|
Los subordinados de un líder
autoritario generalmente sienten resentimiento, el
cual puede ser expresado de manera abierta o
indirecta. Cuando el resentimiento se manifiesta de
manera abierta, eventualmente puede llevar a la
rebeldía o la sublevación. Cuando el resentimiento
no se expresa, la conformidad y aparente sumisión
pueden caracterizar a la relación.
Tal como fue en los días de la
esclavitud, el obrero dice “Sí, patrón”. Sin
embargo, detrás de su aparente sumisión, a menudo
existe una resistencia pasiva que socava el trabajo
que hay que hacer. Muchas veces surgen problemas
“misteriosos” que obstruyen el trabajo y para los
cuales no se encuentra un responsable. Es común que
las tareas se lleven a cabo lentamente y la
iniciativa es virtualmente desconocida.
En
este tipo de liderazgo se limita el aporte de ideas,
la creatividad, la iniciativa, la aceptación del
cambio, la toma de riesgos, la confianza, el aumento
de productividad, competencia y solidaridad.
Por lo tanto considero que se debería trabajar con
un liderazgo participativo, donde pretende disminuir
los niveles jerárquicos y procura, en toda
circunstancia, acercarse a las bases de la
organización. Esto no lo hace con un sentido
demagógico, sino que busca el compromiso de las
personas desde una base grupal.
Debe comprenderse que la influencia que el líder
ejerce sobre sus subordinados, no está basada en la
autoridad que le da su rango o posición jerárquica;
más bien se basa en su capacidad técnica y
profesional, en el conocimiento de la organización
que dirige, en comunicaciones abiertas, fluidas y
expeditas y en un sentido de camaradería que
favorece la formación de grupos de trabajo; en
definitiva, que faculta a los subordinados
para actuar con independencia y para tomar
decisiones en el ámbito de sus capacidades y
habilidades distintivas.
Para que una organización, en un
entorno abierto, turbulento, competitivo y con
recursos escasos, resuelva sus problemas y enfrente
con éxito dificultades y desafíos, necesariamente
requiere una fuerza de trabajo leal, creativa y
dispuesta a asumir riesgos, sacrificios y
compromisos; e incluso postergar sus propias metas
individuales o grupales, haciendo suyas las de la
organización. Es cierto que es difícil que una
organización con un liderazgo autoritario logre que
su personal asuma riesgos y se comprometa con ella.
La propia dinámica de la estructura autoritaria
tiende a separar los jefes de sus subordinados.
No ocurre lo mismo en una organización
participativa, en la cual existe confianza mutua y
deseo de ayudarse solidariamente. Una organización
de este tipo posee un líder diferente; un líder que
es capaz de admitir carencias, fallas o errores;
que no teme a desnudar sus sentimientos y emociones,
y que por lo mismo los expresa; y comprende la de
sus subordinados. Es un líder que cree en las
personas y hace de esta creencia una filosofía de
vida. Naturalmente que una conducta como la
señalada, íntegra y consecuente, genera confianza,
solidaridad y el compromiso de los subordinados.
Logra buenas iniciativas; aporte de ideas y
experiencias, mayor entusiasmo y calidez humana.
El liderazgo participativo es una herramienta
adecuada que permite el crecimiento personal de los
miembros de la organización, en cuanto los faculta,
permite y facilita que asuman niveles de
responsabilidad más altos.
No es necesario argumentar demasiado para
comprender que en la situación que comentamos es
evidente la necesidad de que el personal goce de
confianza y seguridad; que aún cuando pueda cometer
errores sienta que puede tomar decisiones en equipo,
con autonomía y eficiencia.
Las organizaciones con líderes participativos, que
comparten información y están con las personas,
tienen también subordinados que los siguen
libremente, aún en las más difíciles circunstancias
y por lo mismo no le asustan los desafíos, la falta
de recursos o las amenazas del entorno. La
excelencia la logra la gente, los líderes sólo fijan
el rumbo y lo mantienen.
|