El evangelio de Juan no cuenta la última Cena; en vez de ella relata el lavatorio de los pies. Además de motivos más generales sobre el simbolismo de la Pasión de Jesús (Jesús muere el día de la Pascua, por eso no hay celebración previa), esta escena explica el sentido general de la Pascua.
Juan inicia la escena con dos afirmaciones muy fuertes. Es su "hora", el momento de llevar a término su misión. En este momento el Padre lo deja todo en sus manos. Ahora le toca al Hijo. Además, es un gesto de amor, en continuidad con toda su vida pública.
Jesús se quita el manto, signo de poder, y se levanta de la mesa, lugar de privilegio; es el Maestro, el que abre camino y nos enseña a vivir. Pero lo hace con un tremendo gesto de humildad: ocupar el lugar del siervo. La tarea de acoger a los huéspedes lavándoles los pies se encargaba a un niño esclavo, el último de toda la casa. Jesús, asumiendo el último lugar, sirviendo a todos, expresa el sentido de su muerte: es el Siervo de Yahveh, del profeta Isaías, el que se abajó hasta la muerte de cruz para rescatamos a todos.
Como Maestro nos invita a vivir nosotros las mismas actitudes que él muestra en esta escena; como estamos comprobando no es una mera experiencia externa, sino una reproducción de su misma vida en nosotros.
Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios iba, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando la toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro y este le dijo: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?
Jesús le replicó: Lo que yo hago, tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.
Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás.
Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo
Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.
Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios...
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.