conforme iba hablando, llegó a la seguridad que había tomado la ruta correcta. Hizo notar que él y los otros tres estaban sobrios y habían logrado mantenerse así. Estaban trabajando; eran felices. Ciertamente, esto los hacía más fuertes que el paciente. Este no pudo rebatir dicho argumento. Entonces, ¿Podrían ser considerados, hasta cierto punto como un Poder superior, que probablemente podría ayudar a restaurar su cordura?.
Se quedó pensándolo, y en alguna profunda parte de los oscuros y tenebrosos recodos de su mente relampagueó una tenue esperanza. Dijo, si ustedes pudieran representar a su Poder Superior; yo podría poner mi vida bajo el cuidado de ustedes. Los cuatro hombres se miraron unos a los otros. Al fin, había un punto de partida, aunque no sería fácil.
Fue, en verdad, un lento y largo proceso; pero gradualmente las telarañas comenzaron a desaparecer. A medida que el paciente leía más y más acerca de A.A., con mayor ansiedad esperaba las visitas de sus primeros cuatro amigos y de los otros miembros del Grupo que ahora también venían a verlo. Su cuerpo demoró mucho más tiempo para sanar que su mente, así que fue un día memorable cuando finalmente, fue capaz de vestirse y decirle adiós al hospital y a todos los médicos y enfermeras que le habían ayudado a recuperar su salud física. Mientras se vestía pensaba cuán diferente era esta forma de salir, comparada con la que estuvo a punto de tener que hacer hacia un manicomio. Su confianza, su fe en los cuatro hombres lo hizo posible. ¿Pero podría permanecer sobrio fuera de estas puertas? Bueno, de todos modos, hoy lo haría.
Se dedicó al trabajo de A.A. con toda la energía que pudo reunir, asistiendo a varias reuniones a la semana. Su cuerpo aún se cansaba rápidamente, pero nunca estaba demasiado cansado para responder a una llamada del Paso Doce. El recuerdo de la primera visita de A.A. y lo que había significado para él, siempre las tendría presentes.
Un día le llegó una llamada para visitar a alguien que necesitaba ayuda. Cuando llegó, se dio cuenta de que el destino, al repartir las catas de baraja, le había dado en verdad una extraña mano. El alcohólico al que estaba visitando era un sacerdote. Jugó esa mano cuidadosa y prudentemente, ya que era un desafío diferente a todos los que hasta entonces había enfrentado o había siquiera imaginado enfrentar. El, que había rehuido el Dios de este hombre, tenía ahora que encontrar las palabras exactas para comunicarse. Buscó a tientas cómo empezar, y repentinamente le fue fácil hablar con este sacerdote, este amigo alcohólico. Una cálida amistad se desarrolló entre los dos, y en verdad fue una alegría muy especial cuando llegó a ser el padrino del sacerdote. Aprendieron mucho el uno del otro. O quizás en cada caso, el conocimiento había estado ahí siempre, esperando que la persona adecuada lo sacara a la superficie.
En sus restantes años, este hombre, muchas veces más, fue llamado para ayudar a alguien a encontrar el camino hacia la sobriedad. De estas llamadas dos de ellas lo llevaron al lado de otros hombres del clero que necesitaban ayuda, en ambos casos, fueron ministros. Dos veces más, tuvo el privilegio de apadrinar a hombres de Dios, que ahora eta también su Dios.
Dejó este mundo después de siete años de sobriedad ininterrumpida, un hombre en paz consigo mismo y con su Poder Superior. Su herencia es la misma que dejan los miembros de A.A. por donde quiera, por todo el mundo, más valiosa que cualquier riqueza terrenal. Es un legado vital, encarnado en los hombres y mujeres que él había ayudado y en los alcohólicos a quienes ellos, a su vez, han extendido la mano.
Sioux City, Iowa.
Estoy tan cansado de vagar en torno a mis sueños, y sin embargo, mi "Yo" se mantiene llevándome de regreso a ellos. Para mí, la única salida es por medio de Dios. El es la única realidad que existe, y cualquier otra cosa debe comenzar con El.
Internacionalista de A.A.
Cuando oí por primera vez el consejo, "Escucha a Dios", miré a mi alrededor para ver quién estaba presente. La gente que escucha voces está, supongo, internada en algún lugar a expensas del estado, puesto que yo ya estuve en uno de esos lugares, me imaginé que si trataba de escuchar y alguien estaba observándome, tendría menos esperanza que una bola de nieve en el infierno de salir de allí.
