LA APLICACIÓN DE LOS CINCO SENTIDOS DE LA IMAGINACIÓN

S. Ignacio habla de “los sentidos de la imaginación” como forma de contemplación ("la aplicación de sentidos”, la llama). ¿Qué es? ¿Qué busca? ¿Cómo se hace? A estas preguntas intentaremos responder en la sesión de hoy.

Los sentidos corporales y espirituales

Nosotros solemos estar (en contacto con la realidad) a través de los sentidos externos o corporales. Gracias a la información que nos aportan nos vamos formando como personas, pues no sólo nos comunicamos por su medio, sino que lo que somos depende de lo que experimentamos y vivimos.

A través de la imaginación somos capaces de tener presentes realidades que están ausentes, pasadas o inexistentes. Los recreamos a través de los sentidos interiores o de la imaginación. Hay que advertir que no es tarea del entendimiento solamente; no es una tarea intelectiva, pues en ocasiones, nos asaltan experiencias nada racionales que son representadas por la imaginación.

S. Ignacio nunca llega a separar ambas dimensiones como hicieron los platónicos y todavía muchos hacen hoy. Cuando usamos la imaginación, nuestros sentidos externos, sin ver, ni oír, oler, etc. un objeto presente, tienen una percepción real de lo imaginado y nos llega a afectar tanto como si estuviera presente.

La unificación a través de los sentidos

La aplicación de los sentidos no sólo busca un desarrollo armónico del cuerpo, la psique y el espíritu, sino que además es un ejercicio de extroversión, un salir de nosotros para unirnos a alguien. De la misma manera que, recordando a un ser querido, siento un impulso de comunión muy fuerte con el ser recordado o añorado, la oración con los sentidos de la imaginación busca la unificación con la persona de Cristo.

La vista y el oído, como sentidos habituales y dominantes en los humanos, permiten una percepción a distancia. Si nos abrimos al olfato, el gusto y el tacto, el contacto se vuelve necesario, inmediato. Por eso necesitamos abrirnos a estos tres sentidos más torpes y, educándolos, fomentar la comunión personal con Cristo. Este carácter unitivo tiene como fin dejarnos transformar a su modelo, es decir, pretende superar nuestros falsos yo por identificación con nuestro supremo modelo, Jesucristo.

Hasta ahora os he invitado a mirar y oír a Jesús; ahora nos abrimos también a tocarlo, a olerlo o gustarlo. Nos puede parecer imposible, quizás por nuestra falta de educación sensorial.

¿Cómo practicar la aplicación de sentidos?

Es una forma de oración contemplativa muy sosegada. Conviene que se haga después de la contemplación habitual y no entrar directamente. Es una forma de sosegar, reposar y enraizar la oración anterior. Por eso no se hace del conjunto, sino de un elemento concreto: un abrazo, una mirada, una palabra..., que detengo y fijo al sentirla desde distintas perspectivas.

Por su propia naturaleza, el mejor momento es, sobre todo en ejercicios, el caer de la tarde, donde se recoge de manera unificada el sentir de todo el día.


ORACIÓN

Jesús y la fenicia (Mt 15, 21-28)

Jesús se marchó de allí y se retiró al país de Tiro y Sidón.

Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: Ten compasión de mí Señor, Hijo de David Mi hija tiene un demonio muy malo.

Él no le respondió nada.

Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: Atiéndela, que viene detrás gritando.

Él les contestó: Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel. Ella los alcanzó y se postró ante Él, y le pidió: Señor, socórreme. Él le contestó: No está bien echar a los perros el pan de los hijos. Pero ella repuso: Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos.

Jesús le respondió: Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.

En aquél momento quedó curada su hija.

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