LA TRINIDAD de Andrej Rublëv

a. 1425, Moscú

Cuando en 1515 la catedral de la Asunción de Moscú fue inaugurada y los fieles, encabezados por sus pastores, contemplaron la imagen de la Trinidad que Rublëv había elaborado, exclamaron al unísono: En verdad los cielos se han abierto para mostrar el esplendor de Dios. Un siglo después, el “Concilio de los Cien Capítulos” la erige modelo de la iconografía y de todas las representaciones de la Trinidad.

Tres planos superpuestos

En primer lugar está la reminiscencia de la visita de los tres peregrinos a Abraham en el encinar de Mambré. Es una visita divina que se saldará con la promesa de la fecundidad de Sara, a pesar de su escepticismo, y el cumplimiento de la promesa (Gn 18, 1-15).

Un segundo plano viene sugerido por la ausencia del patriarca y su mujer; los tres peregrinos, como tres ángeles, forman el Consejo Divino, la Trinidad en conversación de amor. La casa-tienda es, entonces el Templo, la encina, el árbol de la vida, y la roca, el monte Tabor. Las figuras están especialmente alargadas, hasta catorce veces el tamaño de la cabeza; los ángeles alados y la presencia del dorado, símbolo de la plenitud divina, nos sumergen en un ambiente etéreo. La perspectiva contraria nos ayuda a sentirnos en la escena: Dios está aquí y en todas partes.

Un tercer nivel, intradivino, viene esbozado sencillamente, porque es inefable. Dios es amor; esa naturaleza divina se simboliza al sustituir el ternero cebado del Gn por la copa eucarística sobre la mesa; si no fuera por el carácter divino de las tres imágenes (las tres varas, signo de poder, los colores, etc.), la escena podría ser la cena íntima de Jesús con los discípulos de Emaús (Lc 24). La eucaristía es signo del amor trinitario: ofrenda voluntaria de la vida del Hijo por nuestra salvación, signo y garantía del amor fiel del Padre y don espiritual a todos los que de ella nos alimentamos. Es tan importante que la forma de la copa viene reproducida en grande por los contornos de la mesa y los perfiles interiores de los ángeles laterales. Todo el conjunto es eucaristía.

Los tres personajes

De manera admirable, en un ensimismamiento de estabilidad y movimiento, Andrej Rublëv ha acogido la esencia trinitaria: la igualdad y la diferencia entre las personas. La unidad viene expresada por las figuras de los ángeles, que podrían ser intercambiados con facilidad. Sólo algunos detalles nos ayudan a reconocerlos; Aunque hay diversidad de opiniones, la más unánime identifica la escena de la siguiente forma: no hay duda en identificar el ángel de la derecha con el Espíritu Santo, bajo la montaña de la Transfiguración, del encuentro, recubierto de oro, divinidad, y azul, cielo (o humanidad?). La interpretación más difusa ve en el ángel del centro la figura de Cristo bajo el árbol de la vida, signo de la cruz; su color púrpura, signo del amor, su mano mostrando dos dedos, su divino-humanidad, y el estar vuelto hacia la izquierda, en actitud reverente hacia el Padre, parecen confirmar esta hipótesis. El Padre, finalmente, está representado por el ángel de la izquierda, situado bajo la figura del Templo, sede de su Gloria, recubierto de oro y bendiciendo con su mano.

La simetría se rompe con la inclinación hacía la figura de la izquierda de las dos figuras restantes. Expresa una concepción teológica oriental de la Trinidad, donde la persona del Padre es preeminente, como la fuente de las otras dos. El Hijo está vuelto hacia el Padre y lo contempla: En el principio existía la Palabra Y la Palabra estaba vuelta hacia Dios (sentido literal del pros theón del original griego). Es también una teoría visiva: el Hijo reproduce la imagen del Padre y en el icono, los rostros se asemejan. El Espíritu está más ocupado en contemplar la mesa eucarística, propio de su labor santificante, que en mirar a las otras personas trinitarias.

Figuras

Además de la forma de copa o cáliz, se señalan en la estructura simbólica el círculo y el octágono.

El círculo lo forman las tres figuras del icono y manifiesta la comunión trinitaria. El octógono se forma al considerar el límite de los objetos: los tronos, la sede, la montaña y el templo. Es símbolo del Octavo día, la Resurrección.


Trinidad de rublev

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