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Imagen La
Vie est à nous
(1936) |
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Imagen de
La
marsellesa (1938) |
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Blancanieves y los siete
enanitos (1937) |
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Imagen de
Roman Karmen, Ernest Hemingway y Joris Ivens en la España
de 1936 |
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1936 En apoyo del Frente Popular francés
El
venturoso encuentro de Jean Renoir
con el Grupo Octubre,
dirigido por Jacques Prévert,
da lugar en 1936 a Le crime de Monsieur
Lange, una especie de fábula exaltadora
del cooperativismo, portadora de aromas anarcosindicalistas y
contagiada por un humanismo reconciliador que constituye la primera
película “frentista”.
Poco después, el Partido Comunista de Francia (PCF) encarga a un grupo
de profesionales del cine, bajo la supervisión de
Jean Renoir, la
realización de una película que apoyase la campaña electoral para los
comicios de mayo de 1936.
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La gran ilusión (1937) |
El resultado de
ese llamamiento sería el filme colectivo
La vie est á nous (1936), una exaltación
de la solidaridad, de la lucha colectiva y del papel jugado por el
PCF, que dirigen, de forma mancomunada,
Jean Rendir, André Zwobada, Jacques Becker y Jean Paul Le Chanois.
Mezcla de documental y de ficción, este filme que no pudo exhibirse en
circuitos comerciales hasta 1969 es la vanguardia militante de un
pequeño pero decisivo ciclo exaltador de las ilusiones galvanizadas
por el Frente Popular, en el que se insertan títulos como
Les temps de cerises (1936)
de
Jean-Paul Le Chanois,
La belle équipe (1936) de
Julien Duvivier,
La gran ilusión (1937)
de Jean Rendir
y, sobre todo, La marsellesa (1938)
filmada por Jean Renoir.
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Imagen de
La gran
ilusión (1937)
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1937 Primer largometraje de dibujos animados
Avalado
por el éxito de público de sus primeros cortometrajes,
Walt Disney firma,
en 1931, un acuerdo de distribución de sus películas con United
Artists y, al año siguiente, adquiere hasta 1935 los derechos en
exclusiva de la animación en el sistema
Technicolor tricromático. Con ambas
operaciones se consolida la expansión de un estudio que, a mediados de
los años treinta, cuenta ya con cerca de ochocientos trabajadores y
que, entre otras innovaciones, ha des cubierto la truca multiplanos
que permite a la cámara moverse por los dibujos como si se tratase de
un espacio real. Con estos medios, Walt
Disney se plantea ya la entrada en el
mercado de largometrajes y, después de tres años de trabajo que
implican la realización de cuatrocientos mil dibujos y la inversión de
casi dos millones de dólares, ofrece finalmente
Blancanieves y los siete enanitos (1937),
el primer largo de animación y, junto a
Lo que el viento se llevó (1939), el
filme más taquillero de la década. Con él se abría un nuevo camino por
cuyo sendero transitarán después títulos como
Pinocho (1940), Dumbo (1941) Bambi (1942).
1937 El documental al servicio de la causa republicana española
Por
iniciativa de un grupo de intelectuales norteamericanos entre los que
se encontraban Lillian Hellman, Dorothy
Parker, John Dos Passos, Frederic March y Ernest Hemingway
que escribió y prestó su voz a la narración, tras descartar la
locución inicial de Orson Welies
el cineasta holandés Jons lvens
viaja a España con el encargo de rodar un documental sobre la guerra
civil y la lucha antifascista. Ivens,
sin embargo, no se iba a encontrar sólo en esta tarea, pues otros
cineastas se hallaban también en nuestro país filmando documentales
con los que mostrar al mundo lo que estaba sucediendo aquí. Entre
ellos, el británico Thorold Dickinson,
los americanos de la Frontier Films
(Leo Hurwitz y Herbert Kline,
realizador de Heart of Spain Return to
Life, filmada ésta con la colaboración de
Henri Cartier-Bresson),
más los soviéticos Roman Karmen
y Boris Makaseiev.
De todos esos documentales, que dejaban adivinar, acaso por primera
vez, la importancia el cine alcanzaría como testigo de unos hechos,
sería Tierra de España (1937),
de Jons Ivens
, el que tendría una mayor repercusión
internacional, siendo exhibido que incluso ante
Franklin D. Roosevelt,
el presidente de EE.UU. Dos años después, el escritor
André Malraux
realizó otro título emblemático: Sierra
de Teruel (1945)
(Espoir), un filme
de ficción de explícita militancia republicana, filmado en Cataluña a
finales de 1938 con la colaboración decisiva de
Max Aub, si bien su
rodaje sería interrumpido por la entrada de las tropas franquistas en
Barcelona cuando faltaban 11 secuencias del guión por filmar, por lo
que debió ser montado y sonorizado en París, donde se estrenó en julio
de 1939.
1937
El fascismo italiano crea los estudios de Cinecittá
Apenas
dos años después de la inauguración del
Festival Internacional de Cine de Venecia,
el Gobierno de Mussolini asume el control pleno de la industria del
cine a través de la creación de la
Dirección General de Cine (1934) y de la
fundación del Centro Experimental de
Cinematografía (1935), lo que confirma el
interés del Gobierno por utilizar este medio como instrumento de
propaganda política. Dentro de este proceso, en 1937 Mussolini
inaugura en Roma los Estudios Cinecittá,
los más grandes de Europa en esas fechas y rivales aparentes, en
tamaño y medios técnicos, de los norteamericanos. Con Vittorio, el
hijo de Mussolini, al frente de ellos, los estudios echan a andar con
el rodaje de la espectacular Escipión, el
Africano (1937), de
Carmine Gallone
para convertirse a continuación en el centro de producción preferido
de los melodramas y las comedias de teléfonos blancos que dominan el
cine italiano durante estos años.
