Foro
Cultural Latinoamericano a distancia: Globalización e Identidad Nacional.
UNA CONJUNCIÓN UTÓPICA: DESARROLLO SUSTENTABLE
TECNOLOGÍA Y GLOBALIZACIÓN
por Daniel Murillo
Introducción y búsqueda de
una convergencia No puedes entrar dos veces en el mismo río. Heráclito
En su libro El espejo enterrado, el escritor Carlos Fuentes asevera, en la última
página: "Los Estados democráticos en la América Latina están desafiados a
hacer algo que hasta ahora sólo se esperaba de las revoluciones: alcanzar el
desarrollo económico junto con la democracia y la justicia social. Durante los
pasados quinientos años, la medida de nuestro fracaso ha sido la incapacidad
para lograr esto. La oportunidad de hacerlo a partir de hoy es nuestra única
esperanza". ¿Visión utópica? ¿Potencial pensante y humano? La pregunta
esencial es si de veras es posible conjuntar al desarrollo económico con la
democracia y la justicia social y no estamos hablando de una utopía.
El concepto de desarrollo
sostenible introducido en 1987 por la Comisión Brundtland parecería introducir
esta convergencia de dimensiones, de una manera precaria. Pero el propio
adjetivo puesto a la palabra desarrollo trae consecuencias en su concepción. En
este trabajo adoptaremos el término desarrollo sustentable, con fines de
utilizarlo adecuadamente. El reporte Bruntland define al desarrollo sostenible
como "aquel desarrollo que satisface las necesidades de las presentes
generaciones sin comprometer la habilidad de las futuras para satisfacer sus
propias necesidades". Frente a ello autores como Bojo, Maler y Unemo
(1990) proponen la siguiente definición, en vista de que, llevada al extremo,
la definición de la Comisión Bruntland parecería indicar que no pueden usarse
recursos que en sí mismos no son renovables, como los metales o el petróleo:
"el desarrollo económico en un área específica (región, nación, el globo)
es sostenible si la reserva total de recursos -capital humano, capital físico,
reproductivo, recursos ambientales, recursos agotables- no decrece con el
tiempo". Sin embargo, esta definición también trae aparejado el problema
del reduccionismo económico: todo se mide en términos economiscistas; se trata
de conjuntar datos ambientales y económicos como si las necesidades humanas
quedaran de lado. Una definición, entonces, excluye a la otra.
En una perspectiva
neo-marxista, Michael Redclift (1987) propone incluir algunos indicadores como
el consenso y la equidad, el conocimiento y la responsabilidad, los paradigmas
competentes, la conciencia ambiental y la acción política, y las diferencias
globales. Por ello, Redclift se pregunta: Can we preserve
environmental goals as both an escape from materialism and a way of enhancing
material benefits? Perhaps we need to acknowledge different links between the
unease people feel with the way their environments are currently managed, and
their ethical conmitment to do something about it. Before we can address any of
these questions we need to establish the relationship between existing
behaviour, economics systems and social institutions, and changes in values. At
the same time, our values cannot change without society changing. Con ello, Redclift pone en la mesa de discusión los
aspectos de identidad, tradiciones y conocimientos por un lado, y por otro, la
diversidad-homogeneización en los tiempos de globalización actual. ¿Cómo hallar
el justo medio entre el sistema económico y la ideología neoliberal tras de él
y el desarrollo sustentable, entonces? Gustavo Esteva (1997) plantea su crítica
a la definición de desarrollo sostenible de la Comisión Bruntland y denuncia:
"En esta interpretación convencional, empero, se ha concebido al
desarrollo sostenible como una estrategia para sostener el desarrollo, no para
apoyar el florecimiento y la perduración de una vida social y natural
infinitamente diversa". Este va parte del hecho de que, desde el siglo
XVIII, el concepto de desarrollo estaba orientado al establecimiento de
políticas económicas con preponderación a la ruta que marcaran los capitales.
