Cabeza
Los dinosaurios cornudos y los grandes carnívoros tenían enormes cabezas con poderosas mandíbulas. Los saurópodos que tenían un tamaño de algunos elefantes su cabeza no pasaba del tamaño que la de un caballo. Los pequeños terópodos y la mayor parte de los ornistiquios tenían cabezas y mandíbulas de un tamaño moderado. Por debajo de la piel, en los lados de los cráneos estaban perforados por unas ventanas como en otros arcosaurios.
Crestas
Los dinosaurios con cresta a menudo tenían vistosas
protuberancias, crestas o púas en la cabeza. Al igual que los lagartos
exhiben sus vivos colores y las aves se engalanan con sus plumas, algunos dinosaurios
también destacaban gracias a su cresta de curiosa forma.
Los dinosaurios con cresta vivían en rebaños y, como otros animales
sociales actuales, se comunicaban con otros miembros del grupo. Para eso, primero
tenían que atraer su atención, los dinosaurios con cresta tenían
protuberancias en la cabeza.
El Oviraptor era un dinosaurio con cresta que robaba huevos de los nidos desprotegidos
de otros dinosaurios. No todos los cráneos suyos encontrados tenían
cresta. Los científicos creen que sólo los machos la poseían.
Podía distinguir si otro miembro de su especie era macho o hembra fijándose
en la cresta.
La cresta ayudaba a estos dinosaurios a identificar a otros miembros de su grupo
familiar. Las crías de hadrosaurio presentaban pequeñas protuberancias,
mientras los adultos tenían crestas completas.
En la época de apareamiento, los machos de las aves intentan llamar la
atención de las hembras. Se atusan las plumas y exhiben sus bellos colores.
Los machos de los dinosaurios quizá usaban su cresta con idéntica
finalidad.
Algunos dinosaurios tenían crestas muy curiosas. El Dilophosaurus era
un carnívoro que recibió su nombre por el extraño bulto
de su cabeza; significa reptil con dos crestas porque presentaban dos rebordes
altos y estrechos que recorrían todo su cráneo. Probablemente
usaba esta cresta para indicar a los amigos dónde estaba y con el fin
de ahuyentar a los enemigos.
Los cuernos
Había cuernos de dinosaurio de todos los tamaños
y formas.
Los cuernos de los dinosaurios eran de hueso y estaban cubiertos de una capa
córnea protectora. En el cráneo fósil de un dinosaurio
con cuernos se ve sólo la parte ósea; el revestimiento del cuerno
no se ha fosilizado.
Los ceratópsidos tenían largos cuernos en el morro y otros menores
en la frente. Los cuernos del morro estaban situados para ensartar por el
vientre a sus enemigos como los terribles tiranosáuridos.
Sus impresionantes cuernos y su corpulencia convirtieron al ceratópsido
más grande, el Triceratops, en uno de los herbívoros más
poderosos. Pertenece al grupo de los que tenían cuernos en la frente,
apuntando hacia delante y arriba; eran unas defensas extraordinarias, que
dirigían al rostro o al cuello.
Casi todos los dinosaurios con cuernos eran herbívoros que vivían
pacíficamente en pequeños grupos. Aunque el antes mencionado
Triceratops tenía cuernos un poco más de 1 metro de largo, probablemente
intentaba evitar las peleas antes de atacar y arriesgarse a ser herido de
gravedad. Como un toro dispuesto a embestir, agachaba la cabeza, sacudiendo
los cuernos para hacer huir al depredador. Los que tenían un sólo
cuerno muy largo en la nariz, quizá se limitaban a mostrar su costado
al agresor esperando asustarlo. Los cuernos largos tal vez atraían
también a las hembras.
Los ceratópsidos probablemente luchaban sólo si se veían
obligados a defenderse o proteger a su grupo. En un mismo grupo se producían
lugar entre machos rivales por obtener la jefatura o por aparearse con las
hembras; entrechocaban las cabezas y los cuernos, como los carneros actuales.
Los ceratópsidos no eran los únicos dinosaurios con cuernos.
El Carnotaurus, tenía unos pequeños cuernos en la frente. Los
del macho probablemente eran más largos de los de la hembra. Ello,
seguramente era lo que los distinguía.
El cerebro
Es probable que algunos dinosaurios fueran más listos que otros. Para distribuir
el grado de inteligencia de un dinosaurio, se necesita comparar el tamaño
del cerebro con el resto del cuerpo. En efecto, examinan el molde del cerebro
y determinan su peso. Después calculan el peso del cuerpo, y cuando disponen
de ambos catos, sólo tienen que sumar para saber qué porcentaje
del peso total del animal corresponde al cerebro.
Para saber el peso de un cerebro los científicos obtienen moldes de
la cavidad craneana de los distintos dinosaurios para estudiarlos. Rellenan
el espacio hueco del cráneo de un dinosaurio con un líquido
que al endurecerse toma la forma del cerebro.
Un dinosaurio con un cerebro relativamente pesado en comparación con
su cuerpo sería probablemente más inteligente que otro con un
cerebro más ligero.
Unos de los carnívoros pequeños, conocidos como la familia de
los troodóntidos, tenían el cerebro más desarrollado
que otros dinosaurios, y por tanto eran más rápidos y más
listos que los grandes saurópodos, los dinosaurios con el cerebro comparativamente
más pequeño.
Entre los últimos dinosaurios existió entre grupo, unos depredadores
muy listos, del tamaño de perros. Si no se hubieran extinguido, su
cerebro habría seguido evolucionando durante unos 70 millones de años.
Con una ventaja tan grande los dinosaurios quizá nos superarían
hoy en inteligencia.
Un gran dinosaurio carnívoro, el Tyrannosaurus rex, tenía la
cabeza muy grande, pero la parte del cerebro que empleaba para pensar era
minúsculo.
Cuatro niveles en inteligencia:
Los mejores del grupo eran carnívoros pequeños. Eran rápidos,
con agudos sentidos y hábiles para atrapar animales más pequeños.
Después vendrían los grandes dinosaurios carnívoros y
los ornitópodos. Los últimos mostraban habilidad para descubrir
a sus enemigos, y algunos podían huir corriendo sobre dos patas.