Luego, un día intenté escuchar a Dios y encontré que El me había estado hablando por algún tiempo. Sobre aquellos cheques con los que había hecho pagos, sabiendo que serían rechazados. Sobre aquellas sucias mentiras que había dicho. Sobre algunas relaciones que no me hubiera gustado que se filmaran. Sobre mi comportamiento egoísta y los graves daños que había infringido a mis amigos y parientes.
Ciertamente, Dios me habló a través de mi conciencia. Por supuesto, cuando estuvo tratando de agotar el licor de una manera calculada para producir una crítica escasez de esa bebida, sencillamente no existía un Poder Superior para mí, ni había tiempo para la vieja conciencia. Cuando llegué a creer mi conciencia por sí misma hizo valer sus derechos, y ahora (incitado por mi conciencia) me estoy esforzando en hacer reparaciones de todas las iniquidades del pasado, como sugiere el Paso Nueve.
La razón (o el sentido común, si usted lo prefiere) es otro método de conocer la voluntad de Dios, pero prefiero apoyarme en mi conciencia. Durante mis días de bebedor, mi razón me decía que estaba comprometiendo mi salud, mi trabajo, mi cuenta bancaria, y una multitud de cosas más. ¿A dónde me llevó este común y corriente razonamiento humano? Me llevó a recibir dos hojas de papel: una de mi jefe diciéndome que creía que podía arreglárselas sin mis servicios; la otra, del gerente de mi banco recordándome que, aunque él tenía muchísimo dinero, creía que yo había dispuesto de mayor cantidad de la que equitativamente me correspondía. Mi "razón" me llevó a un derrumbamiento mental y físico, el cual me condujo temporalmente a una institución. El sentido común humano había fracasado; necesitaba una mayor cordura - mucho mayor - que la mía. Esta la encontré cuando descubrí un Poder Superior en mi conciencia.
Todo lo que tengo que hacer ahora es allegar todos los hechos tal como los veo, y dejar que El les dé forma para llegar a una conclusión final. La conclusión a la que llegué es que el poder de Dios se manifiesta por los resultados. Cuántas veces hemos seguido un curso de acción basado solamente en la fe, y después nos decimos, cuando los resultados verifican lo acertado de nuestra acción, que debemos ser adivinos extrasensoriales. ¿Percepción extrasensorial? ¡Qué disparate! ¿Nunca has estado indeciso entre dos (o más) ideas al tratar de llegar a una decisión y repentinamente encuentras algo que en forma totalmente circunstancial surge para mostrar el camino? Yo he estado así y para mi esto es sólo algo más para ser añadido a la larga lista de realizaciones de Dios conmigo: La orientación.
No tengo que ser guiado para rasurarme cada mañana, ni para tomar un baño (al menos ocasionalmente), ni puedo confiar en la intervención sobrenatural para golpear una pelota de golf en la forma en que debo golpearla. Pero he sido guiado para saber que debo hacer reparaciones por las aflicciones y preocupaciones que ocasioné a mis seres queridos durante los aciagos días. Cuando, con toda humildad, trato de pasar nuestro mensaje a otros alcohólicos menos afortunados, aprendo que el plan del Poder Superior llega a nosotros a través del común de la gente. Para nosotros los alcohólicos, común de la gente no significa gente común o pupulacho, sino gente especial, por ejemplo, otros alcohólicos. Y soy guiado para influir dentro de la gente de la que puedo recibir orientación y a quienes debo poner de manifiesto la vida de mi conciencia o Poder superior, a aquellos que se casaron conmigo, me amaron, me protegieron, y me apoyaron, como otras han sido apoyadas por otros alcohólicos.
No importa si fue la razón o la conciencia la que me mostró el camino. Llegué a creer en un Poder Superior a mí, y esa ha sido mi salvación.
Bulowayo, Rhodesia.
Mucho antes que los sermones y presiones de otros, con relación a mi excesivo uso del alcohol, hicieran alguna impresión en mí, la voz de censura de la conciencia - mi propia voz interior de verdad y cordura - me informaba el hecho irrevocable de que había perdido el control sobre el alcohol, de que era impotente. Ahora sé que la voz interior era Dios, tal como yo lo comprendo, que me hablaba. Porque, tal como fui enseñado desde que tengo memoria y A.A. me lo ha enfatizado, Dios - o el bien - emana de lo interior de cada uno de nosotros.
