Muchas veces pensamos que los discípulos lo tuvieron más fácil que nosotros, porque pudieron ver, oir, tocar a Jesús. Pero conocemos las dificultades que tuvieron para reconocer que Jesús realmente era el Mesías. La verdadera fe surge con la Resurrección y, entonces, las ventajas se desvanecen.
Los textos evangélicos nos dan claves para acceder a la experiencia del Resucitado. Aquí están algunas desde la aparición que más se acerca a nuestro proceso personal de oración:
Los discípulos regresaron a casa. María, en cambio, se quedó allí, junto al sepulcro, llorando. Sin dejar de llorar, volvió a asomarse al sepulcro. Entonces vio dos ángeles, vestidos de blanco, sentados en el lugar donde había estado el cuerpo de Jesús, uno a la cabecera y otro a los pies. Los ángeles le preguntaron:
-Mujer; ¿por qué lloras?
Ella contestó:
-Porque se han llevado a mi Señor y no sé donde lo han puesto.
Dicho esto se volvió hacia atrás y entonces vio a Jesús, que estaba allí, pero no lo reconoció. Jesús le preguntó:
-Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién estás buscando?
Ella, creyendo que era el jardinero, le contestó:
-Señor, si te lo has llevado tú. dime dónde lo has puesto y yo misma iré a recogerlo.
Entonces Jesús la llamó por su nombre:
-¡María!
Ella se acercó a él y exclamó en arameo:
-¡Rabboni! (que quiere decir Maestro).
Jesús le dijo:
-No me retengas más, porque toda vía no he subido a mi Padre; anda, vete y diles a mis hermanos que voy a mí Padre, que es vuestro Padre; a mi Dios, que es vuestro Dios.
María Magdalena se fue corriendo a donde estaban los discípulos y les anunció:
-He vísto al Señor.
Y les contó lo que Jesús le había dicho.
Composición viendo el lugar
Recordar la historia
Gracia a pedir: alegrarme intensamente ante la aparición de Jesucristo glorioso, vencedor de la muerte.
Ver y oír lo que dicen María, los ángeles y Jesús