A continuación todo tipo de dinosaurios acorazados, tireóforos
y ceratópsidos. No necesitaban tan buenos reflejos. Ante una amenaza,
quedaban protegidos por sus cuernos, púas y armaduras.
Los últimos serían los saurópodos. Con sus ligeros cerebros,
pasaba casi toda su vida buscando comida, siempre en movimiento.
La vista
Los dinosaurios necesitaban mantener los ojos bien
abiertos. Tenían que evitar el peligro, encontrar comida y reconocer
a los de su propia especie o a su pareja.
La familia de los carnívoros troodóntidos incluía al Troodon,
el cual probablemente era el dinosaurio con la vista más aguda. Sus ojos
eran muy grandes. No sólo veía perfectamente a la luz del día,
sino que probablemente también veía muy bien de noche.
Las pupilas de tus ojos son redondas. Cuando oscurece, se agrandan para dejar
pasar más luz. Cuando luce un sol radiante, se encogen.
Algunos dinosaurios tenían unas prominencias óseas circulares
alrededor de los ojos que soportaban los globos oculares y ayudaban a enfocar
la vista.
Los científicos creen que es bastante posible que algunos de los dinosaurios
cazadores de grandes ojos tuvieran una vista parecía a las modernas aves
rapaces.
Los dinosaurios podían distinguir los colores.
Los ojos de los dinosaurios herbívoros estaban situados a ambos lados
de la cabeza para descubrir los peligros, pero los de los depredadores carnívoros,
apuntaban hacia delante para divisar a sus presas con facilidad.
El olfato
Los dinosaurios usaban el olfato para descubrir un depredador
peligroso y localizar los alimentos más sabrosos. Estudiando moldes del
cerebro de los dinosaurios, los científicos han averiguado que la parte
del cerebro donde reside el sentido del olfato era bastante grande. Esto significa
que casi todos los dinosaurios tenían bien desarrollado este sentido.
Los hadrosáuridos probablemente podían oler a los depredadores.
Algunos dinosaurios usaban las fosas nasales para localizar su próximo
almuerzo. Los depredadores, como los carroñeros, cazaban de olfato. Pero
aunque la mayoría de los dinosaurios tenían bien desarrollado
este sentido, no podían seguir un rastro.
Algunos saurópodos tenían las fosas nasales muy grandes. En lugar
de estas situadas al final del hocico las tenían en la frente. Los expertos
no están seguros por qué se encontraban tan arriba, pero algunos
sospechan que esta particularidad permitía a los enormes dinosaurios
comer plantas acuáticas y respirar aire fresco.
Los dinosaurios que luchaban a cabezazos, los paquicefalosaurios, necesitaban
tener la nariz muy dura, ya que usaban la parte delantera del cráneo
para embestir a otros dinosaurios.
Algunos dinosaurios usaban la nariz para emitir sonidos. Muchos de los pico
de pato sin cresta, quizá hincharan una bolsa de piel situada sobre sus
fosas nasales cuando querían trompetear a otro dinosaurio.
Algunos dinosaurios tenían bultos, cuernos ó prominencias en el
hocico.
El oído
Los dinosaurios tenían orificios auditivos muy pequeños y muy próximos
al punto donde la cabeza se unía al cuello.
Los fósiles de algunos dinosaurios están tan bien conservados
que los científicos han podido estudiar los minúsculos huesos
del interior de su oído. Por las pruebas encontradas, los expertos creen
que probablemente podían oír bastante bien. Resultaba difícil
acercarse a los dinosaurios sin ser descubierto, siempre podían oír
acercarse a un enemigo. Los hadrosaurios pasaban gran parte del tiempo alimentándose,
con la cabeza gacha; quizá la subían de vez en cuando para vigilar.
Si los hadrosaurios oían un ruido peligroso, daban la alarma a los otros
miembros del rebaño. Los hadrosaurios crestados también emitían
su bramido con su cresta en la época de celo. Los dinosaurios hubieron
de tener un buen oído para distinguir estos mensajes acústicos.
El sonido penetraba por el orificio lateral del cráneo del dinosaurio
y descendía por un breve conducto hasta llegar con el tímpano.
Las ondas sonoras hacían vibrar el tímpano, y este movimiento
se transmitía a un huesecillo del oído medio que transportaba
las vibraciones hasta el oído interior, recubierto de terminaciones nerviosas.
Estos nervios transmitían los mensajes sobre los sonidos al cerebro del
dinosaurio.
Los picos
No todos los dinosaurios
tenían pico. Algunos tenían tantos dientes, que no necesitaban
pico. Pero el pico era un instrumento esencial para los dinosaurios que comían
hojas y ramas duras.
Helechos, cicadáceas, palmeras y robles crecieron durante el período
Cretácico. Aunque esas plantas tenían hojas bastante frágiles,
sus tallos eran duros y leñosos. Al igual que los jardineros usan cuchillas
para podar los arbustos, algunos dinosaurios estaban provistos de un pico afilado
para cortar los tallos.
El Psittacosaurus se considera el primer miembro del grupo de los ceratopsios.
Sus dientes no estaban tan desarrollados como sus parientes posteriores, pero
tenía un pico curvo y afilado, lo mismo que el resto del grupo. Su hocico
era tan parecido al de un ave, que los expertos que los descubrieron lo llamaron
reptil loro.
Con el tiempo, los ceratopsios o dinosaurios con cuernos desarrollaron picos
más eficaces. A finales del período Cretácico estaban ya
perfectamente diseñados para su objetivo. Muchos de los fueron unos de
los últimos dinosaurios conocidos que caminaron sobre la tierra. Sus
picos troceaban plantas grandes y duras, como una cizalla.
Un dinosaurio con cuernos podía almacenar hojas y tallos en sus carrillos.
La comida se trasladaba entonces a la parte posterior de la boca, donde hileras
de dientes la trituraban antes de que el dinosaurio la engullera.
El pico de los dinosaurios estaba en constante crecimiento.
El interior de un pico de dinosaurio era de hueso, cubierto por una capa córnea
que, como las garras y la piel de los dinosaurios, no se fosilizaba bien. Tenemos
conocimiento de ella porque los paleontólogos han encontrado algunos
cráneos poco comunes con la capa córnea cubriendo todavía
el pico.
