María ha sido representada en muchos misterios o escenas de su vida; aparece además como miembro primero y glorioso en la deixis, en la manifestación de los santos que acompañan a Cristo Salvador; están María y Juan Bautista (el mayor varón nacido de mujer) junto a Jesús; les siguen los apóstoles Pedro y Pablo; completan el cielo dos ángeles. En María, la Toda Santa, se ha realizado el misterio de la vida cristiana.
Nos interesa conocer algo de las representaciones de la Virgen por ella misma. Se resumen en tres figuras:
a) La llamada MAJESTAD, en la que María es trono del Hijo.
b) La Virgen orante, con las manos extendidas en actitud de adoración hacia el cielo.
c) La llamada hodigitria, literalmente la que muestra el camino. María tiene en un brazo al niño y con el otro lo señala. Una de estas variantes es llamada eleousa, DE LA TERNURA, como esta representación conocida como de Vladimir. Se llama así porque el Hijo se vuelve hacia la Madre y la acaricia.
Es significativo que en todas las imágenes aparece con Jesucristo. Y es que el misterio de la Virgen es relativo. Como primera cristiana, según aparece en la deixis, o como Madre del Salvador.
Es de origen griego, de la escuela bizantina macedonia. El a. 1131 es trasladada de Constantinopla a Kiev; el a. 1155 a Vladimir donde quedará más de dos siglos y de donde tomará el nombre. El a. 1395 la instalan definitivamente en Moscú donde ha resistido todos los avatares de la historia. Actualmente se puede visitar, cerca de la Trinidad de Rublëv, en la Galería Trejakov.
Lo primero que llama la atención de la figura de María es su belleza, completamente distinta de los cánones occidentales. Quizás, su poder de atracción radica en su mirada. Es un ejemplo del sentido espiritual, no sensual, de la iconografía oriental. Lo que nos invitan a contemplar es la dimensión de fe de la Madre del Salvador.
Por eso el niño Jesús no es un niño más que por su estatura. Está revestido con el hymatión, la túnica de adulto, color dorado, signo de divinidad; tiene rostro de adulto. No es el niño quien está ahí representado, sino el Hijo. María está vestida con el maphórión, el manto que le cubre por la cabeza. Las estrellas que lleva, una en la cabeza y la otra en el pecho, son signo de la virginidad.
Aquí tenéis al hijo, ahí tenéis a vuestra madre
No son frases literales, pero pueden indicar muy bien parte de la interpretación del icono.
Por una parte muestra la actitud de fe de María, aquí está la esclava del Señor, hágase en mí.... En Oriente, María es la creyente, la que engendró por la fe, la que cooperó activamente en la salvación y dejó que el Espíritu entrara en su vida para transformarla y, a través de ella, en toda la historia. Ella colabora en la Encarnación de manera paradójica: el infinito encerrado en lo finito o como le canta la liturgia bizantina: Tú has generado sin padre al Hijo, Aquél Hijo que nació del Padre, sin madre.
María es el modelo de la colaboración de Dios con el hombre, pues Dios nunca se impone. Siempre actúa desde dentro, buscando su adhesión. Es la sinergía oriental. María es también imagen de la Iglesia que engendra también hoy al Hijo en nuestro mundo.
Los creyentes tenemos en María un recurso cercano para renovar nuestra esperanza en la fuerza de Dios y contemplar la belleza de la mujer transformada por la acción del Espíritu.