Dos momentos en que el mismísimo
Mussolini inauguró, en 1937, los hoy míticos estudios Cinecittá, en
Roma, a través de la Dirección General de Cine de su Gobierno.
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Sucedió una noche (1934) |
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Historias de Filadelfia (1940)
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1938 “La fiera de mi niña” y la “screwball comedy”
Cultivador
de los más diversos géneros, Howard Hawks
filma en 1938 la segunda comedia de su filmografía y rueda, con ella,
una de las más disparatadas, excéntricas y divertidas de todos los
tiempos: La fiera de mi niña (1938),
construida sobre un guión de Dudley
Nichols y
Hagar Wilde. Obra de compleja estructura
narrativa y de ritmo endiablado, su historia se desliza por un tobogán
febril de situaciones aparentemente desquiciadas, pero hiladas con
implacable lógica interna, hasta componer el modelo más acabado de la
llamada screw ball comedy.
Se erige así como un título funda mental, nexo de enlace entre el cine
cómico de los años veinte, la estilización narrativa que caracteriza
la comedia de los años treinta (desde
Frank Capra a Ernst Lubitsch pasando por
Leo McCarey)
y el advenimiento del modelo que nace en los años cuarenta con la obra
de Billy Wilder
y de Preston Sturges.
Demasiado moderna para su época, La fiera
de mi niña no fue entonces un gran éxito
de público, pero el tiempo la ha convertido,
Historias de Filadelfia (1940)
de George Cukor
, La pícara puritana (1937)
de Leo McCarey,
Sucedió una noche (1934)
de Frank Capra,
Una en el título emblemático de un género en el que se inscriben
también obras como Una mujer para dos
(1937) de
Ernst Lubitsch,
Al servicio de las damas (1936)
de Gregory La Cava,
Vivir para gozar (1938)
de George Cukor
o Luna nueva (1940)
de Howard Hawks.
A
la Izquierda
cartel y fotograma de Historias de Filadelfia, rodada por George Cukor
en 1940 y protagonizada por un trío infalible: Katharine Hepburn,
James Stewart y Cary Grant. También, el cartel de otra mítica
screwball: Sucedió una noche (Frank Capra, 1934) con Claudette Colbert
y Clark Gable.
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Lo que el viento (1939) |
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1939 “La regla del juego” los albores de la modernidad fílmica
En
un mundo que se derrumba y sien te el peso de la amenaza nazi, un
héroe de la aviación y un grupo de aristócratas y sus criados se
reúnen en un castillo para jugar a la caza y al amor. Mentiras,
simulaciones y engaños dominan las relaciones personales en este
microcosmos que Jean Renoir
analiza en La regla del juego (1939),
obra que anticipa de forma metafórica el estallido de la Segunda
Guerra Mundial. El cineasta se introduce con su cámara en la fisura
entre las apariencias y la realidad para mostrar las reglas que rigen
el juego de aquéllas, y propone con ello una obra decisiva que ha
encabezado, durante muchos años, la lista de las mejores películas de
la historia. Su importancia nace de la audacia que muestra
Jean Renoir para
romper con las normas del cine clásico, pues no duda en dispersar el
hilo narrativo, desmontar la cadena causa-efecto y dificultar la
identificación del espectador con un único protagonista hasta dejar al
descubierto el procedimiento de elaboración del filme, que parece
construirse casi ante los ojos de los espectadores. El gran
Renoir da así un
paso precursor en el camino hacia la modernidad al constatar, por un
lado, la imposibilidad del cine para capturar la realidad y al
revelar, por otro, el carácter de representación del propio cine y de
todo arte.
Drama en forma de ingeniosa
metáfora el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial,
La regla del juego (1939)
y en la imagen con Jean
Renoir (en el centro), y
cartel del film, constituye uno de los mejores filmes de la
historia.
41 - 1939 Atlanta, Escarlata, Tara…”Lo que el viento se llevó”
Convertida
en best seller
desde el momento de su publicación en 1936,
David O’Selznick
compra la novela de Margaret Mitchell
"Lo que el viento" se llevó, encarga a
un amplio grupo de guionistas entre los que se encontrarían
Ben Hecht, Charles McArthur y Scott Fitzgerald
la escritura del guión y, por último, comienza a elegir a los
protagonistas, que finalmente serán
Clark Gable, Leslie Howard y Vivien Leigh. George Cukor
es el director que da la primera vuelta de manivela el 10 de
diciembre de 1938 para rodar la escena del incendio de Atlanta y
casi exactamente un año después la película se estrena en esta misma
ciudad. Para entonces, sin embargo, la dirección del filme figura
atribuida a Victor Fleming
tras haber renunciado
Cukor y haber
pasado por el rodaje, también, Sam Wood
y William Cameron Menzies, aun cuando
pocas veces un filme puede atribuirse con tanta propiedad a un
productor, como en este caso. Nueve
Oscar en la edición de ese año
preludiaron el enorme y continuado éxito posterior de una película
casi mítica, que se convirtió después en el emblema del cine de
Hollywood.
Lo que el
viento (1939) se llevó sigue seduciendo
y conmoviendo todavía hoy a las masas con la historia de la rebelde
Escarlata O’Hara,
interpretada con solvencia por Vivien
Leigh, Olivia de Havilland, Clark Gable y Leslie Howard,
completan el reparto de un filme que ha trascendido como un clásico
indiscutible de
la historia del cine.
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