Lakewood, Ohio.
Mis padres me dieron una fe que perdí años después. No, no fue una fe religiosa, aunque fui expuesta a las enseñanzas de dos sectas. Ninguna de las dos me fue impuesta; simplemente desvié mi rumbo por aburrimiento, y mi frágil y superficial fe en Dios, se desvaneció tan pronto como intente pensar en ella.
Fue una fe en la gente la que mis padres me dieron, tanto por amarme como por respetarme como persona, con derecho a tomar mis propias decisiones. Este amor lo acepté y lo correspondí sin objeción alguna, como la cosa más natural.
Al enfrentarme al mundo por mi cuenta, tenía todavía la sensación de encontrarme bajo una benévola protección; mis jefes inmediatos (de ambos sexos) parecían verme tan amablemente como lo hicieron los maestros de la escuela. Extrañamente, mi buena fortuna me molestaba a veces. "¿Qué es esto?" me preguntaba. "¿Despierto el instinto maternal?". Porque había dentro de mí un elemento en guerra con mi fe en la gente. Era un orgullo furibundo, obstinado, un deseo incontrolable de independencia total. Con los de mi edad, siempre fui dolorosamente tímida, y aún entonces interpreté correctamente este impedimento como un síntoma de egoísmo - un temor a que los demás no estuvieran de acuerdo con el alto concepto que tenía de mí.
Este concepto ciertamente que no incluía la imagen de mí misma como una borracha. A menudo sospeché que el orgullo mata a tantos alcohólicos como lo hace el alcohol. Podía muy fácilmente haber sido una de las víctimas, porque mi reacción a la rápida progresión del alcoholismo en mí fue principalmente un frenético esfuerzo por ocultarlo. ¿Pedir ayuda? ¡Vaya idea!
Llegó el día cuando mi orgullo fue aplastado (temporalmente), y pedí ayuda. Apelé a la gente, a extraños. Pero mi orgullo que se expandía conforme regresaba la salud, bloqueó mis dos primeros acercamientos a A.A. (Durante este intervalo, los amigos no alcohólicos también me ayudaron, sin que se lo pidiera). Después de un fracaso más para recuperar mi pericia como bebedora social, me convertí y empezó en serio mi calidad de miembros de A.A.
Afortunadamente llegué a un Grupo que dedicaba sus reuniones cerradas a discusiones de Pasos. LA mayoría de los miembros tenían sus propios conceptos de un Dios personal; la atmósfera de fue que me rodeaba era tan marcada que a veces creí que estaba en el punto de unirme a ella. Nunca lo hice. Y sin embargo, con cada discusión, encontraba que los Pasos revelaban un más profundo significado.
En el Paso Dos, el "Poder Superior a nosotros mismos", quería decir A.A., pero no solamente los miembros que conocía. Significaba todos nosotros, en todas partes compartiendo un interés mutuo y por consiguiente creando un recurso espiritual más poderoso que el que cada uno de nosotros podía proveer. Otra mujer de mi Grupo creía que las almas de los alcohólicos ya muertos, incluyendo aquellas de las épocas anteriores a A.A., contribuían a este manantial de buena voluntad. El pensamiento era tan bello, que deseé que también yo pudiera creer en él.
Al principio, el Paso Tres fue sencillamente la forma en que me sentía al principio de mi sobriedad sin la resaca matinal, sentada al lado de la ventana en días que siempre parecían soleados, sin tener ninguna perspectiva de empleo, pero sintiéndome completamente feliz y segura. Luego, el Paso se convirtió en la alegre aceptación de mi lugar en el mundo: "¡No tengo idea de Quién o Qué dirige el espectáculo pero sé que no soy yo!". Y también puedo ver el Paso Tres como una buena actitud, un enfoque efectivo de la vida: "Si estoy nadando en agua salada y me invade el pánico y empiezo a nadar con movimientos violentos y a luchar con ella, me ahogaré pero si me relajo y confío en que ella me sostendrá, flotaré".
