La escuela del P. Serafin del Monte Athos
El P. Serafín del Monte Athos es un eremita ortodoxo que vivió cerca de S. Pantalemón, en Grecia. Era un staretz, un maestro de oración; a él acudían personas del todo el mundo para recoger la sabiduría acumulada de tantos siglos de tradición monástica. Este relato que os resumo enseña el camino de la oración a través de cuatro imágenes naturales (de purificación) y dos imágenes biblicas (auténtica oración de fe); para el P. Serafín hay que meditar primero como una montaña, después como una amapola, como el océano, como un pájaro, como Abraham y, finalmente, como Jesús.
MEDITA COMO UNA MONTAÑA
El primer consejo para alguien que quiera aprender a meditar no es espiritual sino fisico: siéntate. Sentarse como una montaña implica tomar conciencia de tu propio peso, ese dejarse caer que ya hemos visto. Así cuenta el discipulo su experiencia:
Una mañana sentí realmente qué quería decir "meditar como una montaña". Estaba alli, con todo mi peso, inmóvil. Silencioso, bajo el sol, era una sola cosa con la montaña. Mi noción de tiempo había cambiado. Las montañas tienen otro tiempo, otro ritmo. Estar sentado como una montaña es tener la eternidad delante de ti, es la actitud apropiada para el que quiere entrar en la meditación: saber que la eternidad está detrás, delante y dentro de ti.
Para meditar como una montaña hay que aprender sencillamente a estar, a mirar las cosas sin juzgarlas...
MEDITA COMO UNA AMAPOLA
Después de aprender a estar, el P. Serafin le enseñó que tenía que comprender que la meditación es un orientarse hacia la belleza, la luz, el Todo, hacia Dios. En el cuerpo se expresa aprendiendo a mantener la columna bien recta, como el tallo de una amapola. La meditación, después del silencio, pasa por fijar la atención. No son dos cosas separadas: tengo que ser consciente que estoy ante la Eternidad en este preciso instante, fugaz, que pasa, como una flor que florece, viviendo el instante con toda su profundidad y en toda su gratuidad (sin un porqué). En sus propias palabras:
Aprendí a meditar sin objetivos ni intereses, por el placer de ser y amar la luz. El amor es recompensa en sí mismo, decía S. Bernardo. La flor florece porque florece, sin un porqué, decía también Ángel Silesio. Es la montaña que florece en la amapola, todo el universo que medita en mí. ¡Ojalá pueda enrojecer de alegría durante toda mi vida!
MEDITA COMO EL OCÉANO
El staretz le pidió después que aprendiera del océano para meditar. Ya sabia sentarse y permanecer atento con la columna bien recta; aprendió con el rumor de las olas a respirar: inspiro, expiro, como el ritmo perenne de las ondas marinas. Pero este ejercicio de respiración le llevó al descubrimiento de una paz interior, como descubrió que debajo de las olas se encierra el océano que permanece tranquilo. Las olas surgen del fondo del océano, pero éste permanece siempre tranquilo, con toda su energía.
El que escucha atentamente su respiración, me dijo el monje Serafín, no está lejos de Dios. Escucha quien yace al límite de tu respiración. Escucha a quien se encuentra al principio de tu inspiración. Efectivamente antes y después de cada respiro hay algunos segundos de silencio, más profundos que el flujo y el reflujo de las olas; había algo que nos traia el océano...
MEDITA COMO UN PÁJARO
No bastaba con aprender a acordarse con el ritmo del respiro; por último, el maestro Serafín le propuso que intentar meditar como una tórtola. Le explicó que la palabra que designa la meditación en el Antiguo Testamento quiere decir algo así como murmurar a media voz. Meditar es respirar cantando, repitiendo pequeñas frases (jKirie, eleison!, ¡Bendito seas, Señor!, ¡Envia, Señor, tu Espíritu!...) En principio hay que hacerlo sin pensar siquiera en su significado, sino dejándote poseer por las palabras, dejando que salgan de lo profundo d.e tu corazón...
Después de algunos días, el Kirie, eleison le acompañaba como el murmullo de una abeja cuando fabrica la miel. No siempre lo repetía con los labios. Entonces el murmullo se hacía más interior y su vibración más profunda. El Kirie, que había renunciado a comprender su sentido, lo llevaba alguna que otra vez a un silencio desconocido. La invocación lo sumergía poco a poco en un clima de respeto intenso hacia todo lo que existe, y también de adoración hacia lo que está escondido y existe en la raíz de todo lo que existe. Entonces me dijo ei P. Serafín: Ahora no estás lejos de meditar como un hombre...
Hasta ahora sólo hemos preparado nuestro corazón para llegar al borde de la oración; los pasos más importantes estan por dar. Entramos en el ámbito de la fe, como respuesta personal a un Tú que nos aparece en los acontecimientos más sencillos y cotidianos. Meditar desde la fe supone descubrir la realidad habitada por una Presencia, por un Absoluto, por una Fuente, por una Vida...
MEDITAR COMO ABRAHAM
Para el P. Serafin, la figura de Abraham era ejemplo de tres actitudes que tienen que estar presentes en toda oración:
LA HOSPITALIDAD:
estando bajo la encina de Mambré, Abraham acogerá a tres visitantes que se mostrarán como emisarios de Dios; para el orante cada persona es una Presencia sagrada. Meditar como Abraham significa ver a Dios en los demás.
LA MISERICORDIA (la intercesión):
en cierta ocasión, Abraham intercedió por los habitantes de Sodoma; esta imagen impresionante (Abraham regateando con Dios) es modelo de la intercesión que todo orante ejerce por todos los seres humanos.
EL SACRIFICIO:
pero Abraham es ejemplo también de entrega total y absoluta a Dios. En el sacrificio de Isaac, es ejemplo de una total confianza en Dios (Dios proveerá), de un desprendimiento total, pues nada nos pertenece.
MEDITAR COMO JESÚS
Meditar como Jesús es recapitular todas las formas anteriores desde la experiencia íntima de llamar a Dios Abba.
El joven le preguntó al maestro: ¿Por qué no me hablas nunca de Jesús?. El P. Serafin parecía turbado, como si le hubiera preguntado algo indecente, como si le pidiera que le revelara su secreto más íntimo. Mientras más grande es la verdad recibida, mayor tiene que ser la humildad para transmitirla: Esto, solo el Espíritu Santo te lo puede enseñar... Tienes que hacerte hijo para rezar con el Hijo y tener con Aquél que Él llama nuestro Padre las mismas relaciones de intimidad, y esto sólo es fruto del Espíritu... El Evangelio se hará vivo en ti y te enseñará a rezar del modo justo.