Dada su extensión, esta parte se divide en tres jornadas, que llamamos Primera, segunda y tercera.
Siempre que se de una tarea espiritual, ha de acompañarse con un proceso de discernimiento de espíritus, ya que si se ofrece la oportunidad de sentir mociones del Espíritu, hay que saber distinguir lo que pueda ser auténtica moción divina o, si por el contrario, el enemigo o mal espíritu se está colando aprovechando que he dejado la puerta de mi casa abierta.
Las primeras reglas de discernimiento se ofrecen en el contexto de lucha inicial en el seguimiento de Cristo. En esos inicios las mociones son más burdas y directas, especialmente las que provenían del enemigo. Pero si la persona, sirviéndose de ellas, rechaza estas tentaciones y consigue mantenerse fiel en el seguimiento de Cristo y su Evangelio, el mal espíritu se transforma y adopta otra estrategia. Es bueno ser consciente de ello y no caer en el engaño. Para ello es necesario aprender estas otras reglas, para espíritus más avanzados.
Arribaron en barca Jesús y sus discípulos a la región de los gerasenos, que está enfrente de Galilea. Al saltar a tierra, le salió al encuentro un hombre de la ciudad, un endemoniado, que desde hace mucho tiempo andaba semidesnudo y no vivia en una casa, sino entre los sepulcros. Al ver a Jesús, se puso a gritar, se echó a sus pies y dijo a grandes voces:
-¿Qué tengo yo que ver contigo, Jesús, Hijo del Dios Altísimo? Te pido que no me atormentes.
Y es que Jesús estaba mandando al espíritu inmundo que saliera de aquel hombre. Pues muchas veces el demonio se apoderaba de él, y a pesar de que lo ataban con cadenas y lo sujetaban con grilletes, él rompía las ataduras y, empujado por el demonio, marchaba a lugares desiertos. Jesús le preguntó:
-¿Cuál es tu nombre?
Respondió:
-Legión.
Porque habían entrado en él muchos demonios. Y le pedían que no les ordenara volver al abismo.
Había allí una piara numerosa de cerdos hozando por el monte; los demonios le rogaron que les permitiera entrar en ellos. Jesús se lo permitió. Los demonios salieron del hombre, entraron en los cerdos y entonces toda la piara se lanzó por el precipicio al lago y se ahogó.
Los porquerizos, al ver lo ocurrido, huyeron y lo fueron contando por la ciudad y los caseríos. Salieron, pues, a ver lo ocurrido y, al presentarse donde estaba Jesús, encontraron al hombre del que habían salido los demonios sentado a los pies de Jesús, vestido y en su sano juicio; y se llenaron de miedo. Los que lo había presenciado les contaron cómo había salvado al endemoniado. Entonces toda la gente de la comarca de los gerasenos le rogó que se alejara de ellos, porque les había entrado mucho miedo. Jesús subió a la barca y emprendió el regreso. El hombre de quien habían salido los demonios le pedía ir con él, pero Jesús lo despidió diciendo:
-Vuelve a tu casa y cuenta lo que Dios ha hecho contigo.
El hombre se marchó publicando por todo la ciudad lo que Jesús había hecho con él.
Para el mismo efecto, es decir, para en alguna manera sentir y conocer las varias mociones que en el ánima se causan, las buenas para recibir y las malas para lanzar. En nuestro interior se producen en la oración diferentes sentimientos: alegría, tristeza, amor, sequedad, etc. Lo importante es saber su origen y, por tanto, su finalidad, positiva o negativa, pero desde nuestra intención de seguir a Cristo y rechazar los engaños del enemigo.
Con mayor discreción de espíritus, porque corresponde a una etapa más avanzada de la vida espiritual, donde ciertas cosas se dan por supuestas, y la acción del enemigo se hace más sutil.
Conducen más para la segunda semana; porque si el fin de la primera no es otro que el ejercitante (el orante) no tire la toalla y siga a delante, en la segunda, lo propio es no dejarse engañar en un seguimiento que se considera iniciado. La estrategia del enemigo no va ser espantar para que el Evangelio aparente ser impracticable, sino que, al comprobar que la persona está decidida a seguir a Cristo, quiere apartarlo, desviarlo, hacia formas más mediocres y frías de disponibilidad para que el Espíritu Santo no se saiga con la suya.
[329] 1ªregla. La primera: proprio es de Dios y de sus ángeles en sus mociones dar verdadera alegría y gozo spiritual, quitando toda tristeza y turbación, que el enemigo induce; del qual es proprio militar contra la tal alegría y consolación spirituaí, trayendo razones aparentes, sotilezas y assíduas falacias.
Es una consecuencia de las reglas de la primera semana, pero en el contexto actual de un seguimiento decidido. A aquellos que quieren cumplir su voluntad, es propio de Dios allanarles el camino y animarles a seguirle con mayor fidelidad a través de la alegría. Dios no quiere el aniquilamiento de nadie, aunque su alegría atraviese el misterio pascual; es un gozo actual y real, no fingido o sublimado, que anuncia lo que será la alegría definitiva de la vida eterna.