Aunque el Paso Cuatro no menciona un Poder Superior, para mí la palabra "Moral" conlleva la implicación de pecado, la cual en mi "libro" se traduce como una ofensa contra Dios. Así consideré el inventario, más bien como un intento de una honesta descripción de mi carácter, en el "lado del debe" iban las cualidades que tendían a causar daño a la gente. Tratando de vivir en el mundo, en vez de escapar de él, tratando de abrirme a la demás gente, en vez de alejarme de ella, espero que este contacto con mis compañeros los seres humanos, en alguna forma pula las cortantes y dañinas aristas de mi personalidad: Pasos Seis y Siete.
No estoy segura de que estuviera trabajando conscientemente los Pasos, pero ciertamente ellos estaban trabajando en mí. Al llegar al cuarto año de sobriedad, un incidente trivial me hizo comprender de repente que mi viejo espantajo de la timidez había desaparecido. "¡Me siento en el mundo como en mi casa!" me dije con asombro.
Al presente, unos diez años después, aún me siento así. En el balance total de mi vida, los beneficios de la experiencia de A.A. han sobrepasado con mucho los daños del alcoholismo activo. ¿Qué fue lo que venció mi orgullo (por el momento) y me hizo asequible?. La mejor respuesta que puedo encontrar es lo que mi padre solía llamar "La fuerza de la vida". (El era un anticuado médico familiar, y había visto esa fuerza brotar o fallar muchas veces). Está en todos nosotros, según creo; anima a todas las cosas vivientes, mantiene girando las galaxias. La metáfora del agua salada aplicada al Paso Tres no fue escogida por accidente, porque para mí el océano es un símbolo de esta fuerza; me acercó más la Paso Once cuando puedo contemplar un horizonte ininterrumpido desde la cubierta de un barco. Me encuentro reducida a mi tamaño; siento serenamente que soy una pequeña parte de algo vasto e incomprensible.
¿Pero, no es el océano un símbolo más bien frío? Sí. ¿Pienso que su atención está puesta en los peces diminutos, que está interesado en cualquier destino individual? ¿Le hablaría yo? No. Una vez, cerca del final de mi bebida, dirigí tras palabras a Alguien no humano. En la obscuridad que precede al amanecer, me bajé de la cama, me arrodillé, junté mis manos y dije, "Por favor ayúdame". Luego me encogí de hombros y dije: "¿A quien le estoy hablando?" y me regresé a la cama.
Cuando relaté este incidente a una de mis madrinas, ella dijo, "Pero El sí contestó tu plegaria".
Puede que sí. Pero no lo siento así. No discutí con ella ni acometo ahora el misterio con lógica pura. Si pudieras demostrarme lógicamente que hay un Dios personal - y no creo que lo puedas hacer - ni aún así me sentiría inclinada a hablarle a una Persona que no pudiera sentir. Si yo pudiera demostrarte lógicamente que no existe Dios - y sé que no lo puedo - tu verdadera fe no se conmovería. En otras palabras, los asuntos de la fe descansan completamente fuera del campo de la razón. ¿Hay algo más allá del alcance de la razón humana? Sí, yo creo que lo hay: Algo.
Mientras tanto, aquí estamos todos juntos; quiero decir todos nosotros, no solamente los alcohólicos. Nos necesitamos mutuamente.
New York, New York.
Creo que el problema de A.A. es simplemente la voluntad de Dios, puesta en una práctica y de todos los días. Y pienso que el despertar espiritual es la verificación de que Dios ayudará a la persona . . . si esta es completamente honesta en sus esfuerzos.
Si Dios entrara a mi celda en la prisión para una breve charla, nuestro diálogo podría ser como sigue:
Dios. -"He tenido puesto mi ojo en ti por un largo tiempo, y me agrada que estés tratando de ayudarte a ti mismo".
Yo - "estoy tratando con ahínco, pero ciertamente estoy intimidado".
Dios - "Sigue tratando, y escucha a las gentes que trabajan para mí en A.A., y haga caso a sus sugerencias. Tengo que irme ahora, mi itinerario está muy recargado de trabajo. Pero si me necesitas, siempre estaré cerca".
Waupun, Wisconsin.
