Paul Gauguin, El Cristo amarillo, Bretaña 1889, Albright Art Gallery, Buffalo.
Realizada durante el otoño de 1889 en Bretaña la obra de Gauguin representa una talla policromada del s. XVII de un pueblecito de la zona llevada a cabo por un escultor local. El Cristo se convierte en protagonista de la escena, con ese color amarillo y las lineas de los contornos muy marcadas. Las tres mujeres bretonas nos indican que nos encontramos ante una visión de la devoción de las mismas. En el fondo un personaje huye.
El color del Cristo es el mismo que el del campo, figurado en el otoñoo francés.
Lo imaginario y lo real están maravillosamente fundidos en esta pintura. De ahí su riqueza para la contemplación.
He elegido esta imagen como fusión entre fe y vida, redención e historia, cruz y cotidianeidad. He buscado para interpretar el cuadro un texto de la carta a los Hebreos (4, 12-16; 5, 2. 7-10). En él se presenta a Jesús como sumo y eterno sacerdote, es decir, como el mediador perfecto entre lo divino y lo humano, entra la fe y la vida en definitiva. El sacerdote es, ante todo, pontificex, "el que tiende puentes" entre Dios y los hombres. Contemplemos la maravillosa obra de la cruz, en estas palabras de la carta:
La Palabra de Dios es viva, es eficaz y más cortante que una espada de dos filos: penetra hasta la división del alma y del espíritu, hasta las coyunturas y tuétanos y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Así que no hay criatura que esté oculta a Dios. Todo está al desnudo y al descubierto a los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas.
Y ya que tenemos un sumo sacerdote eminente que ha penetrado en los cielos, Jesús, el hijo de Dios, mantengámonos firmes en la fe que profesamos.
Pues no es él un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras flaquezas, sino que ha experimentado todas, excepto el pecado. Acerquémonos, pues, con confianza al trono de la gracia, a fin de alcanzar misericordia y hallar la gracia de un socorro oportuno.
En efecto, todo sumo sacerdote sabe ser comprensivo con los ignorantes y extraviados, ya que él también está lleno de flaquezas. El mismo Cristo, que en los días de su vida mortal presentó oraciones y súplicas con grandes gritos y lágrimas a aquel que podía salvarlo de la muerte, fue escuchado en atención a su actitud reverente; y aunque era hijo, aprendió sufriendo lo que cuesta obedecer. Alcanzada así la perfección, se hizo causa de salvación eterna para todos los que le obedecen, y ha sido prodamado por Dios sumo sacerdote igual que Melquisedec