S. Ignacio la califica como verdadera alegría frente a otras que nos ofrece el mundo. Es una alegría difícil de definir, porque su fuente está en el misterio divino, pero podemos conocer algunos signos o notas de ella:
El enemigo, por el otro lado, induce tristeza y turbación con razones aparentes, sotilezas y assiduas falacias. Ya lo avisábamos en la primera semana: el enemigo es el padre de la mentira, porque sabe que no tiene el mismo poder que Dios y tiene que hacernos creer todo lo contrario. Pero ahora es mucho más sutil.
[330] 2ª regla. La segunda: sólo es de Dios nuestro Señor dar consolación a la ánima sin causa precedente; porque es propio del Criador entrar, salir, hacer moción en ella, trayéndola toda en amor de la su divina majestad. Digo sin causa, sin ningún previo sentimiento o conoscimiento de algún obíecto, por el qual venga la tal consolacián mediante sus actos de entendimiento y voluntad.
En pocas ocasiones, aunque reales, Dios se sirve irrumpir en la vida de alguien marcando un antes y un después. En otras, muestra una luz sobre un tema concreto de nuestra vida.., pero siempre sintiendo la certeza de la fuente. Por eso, las dos notas de la Moción sin causa son la imprevisibilidady la evidencia de su origen divino.
La consolación es imprevisible sea porque es súbita, es decir, aparece sin ser buscada o deseada, que podría ser una consecuencia de la actividad proyectiva del sujeto; sea porque es novedosa, es decir, aparece un dato que no esperaba y que reorienta toda mi visión de la realidad. Su evidencia es mucho más difícil de justificar racionalmente; sencillamente es la calidad de la experiencia tenida (un gran gozo o paz ante una opción que se me plantea en tal manera que no puedo dudar de que viene de Dios).
Sólo Dios puede llegar tan íntimo y hondo en mí; el enemigo no puede, por eso engaña. El Señor y dueño de mi intimidad entra y sale cuando quiere. El puede tocar en ese nivel personal y afectivo cuando quiera. Pues bien, cuando me sienta en la certeza de que una fuerte moción consoladora, es de Dios, es auténtica moción de Dios.
Jn 20, 19-23
Al anochecer de aquél día, el primer día de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
-Paz a vosotros.
Y diciendo esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor.
Jesús repitió:
[331] 3ª regla. La tercera: con causa puede consolar al ánima así el buen ángel como el malo, por contrarios fines: el buen ángel, por provecho del ánima, para que cresca y suba de bien en mejor; y el mal ángel para el contrario, y adelante para traerla a su dañada intención y malicia.
S. Ignacio es cauto y sabio a la hora de orientar la afectividad: también el enemigo puede inducir gustos y satisfacciones, para engañar a la persona, pero en sus zonas más periféricas. Es consolación con causa aquella que se sigue de algo que uno piensa, proyecta o hace. Entonces la experiencia es más ambigua, porque puede colarse el enemigo; entonces hay que mirar la finalidad: el Espíritu mueve para que el individuo crezca a imagen de Cristo; el enemigo quiere perder a la persona. Mira a dónde te llevan los consuelos.
[332] 4ª regla. La quarta: proprio es del ángel malo, que se forma sub angelo lucis. entrar con la ánima devota, y salir consigo; es a saber, traer pensamientos buenos y sanctos conforme a la tal ánima justa, y después, poco a poco, procura de salirse trayendo a la ánima a sus engaños cubiertos y perversas intenciones.
Ahora no puede presentarse tan burdamente, y prefiere subtraer y desviar a la persona del seguimiento de Cristo por medio de buenos y excelentes motivos, pero que nos alejan poco a poco de Cristo. Usamos muchos mecanismos de defensa para justificar nuestras acciones: racionalizamos, negamos... Algunas veces estos mecanismos nos aportan santas razones... pero que nos acomodan e instalan, impidiéndome asumir el Evangelio.
[333] 5ª regla. La quinta: debemos mucho advertir el discurso de los pensamientos; y si el principio, medio y fin es todo bueno, inclinado a todo bien, señal es de buen ángel; mas si en el discurso de los pensamientos que trae, acaba en alguna cosa mala o distrativa, o menos buena que la que el ánima antes tenía propuesta de hacer, o la enflaquece o inquieta o conturba a la ánima, quitándola su paz, tranquilidad y quietud que antes tenía, clara señal es proceder de mal spíritu, enemigo de nuestro provecho y salud eterna.
No bastan los buenos comienzos para ver si una cosa es de Dios, hay que estar atentos al proceso total. Hay que ver cómo discurre aquello (el camino, los medios) y a dónde me lleva (el fin). Porque el enemigo, partiendo de un buen comienzo, va introduciendo cambios de rumbo, pequeños pero perceptibles en cuanto a su contenido y a su eco afectivo. En cuanto al contenido porque me llevan a una devaluación evangélica de lo que pretendo; en cuanto al eco afectivo que en mí provocan, porque me traen desazón y malestar. El Espíritu es constante en darnos paz y alegría. Lo que no es claro al inicio, al final del recorrido será del todo perceptible y evidente. Hay que estar atentos, por tanto, a todo el proceso.