Antes de A.A., no podía, o no quería admitir que estaba equivocado. Mi orgullo no me dejaba. Y sin embargo, me avergonzaba de mí. Atrapado en este conflicto, eché fuera de mi vida a Dios porque sentí que El me pedía adherirme a un esquema de comportamiento demasiado elevado para un hombre con una fragilidad humana como la mía. En cierta forma, creía que no podía existir perdón para ningún fracasado, que Dios requería de mi que fuera del todo bueno. La moraleja de la historia del Hijo Pródigo me eludía.
Ya que yo pensaba que el intentar no era suficiente, dejé de intentar. Eso me hizo sentir culpable. Por un rato el alcohol borró la culpa. Tuve que ser apaleado hasta convertirme en una masa física, mental y emocionalmente, y llegar a la bancarrota en todas las facetas de mi existencia, antes de poder doblegar mi orgullo y admitir la derrota. Desafortunadamente, la admisión no fue suficiente. Mi situación empeoró hasta que tuve que rendirme por completo. Desde las profundidades de mi infierno, yo gritaba "Dios ayúdame", y El me condujo a un lugar donde pudiera encontrar la salida del laberinto, y me envió un grupo de gentes para que me indicaran el camino.
Eso lo sé ahora. Pero en aquel entonces rechazaba a Dios y proclamaba que no creía en la oración. Le tomó algún tiempo a mis guías el lograr que hablara con Dios por medio de la oración. Antes de esto, yo empleaba a la Comunidad de A.A. y a las gentes en ella como mi Poder Superior. Eran realistas, compasivos y comprensivos, y me hicieron sentir que era bienvenido. Pero mi distorsionado sentido de justicia me decía que no había ninguna razón para que Dios me perdonara, así que me sentía aún avergonzado y culpable cuando era mencionado Su nombre.
Cuando me rendí por completo y acepté la naturaleza de mi enfermedad, lo mismo que el significado completo del Paso Uno, tuve la necesidad de algo más grande a quien unirme. La Comunidad no me era suficiente como Poder Superior. (Aún empleo a A.A. para recordar que Dios existe, pero ya no lo empleo en lugar de Dios). Así, por necesidad, llegué a creer.
Para acompañar a esta creencia en Dios tan profundamente arraigada he desarrollado una enorme fe en Dios. El es bueno. Ahora comprendo que todo lo que El pone en mi camino es para mi beneficio. Pero desarrollar esta convicción ha tomado tiempo, así como también abandonar mi resistencia a cambiar. He necesitado las pruebas y tribulaciones pro las que he pasado, para que pudiera rendirme y renunciar a mi ego. Sólo con la aceptación plena de la derrota total de mi orgullo y de mi ego, pude comenzar a triunfar.
Estoy contra los objetos que pueden ser logrados. Las gentes no se casan y viven felices para siempre. No puedo dejar de beber y vivir en Utopía. Todos los días Dios nos pone delante un nuevo reto. A veces es la prosperidad, otras, la adversidad. La prosperidad me puede llevar a la auto-complacencia; la adversidad a la auto-compasión. Cada una de estas reacciones es un lujo que no puedo brindarme. No siempre acepto completamente mis adversidades como un bien, cuando estoy atravesando por ellas; pero el mero hecho de ser capaz de escribir estas palabras, prueba la lógica de mi fe en que Dios es bueno.
Esta es estrictamente mi opinión, basada en mi experiencia, que uno se vuelve más rico en espíritu en la medida que acrecienta el espíritu. Mientras más acepte a Dios, más me da El. Mientras más agradecido llegue a estar de los beneficios que recibo, con más ahínco trato de mostrar mi agradecimiento. Mi capacidad de estar feliz con la vida tal como es, se ha acrecentado grandemente. Por lo tanto, conforme transcurre el tiempo, me capacito más para estar en paz con el prójimo, con Dios y conmigo mismo.
Deming, Nuevo México.
Nací anglicano (Iglesia de Inglaterra), y lo que sigue es un pasaje que se destaca en uno de nuestros servicios religiosos (quizás también en los servicios de otras denominaciones): "Por tanto, con los ángeles y los arcángeles y toda la corte celestial, alabaremos y glorificaremos tu nombre". Como no conozco el cielo o la corte que allí existe, siempre que repito este pasaje de alabanza, sustituyo esas palabras por "y la total compañía de los Alcohólicos Anónimos".
