LA MEDITACION

"... Una sola meditación puede cambiar a una persona, pues le ha permitido desprenderse para siempre de una parte del falso yo.
Sin que nos demos cuenta, el aferrarse a viejos sentimientos y hábitos, al condicionamiento de toda una vida, requiere esfuerzo. El
yo aislado se defiende permaneciendo constantemente en alerta. Esta situación es amenazante? Esa persona va a hacer lo que
yo quiero? La necesidad de protegernos psicológicamente puede ser tan sutil que no reparemos en ella, pero ocupa un aparte
enorme de la vida inconsciente.
Tal como lo hemos visto, la meditación no tiene nada que ver con los significados. El viejo condicionamiento se desprende sin
que lo sintamos ni hablemos de él, sin tener la experiencia consciente de haberlo soltado. En cambio, a la mente se le muestra
cómo pasar de la actividad al silencio y este proceso logra los resultados deseados. Las tensiones se encuentran en la brecha
entre la mente activa y la silenciosa; basta tocar esa brecha con la conciencia para liberarlas. Puesto que se requiere actividad
mental para mantener en marcha el falso yo, poner fin a la actividad afloja la sujeción del falso yo. No se trata de que uno intente
desprenderse de sus miedos; ellos se desprenden de uno". Ibid.p. 207-208

 
"Por definición, solo se puede amar incondicionalmente a alguien si nuestro amor no se altera, ocurra lo que ocurriere y haga lo que
hiciere esa otra  persona. Este aspecto del "ocurra lo que ocurriere" implica un esfuerzo de voluntad sobrehumano. No podemos
sino imaginar un santo de yeso que devuelva dulzura y luz a cambio de rudeza, ira, celos, desconsideración y a cualquier otra
conducta desamorada. Pese a toda su aparente bondad, esta situación huele a autorepresión y hasta a masoquismo. La versión
que los rishis dan del amor incondicional no contiene esfuerzo alguno. La persona que ama "ocurra lo que ocurriere" no hace sino
seguir su naturaleza. En realidad, es todo que se puede pedir a nadie. Es ineludible actuar según nuestro propio nivel de
conciencia. A fin de sentirme con deseos de sonreir; de lo contrario mi conducta sería calculada. Tal como lo hemos visto, el
cálculo es la estrategia primaria del falso yo. Debe calcular cuándo sonreir porque tiene mucho miedo de exhibir las emociones que
siente en realidad. El tacto y la diplomacia, que casi todos aplaudimos como "buena conducta", también puede ser la sutil
habilidad de mentir" Ibid, p. 211

 
"Cuando me siento a meditar, mi experiencia interior se puede describir mejor por lo que no hago; no concentro la mente ni
contemplo idea alguna. No estoy en actitud espiritual ni introspectiva. No cuento, ni cronometro ni domino la respiración. No hago
ningún esfuerzo para que vengan o desaparezcan ciertos pensamientos. No trato de inducir o evitar ninguna sensación en especial.
No presto una antención particular a mi cuerpo ni trato de relajar ninguna parte de él. Si empiezo a dormirme, no resisto el impulso.
Qué es lo que estoy haciendo, pues? La mejor respuesta es que, simplemente no estoy haciendo. Estoy dedicado a hacer que la
actividad normal de la mente se convierta en silencio, pero sin obligarla. Estoy llegando mas allá del ruido interior de los
pensamientos y las sensaciones, a fin de descubrir cómo es, en verdad, el testigo silencioso que hay dentro de mí. Es así como
la mente se abre naturalemente a sí misma y se cura." Ibid, p. 204

 
Los antiguos richis (sabios) dominaron este arte (de la meditación) tan exigente después de observar que la mente tiene varias
capas.... observaron que las capas mas profundas de la mente no estaban en movimiento como las superficiales. Esta penetración
psicológica los llevó a comprender que la meditación debe ser un proceso vertical, una zambullida en las profundidades de la
mente, no un forcejeo en la superficie. De algún modo, la atención del meditador debe atravesar la caótica actividad superficial de la
mente, pasar por todas las capas del pensamiento sutil y, por fin, llegar al silencio... la meditación es como pasar
subrepticiamente entre un grupo de elefantes dormidos sin despertarlos. A fin de sumergirse a través de todas las capas de la
mente, se necesita un vehículo que pueda llevarlo mas allá del proceso de pensamiento. En la meditación trascendental, el vehículo
se llama MANTRA, un sonido mental específico que deriva del sánscrito, pero sin significado verbal.

Cada mantra se elige solo por su capacidad de llevar gradualmente la atención de una persona a niveles cada vez mas silenciosos
de la mente..." Ibid, p. 206
 

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