[334] 6ª regla. La sexta: quando el enemigo de natura humana fuere sentido y conoscido de su cola serpentina y mal fin a que induce, aprovecha a la persona que fue dél tentada, mirar luego en el discurso de los buenos pensamientos que le truxo, y el principio dellos, y cómo poco a poco procuró hacerla descendir de la suavidad y gozo spiritual en que estaba, hasta traerla a su intención depravada; para que con la tal experiencia conoscida y notada, se guarde para adelante de sus acostumbrados engaños.
El discernimiento es un conocimiento experiencial, no teórico; por eso es bueno cuando nos pillamos los dedos, ver dónde y cómo, para no caer en adelante en la misma trampa.
[335] 7ª regla. La septima: en los que proceden de bien en mejor, el buen ángel toca a la tal ánima dulce, leve y suavemente, como gota de agua que entra en una esponja; y el malo toca agudamente y con sonido y inquietud, como quando la gota de agua cae sobre la piedra; y a los que proceden de mal en peor, tocan los sobredichos spíritus contrario modo; cuya causa es la disposidón del ánima ser a los dichos ángeles contraria o símile; porque quando es contraria, entran con estrépito y con sentidos, perceptiblemente; y quando es símlle, entra con silecio como en propia casa a puerta abierta.
Es una regla valiosa para percibir no sólo la lógica del mal espíritu, sino también la del buen espíritu, y acertar positivamente. Pasa que, mientras más nos vamos identificando con Jesucristo, con su sensibilidad y espíritu, lo que es contrario a ello aparece como desarmonía y desazón. Pero lo que es connatural al Evangelio entra suavemente. ¡Atentos a lo que nos turba! ¡Por ahí no va la acción del Espíritu!
[336] 8ª regla. La octava: quando la consolación es sin causa, dado que en ella no haya engaño por ser de solo Dios nuestro Señor, como está dicho, pero la persona spiritual, a quien Dios da la tal consoladón, debe, con mucha vigilancia y attención, mirar y discernir el propio tiempo de la tal actual consolación, del siguiente en que la ánima queda caliente, y favorescida con el favor y reliquias de la consolación passada; porque muchas veces en este segundo tiempo por su propio discurso de habitúdines y consequencias de los conceptos y juicios, o por el buen espíritu o por el malo forma diversos propósitos y paresceres, que no son dados inmediatamente de Dios nuestro Señor; y por tanto han menester ser mucho bien examinados, antes que se les dé entero crédito ni que se pongan en efecto.
Esta regla distingue entre el tiempo de la consolación propiamente tal y el tiempo de sus efectos posteriores. Esta distinción nos lleva a no dar por bueno todo aquello que se me ocurre al calor de la consolación. El rescoldo de la consolación nos puede hacer ver todo de color de rosa, atribuyendo a Dios cosas que son fruto de mi inercia. Por eso, antes de poner por obra mis decisiones, tienen que ser examinadas cuidadosamente.
Es una escena en la que el personaje se presenta a Jesús con aparentes buenos propósitos, pero no es así. Toda la escena se da en torno a un eje distinto entre la justicia judía que proviene de la Ley y la salvación gratuita de Dios.
El joven rico pregunta por lo que tiene que hacer para salvarse y ese camino lleva a un imposible: lo importante es seguir a Jesús, no cumplir unas leyes, y para eso, hay que abandonar todo aquello que nos impide estar disponibles para el Evangelio.
Lucas gusta de mostrar un camino imposible para la lógica humana, pero que es posible para la acción de Dios; así se lo refirió a María en la Anunciación, y ahora se lo dice a sus discípulos. La salvación proviene sólo de Dios, no de la calidad de nuestras obras. Esta radicalidad no es un esfuerzo sobrehumano, sino una aceptación libre de la salvación que viene de Dios.
Un personaje importante le preguntó a Jesús: Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?
Jesús le contestó: ¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno más que uno, Dios. Ya sabes los mandamientos: No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no darás falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre.
El replicó: Todo eso lo he cumplido desde pequeño.
Al oírlo Jesús le dijo: Aún te queda una cosa: vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres, que tendrás un tesoro en el cielo; y, anda, sigueme.
Al oír aquello se puso muy triste, porque era riquísimo. Viéndolo tan triste, dijo Jesús: ¡Con qué dificultad entran los que tienen mucho en el Reino de Dios! Porque más fácil es que entre un camello por el ojo de una aguja que no que entre un rico en el Reino de Dios.
Los presentes exclamaron: Entonces, ¿quién puede salvarse?
Elles comentó: Lo que el hombre no puede, lo puede Dios.
Pedro le dijo: Pues, mira, nosotros hemos dejado lo que teníamos y te hemos seguido.
Jesús le dijo: Os aseguro: No hay ninguno que haya dejado casa o mujer, o hermanos, o padres, o hijos por el Reino de Dios que no reciba en este tiempo mucho más y en la edad futura vida eterna.