Siendo un A.A. solitario, me he sentido muy alejado de las cosas y dependiendo de mí. Pero creo en el poder del pensamiento colectivo, ya sea para el bien o para el mal. Por tanto creo que el pensamiento colectivo del cuerpo de Alcohólicos Anónimos en todo el mundo, debe producir algún efecto en los alcohólicos, ya sea que se den o no cuenta de ello.
Kenton-on-Sea, Africa del Sur.
En mi primera infancia, recitar "Ahora me voy a acostar para dormir" y aprender a cantar "Jesús me Ama", fueron parte de mi vida cotidiana. Asistir a la escuela dominical y después a la iglesia, llegaron a ser una actividad aceptada de una vez a la semana. Hasta qué grado afectaron estas cosas mi infancia, realmente no lo sé, pero en cualquier momento que experimentaba temor o dificultades, siempre recurría a un adulto en busca de ayuda y tranquilidad.
Sin duda, algunas de estas enseñanzas de la infancia permanecieron en mí a través de los años, aún después de que llegué a depender de la botella para ayudarme en época de dificultades y como una respuesta a mis problemas. Pero con el acrecentamiento de la dependencia de la botella, y de la angustia, congoja y soledad que siguen a ella, parecía existir una dolorosa y total declinación de todas mis creencia y sentimientos espirituales. Me convertí en una paradoja humana; en la desesperación, quería y gritaba a Dios que me ayudara a salid de esta terrible confusión y a continuación, lo maldecía por no ayudarme. Ocasionalmente quería con todo detalle explicar a otros que era un ateo y que no creía que existiera un Dios si lo hubiera, ¿cómo permitía que una de Sus propias creaciones sufriera tanto y viviera en el infierno en que estaba viviendo?
Llegó a ser tan doloroso cada día, que al fin me volví, como un niño pequeño y aterrorizado, hacia un ser humano adulto, sobrio, había jurado que nunca iría: a una reunión de Alcohólicos Anónimos. Cuando se inició la reunión con un momento de silencio, me pregunté pro qué estaba impresionado. Al final de la reunión me impactó cuando se pusieron de pie y comenzaron a recitar la Oración del Padrenuestro. Traté de unirme a ellos aunque hacía mucho tiempo que había olvidado las palabras. Y una vez más estaba impresionado. A pesar de haber estado completamente ebrio unas horas antes, regresé a la casa sintiéndome bien. Parecía comprender que, al fin, aquí estaba la esperanza y la ayuda que había estado buscando. Esa noche, mientras trataba de recordar la Oración del Padrenuestro, caí en un sueño profundo y tranquilo.
Ese primer día y durante las siguientes semanas, tuve la reconfortante sensación de nunca estar solo. Durante cada minuto de cada día, esta presencia buena, poderosa, guiadora, parecía estar siempre conmigo. No la podía ver, sin embargo estaba ahí. Nunca le conté a nadie esta experiencia, que estaba teniendo porque estaba seguro que dirían que era sólo una invención de mi imaginación y que, si sólo quisiera ponerla en su lugar, mi cordura regresaría con el tiempo. Yo mismo no estaba tan seguro que algo no anduviera mal en mi mente. Aún así, estaba encantado con lo que me estaba sucediendo y quería que esto continuara. "Si esto era señal de locura - pensé -, déjenme permanecer para siempre en sus garras".
Un día, repentinamente me di cuenta de que este gran invisible, Algo o Alguien, ya no lo sentía a mi lado. Momentáneamente me sentí solitario, hasta que razoné que este Alguien más grande que yo mismo, había decidido que ya era tiempo para mí de enfrentarme a las nuevas realidades de una nueva vida. Pero necesitando alguna ayuda a lo largo del camino, pensé que siempre El estaría en las cercanías, como el niñito que por primera vez cruza solo la calle, sabe que su madre lo está observando desde la ventana. Cuando, a través de estas experiencias personales, llegué a creer que el Divino Arquitecto había diseñado un Plan maestro que me incluía, modestamente, descubrí que tenía un cierto grado de confortante fe para afrontar el diario vivir de una manera cuerda y confiada.
Grand Island, Nebraska.
Dios es una parte vital de A.A. Siento Su presencia cada vez que observo los ojos que me rodean llenos de interés. Su mayor mandamiento es "Ama a tu prójimo como a ti mismo". Este me parece a mí que es todo el propósito de A.A.
Marysville, Ohio.