UN SIGLO DE CINE 100 MOMENTOS QUE HICIERON GRANDE EL SEPTIMO ARTE

 

 

El cine aprende 
a contar el 
pasado

   
   
 
1901

 

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Imagen de ¡Aleluya! (1929)

 

 

 

 

Imagen de Un perro andaluz (1929)

1929 La primera película interpretada sólo por negros

Nacido en Texas e intrigado desde joven, según confiesa en su autobiografía, por “la sinceridad y el fervor de la expresión religiosa” de los negros, así como por “sus aventuras sexuales”, King Vidor aprovecha la llegada del sonoro para indagar en estos aspectos con ¡Aleluya! (1929), una película protagoniza da en exclusiva por actores y actrices de esa raza. Las desventuras de Zeke, un homicida involuntario convertido en predicador, son la base argumental del filme, preocupado ante todo por mostrar las costumbres y expresiones folclóricas de los negros, especialmente sus cantos espirituales. A pesar de la negativa inicial de los estudios a producir la película, Vidor consiguió convencer a la Metro para que financiara el rodaje gracias a la aportación de su salario como director. Rodada en forma silente y posteriormente sincronizada, la película se distribuyó con dificultad en EE UU, a pesar de la novedad que suponía y de la riqueza musical de su banda sonora.

¡Aleluya!, una película sobre la cultura de los negros.

 

 

 

1929 “Un perro andaluz”y el cine surrealista

Un  personaje, interpretado por Luis Buñuel, afila una navaja de afeitar. Unas nubes atraviesan la Luna y, a continuación, aquel hombre en idéntico sentido, el ojo de una joven. Sobre esta violenta apertura (que parece proponer la ruptura con la visión tradicional del cine, la quiebra del modo de representación institucional y, de paso, requerir una cierta mirada interior del espectador) se despliegan a renglón seguido las imágenes de Un perro andaluz (1929), el cortometraje dirigido por Luis Buñuel (y escrito en colaboración con Dalí) que, estrenado en el Studio 28 de París ante la plana mayor del surrealismo, se convirtió de inmediato en la película -manifiesto de este movimiento. Construido a partir de imágenes mentales y obsesiones personales de ambos creadores, el filme prescinde de cualquier asociación racional, de todo tipo de hilazón lógica, para en una especie de poema onírico que compone junto a la realización  posterior de Buñuel (La edad de oro, 1930), el díptico central y canónico de una corriente a la que también pueden adscribirse las  precursoras Las coquille et le clergyman  1927 de G. Dullac; con guión de Antonin Artaud, L´Étoile de mer 1928 de Man Ray y la posterior La Sang dún poéte 1930 de Jean Cocteau

 

 

1902

 

Hampa dorada (1931)

 

 

1930 Los gánsteres ocupan el primer plano.

Presentes desde los años diez en las pantallas, los gánsteres se apoderan momentáneamente de ellas a comienzos de los años treinta. Tres factores, cuando menos, explican este éxito: la actualidad social de la problemática gansteril, la llegada del sonoro y  la búsqueda de nuevos argumentos donde el sonido (tiroteos, persecuciones, diálogos secos y restallantes) tuviera una mayor presencia en las ficciones, más el prestigio de la novela negra y la facilidad hallada, dentro de ella, para adaptar los argumentos de la corriente crook story (historias de delincuentes) al cine. Un filme de Mervyn LeRoy, Hampa dorada (1931), basado en la biografía del gánster de ficción Cesare Rico Bandello, será el que abra la puerta de esta tendencia, sentando gran parte de las convenciones narrativas, dramáticas y arquetípicas del cine de gánsteres: relato lineal, trayecto narrativo de ascensión y caída de su protagonista, escenarios codificados de la acción, etcétera. Una fórmula de éxito que seguirán luego El enemigo público (1931) de W.Wellman, Las calles de la ciudad (1931) de R. Mamoulian, o Scarface 1032 de H. Hawks,  integrantes de un ciclo primitivo que dará paso, posteriormente, a la maduración enriquecedora del cine negro.

Little Caesar (Hampa dorada), de Mervyn LeRoy (1931), titulo fundacional del género cine negro.

