La oración de repetición tiene también otros nombres: eco de la Palabra, oración pobre. Es una de las formas más sencillas de oración y, por tanto, una buena forma de comenzar a orar con la Palabra de Dios. Como planteamiento puede parecer que es demasiado simple y poco valiosa, propia de principiantes, pero no es cierto: como forma personal de oración continua puede ocupar la vida entera y llegar a producir mucho fruto y, en su grado máximo de madurez, nos acerca a una oración de quietud cercana a algunos grados del silencio ya comentados.. Es además una forma comunitaria rica y fácil de practicar.
¿En qué consiste?
La oración de repetición supone volver sobre las palabras de un texto de la Sagrada Escritura o de la Tradición, de una oración o un poema religioso. Implica, por tanto, renunciar casi totalmente a mis propias palabras y apropiarme las de otra persona. Es, en realidad, una identificación con la experiencia espiritual de otra persona.
Para algunos puede parecer que es una pérdida de espontaneidad, pero no es cierto: al contrario, me guarda de apropiarme de la relación con Dios y asumir una experiencia probada, es decir, que la comunidad creyente reconoce como inspirada por Dios, en la que Él ha llevado la iniciativa. Además, reconocemos que no sólo mi situación me dirige a preferir unas palabras sobre otras, sino que el mismo Espíritu Santo va moviendo mi voluntad para que repose sobre ciertas frases o palabras que enriquezcan mi vida.
Al repetir las palabras, evitamos centrarnos en una reflexión mental; es un ejercicio de la voluntad, ya que busco saborear las palabras, usando más la intuición o el deseo, o el mismo amor. Así vivo el paso necesario de la cabeza al corazón, tal como hemos visto desde el principio.
Como toda oración cristiana que se precie es un ejercicio de humildad.
¿Cómo se hace?
Ante todo, como preparación remota, hay que elegir el texto. Después, antes de la oración, conviene prepararse como estamos habituados.
Se lee el texto lentamente; después de unos momentos de silencio, se repiten aquellas palabras o la frase que más me llamen la atención en ese momento. No conviene que sea muy larga; tiene que ser repetible sin esfuerzo. Voy pasando de unas palabras a otras con una cadencia pausada, lenta, dejando que las palabras vayan empapando mi corazón. Esta repetición es usada normalmente en su forma comunitaria.
Existen posibles variantes: modificar un poco las palabras para acomodarlas a mi situación, para completar su sentido, etc. También se suele usar, de vez en cuando, el repetir otras frases de otros textos que me vienen a la memoria en ese momento. Todo hay que vivirlo sin grandes tensiones, sin pretender la vanagloria de una memoria ilustrada.
La tendencia es hacia una oración cada vez más silenciosa: puede ser aconsejable el pasar de frases más largas a otras más cortas (incluso una o dos palabras son suficientes). Lo lógico es que se acabe con un buen rato de silencio en el que la repetición es sólo interior y sin usar más de una o dos frases. Poco a poco concluimos, como siempre, hablando a Dios con nuestras propias palabras: es la respuesta a la escucha llevada a cabo con el texto repetido.
La oración en común
Como he señalado anteriormente, la oración de repetición es muy apropiada para hacerse en comunidad (incluso mejor que en solitario).
Como oración comunitania es mucho más que un enriquecimiento por la puesta en común de distintos puntos de vista. Es la comunidad la que reza. Para ello es muy importante rezar con las palabras que pone en común la otra persona: no estoy solo en oración. Si existe además un conocimiento personal de la situación del otro, es una forma de vivir su experiencia de fe, de amarlo en sus circunstancias concretas y de crecer en empatia.
El Espíritu tiene una presencia especial en la comunidad: donde dos o tres están reunidos en mi nombre... Por eso tengo que creer que Él nos mueve en una determinada dirección. Por eso no es negativo, al contrario, repetir frases o palabras tal como las acaba de decir otra persona: no cabe pisarse el terreno, al contrario. Una repetición insistente en determinado punto tiene que ser entendida como un fruto de la oracion.
Conviene tener estas cosas presentes en el momento de hacer oración en común.
Oíd, sedientos todos, acudid por
agua,
también los que no tenéis dinero:
venid, comprad trigo, comed sin pagar
vino y leche de balde.
¿Por qué gastáis dinero
en lo que no alimenta?
¿y el salario en lo que no da hartura?
Escuchadme atentos y comeréis bien,
saborearéis platos sustanciosos.
Inclinad el oído y venid a mí:
escuchadme y viviréis.
Sellaré con vosotros alianza perpetua,
la promesa que aseguré a David:
a él lo hice mi testigo para los pueblos,
caudillo y soberano de naciones;
tú llamarás a un pueblo desconocido,
un pueblo que no te conocía
correrá hacia ti:
por el Señor tu Dios,
por el Santo de Israel que te honra.
Buscad al Señor mientras se le
encuentra,
invocadlo mientras esté cerca;
que el malvado abandone su camino,
y el criminal sus planes;
que regrese al Señor, y Él tendrá piedad,
a nuestro Dios que es rico en perdón.
Mis planes no son vuestros planes,
vuestros caminos no son mis caminos
-oráculo del Señor-.
Como el cielo es más alto que la tierra,
mis caminos son más altos que los vuestros,
mis planes que vuestros planes.
Como bajan la lluvia y la nieve del
cielo,
y no vuelven allá,
sino después de empapar la tierra,
de fecundarla y hacerla germinar,
para que dé semilla al sembrador
y pan al que come,
así será mi palabra que sale de mi boca:
no volverá a mí vacía;
sino que hará mi voluntad y
cumplirá mi encargo.