La preparación remota
Aunque Dios tiene el poder para elevar a una persona a la contemplación en cualquier lugar y tiempo, hace falta preparar el terreno para que la siembra sea fructífera.
Hace falta preparar previamente:
Seria interesante marcarse un plan personal de oración, con su ritmo y duración; un plan que no debe ser ambicioso, ni demasiado discontinuo.
La preparación próxima
Conviene prepararse para entrar en un ambiente de oración. Ya hablamos de la dificultad para relajarse si pasamos de un ritmo frenético de actividad y queremos hallar el silencio; por propia experiencia sabemos que los acontecimientos nos pueden influir más de lo que pensamos. Si sospecho que voy a tener dificultades, es mejor dedicarle un tiempo más amplio a esta preparación.
Si es necesario conviene sostener alguna actividad intermedia: paseo, lectura...
La oración comienza siempre por un acto de fe. Soy consciente de con quién voy a estar y a qué voy. S. Ignacio propone en sus Ejercicios Espirituales esta oración en toda ocasión que se quiera rezar. Conviene utilizarla o usar palabras propias parecidas:
Pedir gracia a Dios nuestro Señor, para que todas mis intenciones, acciones y operaciones sean puramente ordenadas en servicio y alabanza de su divina majestad (EE 46)
No olvidemos que la oración es un don de Dios; la puerta de la contemplación es la humildad, el sentimiento de criatura, que sólo busca ordenarse hacia Dios y su alabanza.