Oración. La sólita oración preparatoria (pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad, EE 46).
[111] 1ºpreámbulo. El primer preámbulo es la historia: y será aquí, cómo desde Nazaret salieron Nuestra Señora grávida quasi de nueve meses, como se puede meditar píamente, asentada en una asna, y Joseph y una ancila, llevando un buey para ir a Bethlém, a pagar el tributo que César echó en todas aquellas tierras.
[112] 2º preámbulo. El 2º, composición, viendo el lugar; será aquí con la vista imaginativa ver el camino de Nazaret a Bethlém, considerando la longura, la anchura, y si llano o si por valles o cuestas sea el tal camino; asímismo mirando el lugar o espelunca del nacimiento, quán grande, quán pequeño, quán baxo, quán alto, y cómo estaba aparejado.
[113] 3º preámbulo. El 3º será el mismo y por la misma forma que fue en la precedente contemplación (El 3º, demandar lo que quiero: será aquí demandar cogrnoscimiento interno del Señor, que por mí se ha hecho hombre, para que más le ame y le siga).
[114] 1º puncto. El primer puncto es ver las personas, es a saber, ver a Nuestra Señora y a Joseph y a la ancila y al niño Jesús, después de ser nacido, haciéndome yo un pobrecito y esclavito indigno, mirándolos, contemplándolos y sirviéndolos en sus necesidades, como si presente me hallase, con todo acatamiento y reverencia possible; y después reflectir en mí mismo para sacar provecho.
[115] 2º puncto. El 2º: mirar advertir y contemplar lo que hablan; y reflictiendo en mí mismo, sacar algún provecho.
[116] 3º puncto. El 3º: mirar y considerar lo que hacen, así como es el caminar y trabajar, para que el Señor sea nascido en summa pobreza, y a cabo de tantos trabajos, de hambre, de sed, de calor y de frío, de injurias y afrentas, para morir en cruz; y todo esto por mí; después reflictiendo, sacar algún provecho spiritual.
[117] Coloquio. Acabar con un coloquio, así como en la precedente contemplación y con un Pater noster (En fin, hase de hacer un coloquio, pensando lo que debo hablar a las tres Personas divinas o al Verbo eterno encarnado o a la Madre y Señora nuestra pidiendo según que en sí sintiere, para más seguir e imitar al Señor nuestro, ansí nuevamente encarnado).
José, que era de la casa y la familia de David, subió desde la ciudad de Nazaret, en Galilea, a la ciudad de David, que se llama Belén, en Judea, para inscribirse con su esposa María, que estaba encinta. Y mientras estaba allí le llegó el tiempo del parto y dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no tenían sitio en la posada.
En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre, velando por turno su rebaño.
Y un ángel del Señor se les presentó: la gloria del Señor les envolvió de claridad y se llenaron de temor. El ángel les dijo: No temáis, os traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor. Y aquí tenéis la señal: encontraréís un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre.
De pronto, en torno al ángel, apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo: Gloría a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que Dios ama.
Cuando los ángeles los dejaron y subieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: Vamos derechos a Belén, a ver eso que ha pasado y que nos ha comunicado el Señor. Fueron corriendo y encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre. Al verlo contaron lo que les habían dicho de aquél niño. Todos los que lo oían se admiraban de lo que les decían los pastores. Y María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón. Los pastores de volvieron dando gloria a Dios por lo que habían visto y oído; todo como les habían dicho.