 

 

1903

 

El Doctor Mabuse (1922)

1931 La sombra alargada del nazismo

La historia de un asesino de niñas al que debe detener el mundo del hampa para suplir la ineficacia policial sirve a Fritz Lang para trazar, en M, el vampiro de Dusseldorf (1931), una parábola pesimista de la crisis política y social que atenazaba Alemania desde finales de los años veinte. Análisis de un caso patológico y denuncia larvada de las condiciones que hicieron posible la ascensión del nazismo, la película debía titularse -inicialmente Asesinos entre nosotros, pero los dirigentes alemanes se sintieron aludidos y obligaron a Fritz Lang a sustituirlo por el actual. Al año siguiente, no obstante, y acaso como revancha, el cineasta realizaría un alegato antinazi más explícito en El testamento del doctor Mabuse (1933), después de lo cual sólo le quedaría huir de Alemania y unirse al éxodo masivo de creadores alemanes y centroeuropeos (entre ellos BiIIy Wilder, Otto Preminger, Anatole Litvak, Douglas Sirk, Karl Freund, Peter Lorre y  Robert Siodmak) que se establecieron en Hollywood para escapar de las garras del nazismo. La época dorada de estudios americanos comenzaba al mismo tiempo, pero con la aportación decisiva de grades talentos europeos.

Cartel de El Doctor Mabuse (1922), la película de Lang que constituye un valiente y explícito alegato anti-nazi. también, una escena de M, el vampiro de Düsseldorf (1931).

imagen de M, el vampiro de Düsseldorf (1931)

 

1905

 

Festival Internacional de Cine de Venecia (1932)

 

 

Flowers and Trees (1932)

1932 Venecia crea el primer festival internacional

Acaso como un reflejo de la importancia concedida al cine por el partido nazi desde su ascenso al poder a comienzos de los años treinta, también en Italia el Gobierno fascista manifiesta, desde el comienzo de la década, una preocupación cada vez mayor por el cine, lo que se plasma en su voluntad de convertir al país de nuevo en una potencia cinematográfica Dando un primer paso en esa dirección y por iniciativa del conde Volpi, Benito Mussolini crea en 1932, y como un apartado dentro de la Bienal de Arte que se celebraba cada dos años en la Ciudad de los Canales, el Festival Internacional de Cine de Venecia. Cuatro años después, el festival se reorganiza y pasa a ser anual, si bien su celebración se ve interrumpida, por avatares del conflicto bélico, entre 1943 y 1947: un interregno que fue aprovechado por Cannes para inaugurar el suyo propio en 1946, es decir, apenas un año después de concluida la Segunda Guerra Mundial. En 1951 se crea el Festival de Berlín y en 1953 España hacía lo propio con la puesta en marcha del de San Sebastián. Estos grandes certámenes jugarán, con el paso de los años, dos funciones primordiales y sólo aparentemente antagónicas: la de ser un privilegiado escaparate para el cine de autor más exigente y la de ofrecer activos mercados para la industria.

 

 

 

1932 Los dibujos animados abren paso al Technicolor

Al igual que había sucedido con el coloreado primitivo de películas a mano, el sistema Technicolor bicromático, patentado por la compañía de Helbert T. Kaimus, hizo sus primeras apariciones en secuencias aisladas de películas como Los diez mandamientos (1923). La viuda alegre (1925), Ben-Hur (1925) o El pirata negro (1926). El sistema de dos colores no consiguió, sin embargo, asentarse definitivamente, por lo que Technicolor desarrolló, coincidiendo con la irrupción del sonoro, el procedimiento tricromático, cuyo uso exigía una triple impresión fotográfica y, por ello mismo, unas cámaras de enormes dimensiones. Quizá debido a la pesadez y a la dificultad de movimientos de éstas, la primera película filmada completa con el nuevo sistema es un corto de animación de Walt Disney, aparecido en 1932 y titulado Flowers and Trees dirigida por Burt Gillett. Apenas tres años después, no obstante, las dificultades parecen superadas y se estrena ya el primer largometraje rodado con el sistema tricromático: La feria de las vanidades (1935), de Rouben Mamoulian. A partir de aquí, el uso del Technicolor se generaliza y su gama inconfundible de colores se apodera de una época de la historia del cine.

Un corto de la serie de las llamadas Silly Symphony, de la casa Disney, abre las puertas del color en los Dibujos Animados.

 

 

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