DIOS ES PADRE:

LA PARABOLA DEL HIJO PRÓDIGO

REMBRANDT VAN RIJN, El regreso del Hijo pródigo, a. 1.669, Museo del Hermitage, San Petesburgo

El año de su muerte, Rembradt pinta este fabuloso cuadro; de hecho fue acabado por uno de sus colaboradores. A pesar del dato, el cuadro refleja todas las características del pintor: la tensión de la escena, el uso de las pinceladas sueltas, los tonos rojos, la supresión de lo superfluo al dominar el claroscuro, etc.

Algunos autores señalan la importancia de ver reflejada en la escena dos etapas de su vida: el joven disoluto que se arrodilla ante el anciano ciego del cuadro. En este sentido ha reinterpretado la escena en tal manera que no se corresponde con detalles de la parábola evangélica (Lc 15, 11-32). Lo veremos.

1.- Ver (en silencio)

Nos dejamos impresionar con el cuadro. Hay muchos detalles que se pueden perder, especialmente de las tres figuras de la derecha, escondidas en la oscuridad.

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2.- Reconocer (en común)

La escena la componen cinco figuras; a la izquierda el padre abraza al hijo, a la derecha, tres personajes los contemplan impasibles. La luz nos empuja a contemplar el abrazo de reconciliación.

El padre es un hombre rico, anciano, débil, incluso ciego. La luz nos empuja a fijarnos en sus manos y en su rostro. Algunos críticos señalan que es un autorretrato, al menos refleja su experiencia de la tercera edad. Un dato interesante: la incapacidad para ver se conjuga con el conocimiento interior. Si vemos externamente, podemos no ver interiormente. El joven está destrozado, como indica su vestuario. No se le ve el rostro, que lo esconde en el regazo del padre.

No sabemos muy bien quiénes son los tres personajes escondidos en la penumbra. Suponemos, por la parábola, que representan al hijo mayor y a los criados. La nota espectacular es su total indiferencia e incluso dureza ante lo que está pasando: el abrazo de reconciliación entre el padre y su hijo.

3.- Interpretar (en común)

Como hemos señalado, Rembrandt simplifica detalles y se centra en un solo gesto y las actitudes que genera. Simplificamos el texto de la parábola para recordar las palabras que inspiran el cuadro.

El hijo menor, recapacitando entonces, se dijo: Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra tí; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como uno de tus jornaleros.

Se puso en camino adonde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y echando a correr, se le echó al cuello, y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra tí; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad en seguida el mejor traje, y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies. Celebremos un banquete, porque este hijo estaba perdido, y lo hemos encontrado.

El hijo mayor estaba en el campo. Cuando se enteró que su hermano había vuelto y su padre había matado el ternero cebado, se indignó y no quería entrar.... El padre salió y le dijo: Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y lo hemos encontrado.

4.- Sentir (en silencio)

5.- Aplicar a la vida (en común)

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