Actualmente, la globalización
es la resurrección de este concepto, mismo que se ha alzado como una gran
explicación a los dilemas de nuestro tiempo -el fin de milenio, ¿el fin de la
historia?- y que, apunto, no es sino la confusión de significados, tal y como
lo mencioné antes ya con el de desarrollo sustentable. La globalización no es
un fenómeno nuevo. Jorge Silva Castillo (1996) en su introducción al poema de
Gilgamesh, habla sobre el intercambio comercial del antiguo pueblo mesopotámico
y habla de la región como una con la característica esencial de ser
pluricultural. Es de llamar la atención el contexto en que Silva Castillo
(1996) sitúa la epopeya del poema babilonio, que cito: Todo esto, hasta fines
del cuarto milenio...Por entonces acaece un fenómeno político de enormes
consecuencias: se inicia una época heroica. ¡Heroica y conflictiva! Las
ciudades han crecido y su expansión trae consigo, como consecuencia lógica, el
choque de unas con otras. Los choques, a su vez, dan oportunidad a los más
audaces hacerse de poder, primero temporalmente, mientras dura la crisis,
después permanentemente, cuando la crisis deja de ser un accidente y se vuelve
el modo normal de las relaciones interestatales.
El intercambio comercial del
pueblo mesopotámico era un centro vital de la economía: madera, piedras
preciosas y minerales, excedentes agrícolas. Y se extendía hasta donde la
tecnología conocida lo permitía. En el caso del fenómeno de globalización
actual, lo observable no es el propio fenómeno, sino las formas, a través de la
tecnología, que le han dado realce y que lo transforman en un mito actual. El
término, acuñado como globalización, pero utilizado también como
mundialización, no es sino un fenómeno antiguo con nuevas extensiones de
acuerdo con las nuevas tecnologías o las tecnologías de punta: los satélites,
los medios masivos de comunicación, la Internet, las telecomunicaciones, la
facilidad de transportación. ¿Una posible conjunción? Se establecen
comunicaciones reguladas, gracias al juego de la lengua, entre diversas
funciones de la palabra y, en ella, entre diversos sedimentos o diversas
regiones de la cultura. Jacques Derrida Boutal, citado por Villavivencio y
Arvantis (1994), propone una definición de tecnología lo bastante completa para
dejarla pasar: "la técnica constituye el conjunto de procedimientos
utilizables en la investigación y la transformación de la naturaleza para
producir una obra u obtener un resultado determinado, y la tecnología consiste
en la capacidad de conceptualizar o describir, codificar o explicar, expresar o
determinar una cierta diversidad de modos de investigación y de
transformación".
Sin embargo, dos tendencias
son las que describen a la tecnología actualmente. Una, la mencionada, que
contiene elementos que tienen que ver con el medio ambiente y separan los
conceptos de técnica y tecnología y otra, que se refiere al uso instrumental y
que define tecnología como artefactos. En las dos, lo importante es el proceso
de "creación" tecnológico, desde el punto de vista del
científico-técnico y no desde el punto de vista de las comunidades o usuarios
de dicha tecnología. Villavicencio y Arvantis (1994) introducen el término de
"aprendizaje tecnológico" como uno que permite la innovación, es decir,
"responder a desequilibrios impuestos por la técnica, la mano de obra o el
mercado" y lo aplican a empresas. Pero, de hecho, el proceso tecnológico
debería contener en sí mismo el proceso de aprendizaje, en una búsqueda de
contener al otro, al usuario, a las necesidades reales y al contexto. Por ello,
en un trabajo anterior propongo un modelo tecnológico incluyente. Misma idea
tienen Villavicencio y Arvantis (1994) cuando hacen mención a que: "De
modo que para que haya transferencia de tecnología se debe apoyar en un
mecanismo social poderoso de intercambio y de relaciones sociales". La
tecnología, como mencioné arriba, ha hecho crecer el mito de la globalización.
Y es precisamente dentro de su concepto actual que la tecnología encuentra un
eco: parecería que la globalización está supeditada a la tecnología. Héctor
Schmucler tiene razón: "La máquina tiene la marca del hombre y no a la
inversa".
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