Algunos expertos piensan que los dinosaurios con pico solían ser delicados
comiendo. Los dinosaurios de pico estrecho debieron de elegir brotes y cogollos
de aspecto sabroso. Los de pico de pato eran menos selectivos. Probablemente
usaban sus amplios picos para partir vegetación mezclada.
Las lenguas
Como la lengua no tiene huesos, no puede convertirse
en fósil. ¿Cómo sabemos entonces que los dinosaurios la
tenían? La lengua está unida a los huesos de la garganta y se
han encontrado muchos fósiles del cuello de los dinosaurios, pero nadie
sabe con seguridad cómo era su lengua.
Los hadrosaurios y los ceratópsidos probablemente tenían también
la lengua estrecha y vigorosa.
Algunos dinosaurios quizá tenían la lengua asombrosamente fuerte
y la usaban para tirar de su presa o agarrar ramas y hojas. Esta facultad se
conoce como lengua prensil.
Los dinosaurios carnívoros quizá tenían la lengua rugosa
y la usan para asearse y también para lamer hasta el último fragmento
de carne de un hueso.
Quizá los dinosaurios piscívoros tenian la lengua recubierta de
minúsculas púas muy útiles para capturar y sujetar presas
escurridizas.
Algunos dinosaurios insectívoros tienian la lengua increíblemente
larga.
Los dientes
Afilados como cuchillas, dentados como sierras o en forma
de hoja, los dientes nos pueden contar mucho sobre cómo vivieron los
dinosaurios. Si un científico encuentra una mandíbula tachonada
de colmillos puntiagudos, enseguida sabrá que estos dientes no pertenecían
a un pacífico vegetariano, sino a un carnívoro sediento de sangre.
Los dinosaurios carnívoros se podían permitir olvidarse de sus
dientes. Si uno se les rompía o se caía, les crecía otro
en su lugar.
Si mirásemos al microscopio un diente de un carnívoro veríamos
que el filo parece el de una sierra. Los dientes estaban además dirigidos
hacia el interior de la boca, para sujetar mejor la presa, que intentaría
escapar.
Los dinosaurios vegetarianos poseían unos dientes muy adecuados para
su dieta. Tenían los dientes diseñados para arrancar ramas y desmenuzar
y triturar plantas duras.
Algunos dinosaurios, como ciertos saurópodos, no tenían dientes
para masticar. Raían las hojas de las ramas con sus dientes, afilados
como lápices, y se las tragaban enteras. El estómago se encargaba
de descomponerlas.
Los ornitópodos sí podían desmenuzar la comida. Sus mandíbulas
inferiores se movían a un lado y a otro al abrir y cerrar la boca. Los
ornitópodos más recientes también podían masticar.
Tras el pico y las mandíbulas de algunos se escondían dos hileras
de dientes afilados. La hilera superior y la inferior encajaban perfectamente
al cerrar la boca, lo que ayudaba a desmenuzar la comida.
Los ceratópsidos tenían cientos de dientes. Estaban anclados en
la mandíbula con raíces en forma de V encajadas unas con otras.
Cuando cerraban la boca, sus dientes superiores e inferiores se movían
como una podadora, cortando la comida en trozos lo suficientemente pequeños
para ser tragados.
Los dinosaurios con pico pato tenían, algunos, miles de dientes fuertes
con los que trituraban los vegetales hasta convertirlos en pulpa. Los dientes
estaban unidos entre sí y formaban una pared sólida. Cuando el
dinosaurio masticaba, esas paredes machacaban las plantas.
Los cuellos
Largos, cortos, gruesos o finos, el cuello de cada dinosaurio
tenía la forma más adecuada. Les permitía arrancar carne
cruda de un hueso, llegar a las hojas más jugosas de un árbol,
combatir a un rival o frenar el ataque de un enemigo.
El cuello del Mamenchisaurus constaba de 19 vértebras. Los expertos
pensaban que mantenía tiene el cuello del animal, como ocurre con el
Diplodocus con 15 vértebras, pero los científicos actuales creen
que mantenían la cabeza muy alta para alcanzar las jugosas hojas altas
de los árboles.
Un problema que tenían los pequeños terópodos era que
sus presas, sobre todo insectos y pequeños reptiles, podían
huir a gran velocidad. Los terópodos pequeños tenían
el cuello largo y podían estirarlo en un segundo para atrapar a una
presa.
Los dinosaurios con pico de pato, sus columnas vertebrales descendían
bruscamente después de las paletillas y tenían el cuello muy
encorvado. Mantenían la cabeza pegada al suelo para poder comer matorrales.
Los huesos reforzados del cuello evitaban lesiones a los paquicefalosaurios
durante sus duelos a cabezazos. Sus cráneos muestran dónde los
superpoderosos músculos unían el cuello y la cabeza. El cuello
actuaba a modo de parachoques.
Los carnosaurios, necesitaban un cuello musculoso para mantener bien sujeta
su presa. Los músculos del cuello también les ayudaban a desgarrar
la carne del cadáver.
Los anquilosaurios presentaban hileras de placas óseas como defensa
de los carnívoros.
Las patas
Las patas de los dinosaurios se adecuaban a su tamaño
y su forma de vida. Los grandes y pesados herbívoros tenían patas
anchas y de base plana para distribuir el inmenso peso de sus cuerpos. Los dinosaurios
que se veían acosados de los depredadores necesitaban para adaptadas
a la carrera para poder escapar con rapidez. Eran diferentes de otros animales
prehistóricos. Fueron los primeros animales que caminaron erguidos sobre
sus cuatro patas. A pesar de este rasgo común entre todos los dinosaurios,
sus patas eran de todas las formas y tamaños, según sus diferentes
estilos de vida. Algunos dinosaurios presentaban mortíferas garras en
la punta de los dedos. Otros usaban las patas delanteras para cuando cazaban
y sujetaban las presas, y para atacar y defenderse. Los dinosaurios desarrollaron
las patas delanteras de formas distintas, algunas con sólo dos dedos,
y las usaban de distintas maneras. Algunos tenían las patas anteriores
fuertes, largas y prensiles; y otros pequeñas, cortas y débiles,
prácticamente inútiles. Veamos varios tipos de patas.
Los hadrosaurios eran dinosaurios con pico de pato que vivieron en diversas
partes del continente. No tenían garras afiladas par ahuyentar a los
depredadores. Se defendían huyendo, una manera menos espectacular. Confiaban
en su velocidad para ponerse a salvo cuando percibían señales
de peligro. Por fortuna, sus patas estaban perfectamente adaptadas para emprender
una veloz retirada. En lugar de afiladas garras, los fuertes y gruesos dedos
de sus patas acababan en anchos cascos de hueso. Estos cascos especiales les
ayudaban a mantener el equilibrio y pisar con firmeza cuando se alejaban a la
carrera de los depredadores. Aunque eran dinosaurios completamente distintos,
su esqueleto y el de los grandes terópodos se asimilaban en cierto modo.
Los dos se apoyaban sobre unas patas traseras muy fuertes, pero los hadrosaurios
y otros ornitópodos grandes, no poseían brazos, sino patas delanteras.
Cuando se cansaban de caminar sobre las patas traseras, se inclinaban hacia
delante sobre las delanteras y descansaba. Al igual que un canguro y un gorila
actuales, este dinosaurio también podía caminar a cuatro patas.
Esto era especialmente útil si pastaba entre las plantas bajas mientras
avanzaba. Lo sabemos porque en lugar de garras tenía pequeños
cascos en la punta de los dedos, que utilizaba para soportar el peso de la parte
delantera de su cuerpo. Los primeros paleontólogos descubrieron huellas
fósiles con marcas de piel entre los dedos. Pensaron que eran una prueba
de que estos dinosaurios tenían las patas palmeadas, como los patos actuales.
El Iguanodon era un pariente cercano de los hadrosaurios. Tenía cuatro
dedos y un pulgar asombroso. Los primeros eran anchos y estaban provistos de
uñas parecidas a cascos y estaban provistos de uñas parecidas
a cascos que ayudaban al dinosaurio a caminar. Los cuatro dedos formaban un
ángulo recto con la muñeca y los usaba para sujetar ramas. Su
pulgar era una mortífera púa con la que el herbívoro se
defendía.
Cuando los científicos vieron los primeros fósiles de un pequeño
ornitópodo llamado Hypsilophodon, creyeron que eran los de un ave prehistórica.
Sus dedos eran tan largos, que algunos expertos pensaron que su dueño
los usaba para colgarse de las ramas. Ahora creen que estaban perfectamente
adaptadas para alejarse corriendo de los depredadores, Esas patas terminaban
en cuatro dedos que podían extenderse y abarcar una amplia superficie.
Las patas de sus pequeños parientes eran muy similares. El Heterodontosaurus
era otro Ornitópodo pequeño. Los herbívoros no suelen estar
bien equipados para la lucha, pero estos pequeños dinosaurios eran una
excepción. Tenían las patas delanteras muy fuertes y podían
forcejear con los atacantes. Usaban las patas delanteras para defenderse. Eran
lo bastante fuertes para resultar útiles cuando un depredador se acercaba
demasiado. El Psittacosaurus tenía cuatro largos dedos en cada pata delantera.
Probablemente los usaba, sobre todo, para caminar, pero cuando divisaba un árbol
apetecible, se incorporaba sobre las patas traseras, alargaba las delanteras
y tiraba de la rama más apetitosa para acercarla a su pico de loro.
Muchos dinosaurios primitivos, como los prosaurópodos, tenían
cinco dedos, como las personas. El Plateosaurus, uno de ellos, doblaba hacia
atrás sus cinco dedos flexibles para apoyarse en el suelo. También
podía doblar los dedos hacia delante para sujetar y quizá excavar
el terreno en busca de raíces jugosas.
Algunos de los enormes saurópodos pesaban varias docenas de toneladas.
Cada una de las inmensas patas de estos colosos podrían compararse a
las de un elefante actual; de base ancha y circular, perfecta para evitar que
los animales se quedaran clavados en el suelo. Los huesos de sus patas eran
muy resistentes, y sus dedos podían abrirse para distribuir mejor el
peso de sus enormes cuerpos. Como las catedrales, que necesitan pilares enormes
para soportar techumbres tan pesadas, los saurópodos necesitaban patas
como columnas para aguantar su peso. Los omoplatos eran una parte muy importante
del esqueleto de los saurópodos. Unían las patas delanteras al
cuerpo, y aguantaban sus enormes cuerpos rollizos. Un omoplato de la mayoría
de ellos era tan grande como un humano adulto. Sus patas constituían
además el único medio de defensa, pues algunas veces tenían
que enfrentarse a coces a otros dinosaurios carnívoros. A pesar de que
los había que alcanzaban el equivalente al de varias docenas de coches
familiares sumados. Sus patas traseras los sostenían cuando alcanzaban
las hojas de los árboles. El fémur, hueso del muslo, de sus patas
traseras era completamente recto. Si hubiera presentado curvatura, aun en medida
mínima, la pierna hubiera resultado muy débil.
Los dromeosáuridos, como el Deinonychus, podía mantener su presa
a distancia. En el extremo de sus patas delanteras este dinosaurio tenía
tres garras parecidas a grandes garfios. Las patas delanteras eran lo bastante
largas como para tener apartada a su víctima mientras le asestaba zarpazos.
Las cicatrices encontradas en los huesos fosilizados muestran que tenía
los omoplatos y los brazos muy fuertes. Muchos expertos están de acuerdo
en que las aves evolucionaron a partir de un pequeño dinosaurio hace
millones de años. Los científicos observan las patas de los dinosaurios
e intentan adivinar cómo se convirtieron en alas. Donde las muñecas
del Deinonychus se unían a sus brazos había un hueso en forma
de luna, muy similar al hueso de las alas del Archaeopteryx, una de las primeras
aves. Las patas delanteras del Deinocherius eran más largas que un adulto
humano. Los expertos creen que era un dinosaurio muy parecido al avestruz. Quizá
se asemejara al Gallimimus, un dinosaurio avestruz, con las patas delanteras
bastante largas. Aunque las patas parecían letales, al Deinocherius quizá
sólo le servían para alcanzar las ramas con las hojas más
jugosas. Este dinosaurio comía además pequeños animales.
El inteligente Dromiceiomimus, y otros ornitomimosaurios, eran unos veloces
dinosaurios avestruz que cazaban pequeños animales de movimientos rápidos.
Tenían tres largos dedos en las patas delanteras, que usaban para sujetar
a sus víctimas. Es posible que arrancara frutos y bayas con sus dedos
provistos de garras para variar su dieta.
Los grandes terópodos no necesitaban huir del peligro corriendo. Normalmente,
ellos eran el peligro. Pocos dinosaurios tenían alguna oportunidad contra
sus afiladas garras. Contaban con cuatro dedos en cada pata trasera; uno de
ellos armado con una garra que apuntaba hacia atrás, ideal para rasgar
de un solo golpe el blando vientre de su presa. Los otros tres dedos también
disponían de garras, pero orientadas hacia delante. Las usaban para despedazar
a sus infortunadas víctimas. Algunos dinosaurios carnívoros bípedos
eran muy veloces. Para su tamaño, algunos de los más pequeños
tenían las patas más largas. Los dinosaurios de patas largas daban
grandes pasos, como los corredores de atletismo, con lo que cubrían las
distancias muy deprisa. Sus largos huesos y sus muslos musculosos alcanzaban
notables velocidades. Pero, a diferencia de sus patas traseras, las patas delanteras
de algunos eran ridículamente pequeñas. Uno de los dinosaurios
más feroces, el Carnotaurus, tenía un cuerpo enorme, dientes para
rasgar la carne y patas traseras muy fuertes, pero las delanteras eran cortas
y regordetas, más débiles que las de otros grandes carnívoros.
Probablemente no las usaba demasiado. En proporción a su tamaño,
el Tarbosaurus tenía las patas delanteras más pequeñas
que cualquier otro dinosaurio. Sólo contaba con dos dedos y muy débiles,
inadecuados para luchar. Pero los expertos creen que pudo usar las garras como
garfios para afianzarse sobre el terreno cuando se impulsaba para erguir su
pesado cuerpo. También recurría a dedos y garras para sujetar
las presas que se revolvían, mientras las desgarraba a dentelladas.
Las garras
Afiladas y letales o anchas y curvadas, las garras de
los dinosaurios les servían para atacar a sus presas o para defenderse
de otros dinosaurios. Muchos dinosaurios tenían garras de uno u otro
tipo. Algunos herbívoros, como los iguanodontes o los saurópodos,
las usaban para mantener a raya a sus enemigos. Sus temibles zarpas entraban
en acción cuando percibían algún peligro para ellos o sus
crías. Muchos carnívoros tenían garras afiladas como navajas
y con ellas mataban a sus presas. Algunos, de ellos, como veremos a continuación,
quizá las utilizaran para sacar a los peces fuera del agua. Ahora veremos
algunos tipos de garras más detenidamente.
Los iguanodontes eran herbívoros, tenían espolones en los pulgares
como mortíferas púas, en forma de cuerno y sobresaliendo perpendicularmente
a los lados de las patas delanteras. Cuando algunos de estos dinosaurios lo
acuchillaban, La punta, aguda como un alfiler, atravesaba la piel y la blanda
carne hasta que la ancha base de la pata la detenía. El espolón
tenía esta forma para extraerlo y clavarlo con rapidez.
La afilada garra que los saurópodos presentaban en cada pata delantera
entraba en acción como un resorte siempre que estos animales sufrían
el ataque de una manada de depredadores hambrientos. Ni la armadura más
gruesa sería de defensa ante un fuerte y lacerante golpe con esta zarpa
de aspecto torpe. Estaba diseñada pata aturdir al agresor y, al mismo
tiempo, clavarse en sus carnes. Una patada bien dirigida con una de estas garras,
propulsada por toda la potencia de los voluminosos cuerpos de estos dinosaurios,
haría retroceder a cualquier atacante.
Los barioníquidos, una familia de extraños carnosaurios, sólo
incluía a un dinosaurio llamado Baryonyx. Este dinosaurio tenía
unas largas garras como el antebrazo de una persona adulta. Se curvaban desde
la base y terminaban como una punta de lanza; con ellas podía rasgar
la carne de un instante. Cuando salían a relucir, rebanaban la piel y
los músculos de sus presas. La parte inferior era curva como una cuchara,
lo que permitía a este dinosaurio atrapar peces como lo hacen los osos
actuales.
Los dromeosáuridos y otros pequeños dinosaurios terópodos,
eran depredadores de veloz carrera. Tenían una zarpa en el segundo dedo
de cada pata trasera que parecía una guadaña levantada. Con ella
podían desgarrar la carne de sus víctimas con la misma facilidad
que una guadaña bien manejada. Cuando clavaban sus garras curvas en una
presa, a ésta le resultaba imposible zafarse de él. La ensartaban
con una garra y la desgarraban con la otra.
Las púas
Los dinosaurios tenían púas rígidas y punzantes sobre sus cuerpos y corazas.
Las corazas
Existieron dinosaurios acorazados, que desarrollaron su
propia armadura para resguardarse de los peligros. Tenían cientos de
placas óseas soldadas a la piel. Se cree que algunos, tenían hasta
un millar de ellas.
Los expertos creían que sólo tenían armadura los anquilosaurios.
Pero en 1980 cambiaron de opinión cuando se encontró un saurópodo
acorazado, al que se llamó Saltasaurus.
Calentándose y enfriándose
¿Cómo regulaban la temperatura
de su cuerpo? Una de las formas de mantener el calor era comer. Los saurópodos
gigantes tenían inmensos estómagos. Estaban comiendo todo el día,
por lo que su estómago estaba en uso constante. El trabajo de digerir
la comida generaba el calor que ayudaba a calentar el dinosaurio. ¡En
el estómago de un saurópodo debía de haber mucho ruido!.
Además de mantener el calor digiriendo la comida, los saurópodos
se movían. Si se calentaban demasiado tenian que volver a refrescarse,
respiraban velozmente por sus enormes fosas nasales, lo que ayudaba a enfriar
la sangre.
El Spinosaurus y el Ouranosaurus poseían velas de piel en el lomo que
les permitían calentar su sangre rápidamente cuando se ponía
al sol, y enfriarse cuando la vela no recibía los rayos directamente.
Algunos paleontólogos creen que las placas del dorso de los estegosaurios
quizá ayudaran también a regular la temperatura corporal del animal.
Las placas probablemente podían llenarse con gran cantidad de sangre
y vaciarse casi por completo.
Los expertos creen que cuando algunos dinosaurios se calentaban demasiado, distribuían
el calor por su cuerpo. Los científicos consideran que los dinosaurios
podrían tener bolsas de aire para absorber el calor o el frío.
El camuflaje
Nadie sabe de qué color eran los dinosaurios. Sólo
existen unos pocos fragmentos de piel fosilizada, y su color se desvaneció
hace millones de años.
Sin duda, los dinosaurios se dedicarían más tiempo a ocultarse
unos de otros que a luchar. Tenían que confundirse bien con el terreno
para evitar a un depredador o acercarse a una presa sin ser vistos.
Probablemente, algunos dinosaurios tenían vivos colores, como muchos
animales actuales. ¿Por qué? Hay varias razones de que fuera así.
En la naturaleza, los colores vivos a menudo transmiten un mensaje como: "Formo
parte de tu rebaño", o "Aléjate, soy venenoso".
La piel de los dinosaurios quizá presentaba esquemas acordes con su entorno.
Los hadrosaurios pudieron ser moteados, para reproducir los reflejos de la luz
solar sobre las plantas de las que se alimentaban o manchados, o rayados.
Algunos dinosaurios quizá podían cambiar de color. Si su alimento
se encontraba en las tierras bajas pantanosas, pero también pasaban tiempo
en las tierras altas y arenosas, tal vez cambiaran de color para adaptarse a
ambos lugares. Los pequeños herbívoros cambiarían de color
para confundirse con las distintas plantas de las que se alimentaban.
Si vivían en llanuras despejadas, algunos dinosaurios quizá tuvieran
colores y rayas que confundirían a sus enemigos. Algunos dinosaurios
pudieron presentar manchas..
En otros dinosaurios el dorso sería oscuro y el vientre claro, esta diferencia
de tonos dificulta distinguir el cuerpo del animal a distancia.
Esta mezcla de colores claros y oscuros actúa como camuflaje en distintos
entornos. En una llanura, a pleno sol, un depredador no podría ver el
vientre blanco. En un bosque con sombras, lo veía al huir la presa, pero
no percibiría su forma completa.
Es probable que las fantásticas crestas de los hadrosaurios tuvieran
todo tipo de colores. Quizá las usaran como banderas vistosas para alertar
a otros miembros del rebaño. Los colores les ayudarían a destacar
en los bosques oscuros, así distinguirse mutuamente con facilidad. Pero
los depredadores también podían distinguirlos.
¿Alguna vez te has preguntado por qué las avispas tienen rayas
amarillas y negras? En la naturaleza algunos colores indican peligro, como en
este caso. Avisan a los depredadores de que ese animal es venenoso.
Los animales aprenden a asociar experiencias desagradables con colores concretos:
si alguna vez una avispa les ha picado, en el futuro se alejarán de cualquier
animal con los mismos colores.
Quizá los dinosaurios tuvieran colores tan vivos como la asombrosa rana
arborícola sudamericana, que puede ser amarilla y negra, roja y negra,
toda morada o incluso verde, con patas moradas y ojos y dedos rojos. Estos colores
indican a los depredadores que las ranas arborícolas son venenosas. Su
veneno es tan potente que puede paralizar un ave o un mono casi al instante.
Pero, en realidad, las mejores defensas de las ranas son sus vivos colores.
Los colores de peligro evitan a estos animales ser atacados de entrada.
Algunos animales pueden presentar colores vivos o apagados según las
circunstancias. Las mariposas se comunican con otros miembros de su especie
gracias a sus vivos colores. Pero la parte baja de una mariposa suele ser pardo
mate. Cuando tiene que ocultarse de un depredador, la mariposa da un salto mortal
y se queda inmóvil. Quizá los dinosaurios podían hacer
algo parecido. Los ceratópsidos, quizá levantaban la placa ósea
del cuello para indicar a los miembros de la mandada dónde estaban, pero
las ocultaban rápidamente si veían acercarse a un enemigo.
Los pequeños dinosaurios indefensos, que no eran peligrosos, quizá
fingían serlo. Tal vez eran rojos y negros o amarillos y negros, los
colores de una especie peligrosa. También podían tener el mismo
tamaño y forma que un dinosaurio peligroso.
Los Troodon, pudieron mezclarse con un rebaño de sus presas, como el
Orodromeus, porque su tamaño y colores eran muy parecidos.
La piel
La piel de los dinosaurios estaba bien adaptada para vivir
sobre tierra. Dura y escamosa, permitía soportar la rudeza y los peligros
de la vida prehistórica.
Algunos de los más insignes buscadores de fósiles han sido incapaces
de encontrar pruebas de cómo era la piel del dinosaurio. Esto se debe
a que resulta muy difícil que la piel se fosilice. A menudo la piel se
destruye antes de que tenga tiempo de fosilizarse. Cuando muere un animal en
libertad la piel y la carne son las primeras partes del cuerpo que se descomponen.
Los carroñeros devoran sus restos antes de que se complete la putrefacción.
Sorprendentemente, se han encontrado en Canadá impresiones de piel fosilizada
de hadrosaurios. Los expertos creen que los lugares secos en los que vivían
estos animales han contribuido a que, tras su muerte, la piel se volviera muy
rápidamente dura y correosa. La arena iba cubriendo los cuerpos muertos
y se conservaba la piel del hadrosaurio.
La piel del dinosaurio era seca, no húmeda como la de los tritones o
las ranas. Como nuestra propia piel, les protegía de la lluvia y la humedad.
Estaba perfectamente adaptada a una vida en clima seco, y le protegía
de posibles heridas. Los saurópodos tenían la piel escamosa. Los
dinosaurios podrían desplazarse gracias a que las escamas estaban unidas
por pliegues a la piel. Los dinosaurios acorazados se fosilizaban con relativa
facilidad. Presentaban espinas y protuberancias como defensa. Los cocodrilos
actuales tienen prominencias similares. Algunos reptiles actuales, como la lagartija,
tienen escamas que se solapan como las tejas de un tejado. Otros, como el monstruo
de Gila, tienen las escamas claramente unidas, como los azulejos de un cuarto
de baño. Los dinosaurios poseían ambos tipos de piel, según
fueran acorazadas o flexibles. Cuando los artistas pintan dinosaurios, acostumbraban
a representarlos camuflados, pero nadie sabe de qué color eran. Algunos
reptiles actuales muestran colores brillantes. Esta particularidad les ayuda
a esconderse, atraer a la pareja. Los dinosaurios seguramente tendrían
la misma particularidad. Los animales que se confunden muy bien con su entorno
se dice que están camuflados. Los soldados se tiznan la cara y llevan
ropas que imitan el ambiente que les rodea para no destacar entre la maleza:
de la misma manera la piel de los dinosaurios probablemente presentaba dibujos
y colores para ayudarle a pasar inadvertido.
Las caderas
Los dinosaurios se dividen en dos grupos principales según la forma de sus caderas. En 1997,
Harry Govier Seeley hizo un importante descubrimiento. Vio que había
dos tipos de dinosaurios que se diferenciaban por la forma de sus caderas.
Las caderas de un grupo de dinosaurios eran distintas a las del otro. Este descubrimiento
fue muy importante porque permitió a los científicos distribuir
los distintos tipos de dinosaurios en dos tipos o suborden. Orden es el término
que utilizan los científicos para denominar un grupo específico
de animales.
Los subórdenes que descubrió Seeley se conocen como sauristiquios,
que significa "caderas de lagarto" y Ornistiquios, que significa "caderas
de ave".
Los sauristiquios fueron llamados así porque sus caderas eran similares
a las de los lagartos. El hueso frontal, o pubis, apuntaba hacia delante.
A los ornistiquios se les dio este nombre porque sus caderas se parecían
a las de las ves. El pubis apuntaba hacia atrás.
Los dinosaurios pertenecientes a cada uno de estos órdenes no se parecían;
unos caminaban a cuatro patas y otros no. Los que pertenecían al grupo
con caderas de lagarto eran carnívoros que andaban sobre dos patas o
terópodos, o enormes herbívoros que caminaban a cuatro patas,
o saurópodos.
Los dinosaurios con cadera de ave tenían un pico córneo. Algunos
avanzaban sobre dos patas y su complexión ligera les permitía
correr muy deprisa. Otros eran mucho más pesados y caminaban a cuatro
patas. También presentaba otras diferencias con los dinosaurios de caderas
de lagarto. Los ornistiquios eran herbívoros. Al final de la era de los
dinosaurios, había más ornistiquios que sauristiquios.
Muelles y tendones
Para moverse, los dinosaurios necesitaban, además de músculos, tendones que
les proporcionaban más elasticidad.
Todos los animales, incluyendo las personas, necesitan elasticidad: esto es,
la posibilidad de encogerse y estirarse. Intenta poner en pie con las rodillas
rígidas y verás lo fácil que es para cualquiera derribarte
de un empujón. Pero si las doblas, tienen más estabilidad. Los
músculos y tendones de las piernas te ayudan a doblar las rodillas y
correr. Cuando más elasticidad tengas, más rápido irás.
¿Qué es exactamente un tendón? Un tendón es una
cuerda fuerte, hecha de tejido, que une los músculos al hueso. Los mamíferos
almacenan lo que se conoce como energía elástica en los largos
tendones de sus patas para correr y saltar.
Los dinosaurios rápidos y ágiles tenían largos tendones
en las patas que se extendían desde los músculos de la pantorrilla,
a través de las articulaciones del tobillo y hasta la punta de los pies.
Cuando avanzaban a saltos, sus tendones se extendían y contraían
como si estuvieran provistas de un muelle.
Incluso los grandes dinosaurios bípedos poseían largos tendones
en las patas para darles elasticidad. Pero los saurópodos más
lentos acumulaban la energía elástica en gruesas almohadillas
de tejido situadas en las plantas de los pies, para levantar los tobillos durante
la carrera.
Los dinosaurios ornistiquios, como los tireóforos, tenían otro
tipo de tendón, de hueso, más resistente. A lo largo de su dorso,
estos dinosaurios contaban con largas ristras de tendones óseos sujetos
por los extremos de tendones óseos sujetos por los extremos mediante
tendones de tejido. Los tendones óseos más fuertes impedían
que la espalda se hundiera por el centro.
Los dinosaurios, como los paquicefalosaurios, tenían tendones óseos
en la espalda y la cola para protegerlos en sus duelos a cabezazos. Sus fuertes
tendones les evitaba sufrir tirones si daba un salto repentino.
Los anquilosáuridos con porra en la cola tenían una masa de tendones
óseos en la base de la cola que reforzaba el espinazo y mantenía
rígida aquélla.
Corazón y pulmones
Nadie sabe con seguridad cómo eran el corazón y los pulmones de un dinosaurio
porque los órganos no se fosilizan. Pero los científicos han reconstruido
su aspecto y funcionamiento.
Los saurópodos gigantes necesitaban un corazón muy potente para
hacer circular la sangre por su enorme cuerpo. Algunos científicos creen
ahora que estos grandes saurópodos tuvieran más de un corazón
para impulsar la sangre a tanta distancia.
Imagina la fuerza que debía de tener el corazón para bombear la
sangre de un extremo a otro del Brachiosaurus. Su cuello era realmente largo.
La cabeza se alzaba a más de siete metros por encima del corazón,
que tenía que haber sido muy grande y musculoso para poder bombear la
sangre a tanta altura.
El corazón de los dinosaurios probablemente tenía dos partes diferenciadas,
como el de los humanos. Una bombea la sangre hacia el cuerpo y otra hacia los
pulmones. En estos últimos la sangre capta oxígeno y vuelve, una
vez oxigenada, a la otra parte del corazón, desde donde es enviada al
resto del cuerpo. Las válvulas del corazón son como puertas que
se abren y se cierran en una sola dirección.
Cuando respiramos, absorbemos oxígeno, que llega a nuestros pulmones
por unos tubos conocidos como bronquios. En ellos se filtra el aire y se expulsan
los gases de desecho. Para inspirar y espirar, tenemos que usar los músculos
del pecho y del estómago. Los expertos creen que los dinosaurios respiraban
de una manera muy parecida a la nuestra. Saben el tamaño de los pulmones
de un dinosaurio observando las dimensiones de su caja torácica. Cuanta
más convexidad presenten las costillas, mayores serán los pulmones.
Se han encontrado esqueletos de algunos dinosaurios con agujeros en las vértebras.
Los científicos creen que contenían sacos aéreos. Las costillas
los comprimían, y se llenaban y se vaciaban como fuelles, impulsando
el aire de los pulmones dentro y fuera.
Aunque no podemos saber con seguridad a qué ritmo latía el corazón
de un dinosaurio, podemos imaginarlo observando el corazón de otros animales.
Sabemos que en los animales pequeños late con más rapidez que
en los mayores. El corazón de una persona late unas 70 veces por minuto.
Así, a un dinosaurio como el Triceratops, que tenía el tamaño
de un elefante, quizá el corazón le latiera unas 30 veces por
minuto.
El estómago
El estómago
de los dinosaurios variaba según el estilo de vida y sus hábitos
alimentarios. En general, en el estómago de los grandes herbívoros
había más actividad que en el de los carnívoros. Esto se
debe a que digerir vegetación dura es más complicado que digerir
carne.
Para muchos dinosaurios, la digestión empezaba en la boca, al masticar.
Esto también ocurre con los humanos. Los dientes trituran la comida hasta
convertirla en una pasta, y unos juegos digestivos especiales de la boca (la
saliva) descomponen el alimento, facilitando después la labor del estómago.
Cuando el gigantesco Brachiosaurus tragaba, la comida descendía por su
esófago, el largo tubo que va de la boca hasta el estómago. Los
músculos del esófago estrujaban la comida para hacerla avanzar,
como cuando se aprieta un tubo dentífrico.
Cuando el alimento llegaba al estómago, ya estaba medio digerido por
los jugos. Allí era convertido en una especia de sopa por los movimientos
ondulantes de los músculos. Después pasaba a los intestinos. Después
pasaba a los intestinos, donde se absorbía el alimento que contiene la
comida. El resto se excretaba de la forma habitual.
Algunos dinosaurios no tenían dientes trituradores. Los estegosaurios
y anquilosaurios se alimentaban de plantas blandas, arrancando pequeños
bocados que no hacía falta masticar. Su sistema digestivo era muy largo
porque esta comida se digiere muy lentamente.
Algunos saurópodos podían comer piñas de pino enteras y
alimentos parecidos porque engullían gastrolitos (piedras estomacales).
Mientras que los músculos removían la comida en el estómago,
las piedras ayudaban a triturarla hasta formar una pasta.
Los gigantescos saurópodos como el Brachiosaurus tenían un enorme
estómago e intestinos con muchos compartimentos diferentes. Necesitaban
todas estas cámaras para la complicada tarea de digerir la comida. Desde
el estómago, el alimento pastoso recorría los intestinos hasta
llegar a un ciego u órgano en forma de saco. Los microbios descomponían
aún más la comida.
Algunos carnívoros no masticaban la comida. Los dientes del Eustreptospondylus
no eran trituradores, sino afilados como cuchillas, y cortaban grandes pedazos
de carne de la presa, que se engullían enteros, pies la carne resulta
más fácil de digerir que las plantas.
Las colas
La mayoría de los dinosaurios usaban la cola para
defenderse de los depredadores. Al Diplodocus, por ejemplo, le caracterizaba
una cola muy larga, que usaba como látigo si se veía amenazado
por un enemigo. El Stegosaurus tenía espinas en la cola que podían
herir gravemente a un dinosaurio agresivo, y la cola en forma de porra del Euplocephalus
también era un peligro para los carnívoros. Sin embargo, éstos
no necesitaban emplear la cola para defenderse, puesto que contaban con garras
y dientes. Se servían de la cola para mantener el equilibro mientras
corrían.
Cerca del extremo de la cola, el Stegosaurus tenía dos pares de grandes
púas de hueso y con la punta muy aguzada. Ésas eran sus armas,
y las usaba para defenderse de los depredadores al acecho. Si le atacaban, el
Stegosaurus golpeaba con la cola, y las púas de clavaban profundamente
en la carne de su enemigo.
El Iguanodon no tenía la cola en forma de porra ni provista de espinas
para defenderse. Su arma eran los afilados espolones de los pulgares. Usaba
la cola, de 4 metros de longitud, para mantener el equilibrio cuando se incorporaba
y andaba sobre las patas traseras. Debido a la potencia de su cola, algunos
expertos creen que el Iguanodon se apoyaba a veces sobre ella, como los canguros
actuales.
El Deinonychus, carnívoro temible, tampoco necesitaba servirse de la
cola: atacaba con sus grandes garras curvas. Usaba la cola para mantener el
equilibrio, y la mantenía tiesa y paralela al suelo para correr. Se ponía
rígida mediante una especie de varillas óseas. Algunos paleontólogos
creen que el Deinonychus usaba la cola como timón para maniobrar y esquivar
los objetos durante la carrera.
Ni siquiera los mayores dinosaurios estaban a salvo de las agresiones. El Diplodocus
era enorme, pero tenía que usar la cola, tan larga como el resto de su
cuerpo, como látigo para defenderse de los depredadores carnívoros
como el Ceratosaurus. Un golpe certero con aquella cola tuvo que ser terrible
para un enemigo. La cola también servía al Diplodocus para mantener
el equilibrio cuando se incorporaba sobre las patas traseras a fin de alcanzar
las hojas más altas de los árboles. La cola, que se iba adelgazando
hacia el extremo, constaba de 73 huesos.
La gran porra del extremo de la cola del Euplocephalus era de hueso. Cuando
este dinosaurio era atacado, empleaba los potentes músculos de la cola
para golpear a sus enemigos, a los que podía fracturar los huesos de
las extremidades. Esta porra alcanzaba a veces un metro de ancho. Un mazazo
con ella equivalía a arrojarle a uno una nevera.
Aunque el Tyrannosaurus rex es uno de los dinosaurios más temidos, aún
no se han encontrado fósiles de todos los huesos del extremo de la cola,
por lo que nadie conoce exactamente la longitud que alcanzaba. Muchos científicos
creen que la cola era tan larga que la arrastraba al caminar. El Tyrannosaurus
rex sólo usaba la cola para mantener el equilibrio.