En la Encarnación se tocaron los
extremos:
lo infinitamente lejano
se hizo infinitamente cercano,
y lo infinitamente poderoso
se hizo infinitamente pobre.
La Trascendencia se ha hecho Encarnación,
el miedo se ha convertido en dulzura,
la incomunicabilidad en abrazo.
Dios se ha hecho hijo.
Por primera vez, una mujer
pudo decir con toda verdad:
Dios mio, hijo mío.
Ya no tengo miedo.
Si Dios es ese niño
colocado en el pesebre de la gruta,
Dios ya no me da miedo.
Y si yo también puedo murmurar,
al lado de María,
Dios mío, hijo mío",
el paraíso ha entrado en mí casa,
trayéndome la paz.
Carlos Carretto
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.
El ángel, entrando en su presencia, dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú entre las mujeres. Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.
El ángel le dijo: No temas María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hjio del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David su padre, reiniará sobre la casa de Jacob para siempre y su reino no tendrá fin.
Y María dijo al ángel: ¿Cómo será eso, pues no conozco varón? El ángel le contestó: El Espiritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísino te cubrirá con su sombra; por eso el santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que todos llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.
María contestó: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel.