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Nanuk, el esquimal (1920-1922) |
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Imagen de Nanuk, el esquimal (1920-1922) |
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1922
El documental alcanza la mayoría de edad
Aventurero,
explorador y cineasta aficionado, Robert
Flaherty rueda en la bahía de Hudson
Nanuk, el esquimal (1920-1922),
donde narra las peripecias diarias de este cazador de la tribu de los
Itivimuit y muestra las duras condiciones de vida de los esquimales.
Mezcla de realidad, dramas aventura, la película cosechó un gran éxito
de crítica y de público hasta convertirse en piedra angular para la
evolución de un género al que puso nombre, en 1926, el escocés
John Grierson,
impulsor de la decisiva y concienciada escuela británica (ligada a las
corrientes del laborismo) y primer teórico del “documental” como
género. Menos subyugado por los ambientes exóticos y más preocupado
por mostrar la realidad de los acontecimientos cotidianos sin recurrir
a ningún tipo de esteticismo ni de dramatizaciones,
Grierson pondría la
segunda piedra con Drifters (1929),
un documental sobre la pesca del arenque en el mar del Norte que dio
origen a la creación de la EMB Film
United, una prestigiosa unidad
especializada en la realización de documentales sobre temas sociales.
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Imagen de Nanuk, el esquimal (1920-1922) |
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El último (1924) |
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La técnica de métodos del
rodaje de esta película fue la que animó a la Fox a
invitar a Murnau a Hollywood. |
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Erich von Stroheim (1885 - 1957 |
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Imagen de Avaricia (1924) |
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1924
La supresión de los intertítulos y la “cámara desencadenada”
Con
un presupuesto más elevado de lo que era habitual para una película de
corte intimista, F. W. Murnau
dirige el El último (1924),
con Emil Jannings
como protagonista y Karl Freund
como operador. Historia de las desventuras del viejo portero de un
lujoso hotel que, tras perder su puesto, decide conservar el uniforme
para preservar la dignidad frente a los vecinos de su humilde barrio,
la película supone la culminación del
kammerspielfilm
(derivación realista del expresionismo alemán)
y consolida la conquista de algunas obras
precedentes de esta tendencia: la supresión prácticamente total de los
intertítulos. La película llamó finalmente la atención, sin embargo,
por la extraordinaria versatilidad de una cámara que, mediante
travellings
subjetivos, atada al pecho de Freund,
sobrevolando puentes o bajando en ascensores, conseguía una libertad
de movimientos impensable hasta entonces. La critica acuñaría la
expresión “cámara desencadenada” para referirse al vuelo de ésta la
película se convertiría en la obra maestra del cine alemán en su
transición desde el expresionismo hacia el realismo social, tras lo
que la Fox
no dudó en contratar a Murnau
para importar sus métodos a Hollywood.
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“cámara desencadenada” |
1924
El triunfo del naturalismo: "Avaricia"
El
más indómito y menos controlable de todos los grandes talentos de
origen centroeuropeo afincados en
Hollywood (“El hombre al que usted le
gustaría odiar”, según rezaba su leyenda como actor) firma contrato
con la Goldwyn Company
para llevar a las pantallas
Mc Teague, la
novela del escritor naturalista norteamericano
Frank Norris. El
resultado es Avaricia (1924),
una obra llena de hallazgos precursores (el realismo de las
localizaciones, los techos de los interiores, la profundidad de
campo), con la que Erich von Stroheim
propone un duro retrato de las condiciones de vida del proletariado y
de la degradación humana la que puede conducir la pasión por el
dinero. Rodada en escenarios naturales (en el Valle la Muerte y en San
Francisco), su metraje monumental 42 bobinas y casi 9 horas de
proyección fue reducido por mandato de
Irving Thalberg a dos horas y tres cuarto
una versión que Stroheim
rechazó como propia y que, además, tropezó con el gusto público debido
a la crudeza y la sordidez de ambientes. La experiencia quedó como un
ejemplo de las mutilaciones operadas por los productores y como una
obra decisiva camino hacia el realismo cinematográfico.
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Imagen de Avaricia (1924) |
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Octubre (1927) |
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Imagen de
El
acorazado Potemkin (1925) |
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1925 Eclosión del cine revolucionario soviético
Tras el triunfo de la Revolución de Octubre, y siguiendo los
pasos de
Lev Kulechov, la
Fábrica del Actor Excéntrico (FEKS)
y el
“cine-ojo” de
Dziga Vertov, la
figura de Serguei M. Eisenstein
emerge con fuerza después de haber realizado
La huelga (1924) al
dirigir en El acorazado Potemkin (1925),
don de narra el amotinamiento, en 1905, de la tripulación de este
barco, la solidaridad del pueblo de Odessa con los sublevados, la
represión de las tropas zaristas y la huida posterior del acorazado.
La genial sinfonía de planos orquestada por
Eisenstein, el
protagonismo colectivo y el crescendo dramático del relato confieren
al episodio el carácter de gesta épica que deviene en metáfora de la
propia revolución soviética.
La película
suponía, a su vez, la puesta en práctica de las teorías del cineasta
sobre el llamado
“montaje de atracciones” (choque entre planos
para suscitar metáforas simbolistas) al
tiempo que revelaba su maestría para dominar el ritmo narrativo o para
dilatar el tiempo fílmico, como en la célebre secuencia de la
escalinata de Odessa. Convertido en emblema de referencia, el
Potemkin a bandera
la poderosa floración del cine épico revolucionario soviético al
frente de títulos como Octubre
(Eisenstein, 1927), las obras de
Pudovkim
(La madre, 1926; El fin de San Petersburgo, 1927
y Tempestad sobre Asia, 1928) y las de
Dovjenko (Arsenal, 1929, y La tierra,
1930).
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Imagen de
El
acorazado Potemkin (1925) |
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Metrópolis (1926) |
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1926
La fantasía futurista de "Metrópolis"
Una
ciudad vertical, inquietante, amenazadora. La urbe del futuro. En los
estratos superiores habitan, los poderosos, en el nivel intermedio se
distribuyen las fábricas los centros de producción, y en el subsuelo,
privados de luz y casi de ventilación, se agolpan los esclavos que
aseguran el funcionamiento del sistema. Este es el universo
estremecedor que describen las imágenes de
Metrópolis (1926),
la fantasía futurista de Fritz Lang
que debe tanto al genio del cineasta en el aspecto formal como a las
simpatías nazis de su mujer (la guionista
Thea von Harbou) en
el plano de los contenidos. La utilización de las masas con raíces en
el teatro de Piscator y en el Homunculus
de Otto Rippert, la estilización
geométrica y la deformación de los rostros que deriva del
expresionismo, la intensa utilización de la luz para crear efectos
sonoros, la dimensión arquitectónica de la escenografía (mezcla de
constructivismo, futurismo y expresionismo) y la maestría de
Lang para jugar con
sus posibilidades dramáticas configuran una obra llena de secuencias
imborrables (la inundación, los obreros devorados por Moloc o el
relevo de éstos), cuya imaginería inspirará durante décadas las
posteriores incursiones del cine al mundo del futuro y de la
ciencia-ficción apocalíptica.
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Imagen de Metrópolis (1926) |
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Oscar |
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Napoleón (1927), |
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Albert Dieudonné en
Napoleón (1927), |
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El cantor de jazz (1927) |
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1927 Creación de la Academia de Hollywood
El
extraordinario desarrollo experimentado por el cine durante los años
veinte, así como la elevación de la calidad de sus productos, la
necesidad de enfrentarse a los nuevos retos industriales y la
inevitable promoción de las películas son factores que están en el
origen de la Academia de las Artes y
Ciencias Cinematográficas de Hollywood.
Con su creación se pretendía dotar al cine de una respetabilidad
cultural de la que carecía por entonces (de ahí el término
“artes”) al mismo
tiempo que se aludía a su carácter industrial a través de la
referencia a las “ciencias”.
Una reunión celebrada en el hotel Ambassador el 11 de Enero de 1927, y
a la que asistieron 36 prohombres de la industria (la mayoría
productores), sentó las bases de la Academia, que en
1929 comenzaría a
conceder sus famosos premios. Cedric
Gibbons fue el encargado de diseñar la
estatuilla conmemorativa y una bibliotecaria de la Academia de darle
su nombre definitivo por el parecido de aquella con su
tío Oscar, según
cuenta la leyenda.
1927 Abel Gance y las innovaciones de “Napoleón”
La
intensa preocupación del francés
Abel Gance
por las innovaciones técnicas y expresivas culmina en su monumental
Napoleón (1927),
un intento de llevar a la pantalla la biografía del general corso que,
sin embargo a pesar de su abultado presupuesto, concluiría con la
primera campaña éste en Italia. En la línea de
El último
(1924
Murnau), y con la utilización de
Segundo de Chomón
(para la utilización de cámaras muy ligeras con motor de cuerda),
Gance
consiguió dotar a la cámara de vida propia, pues llegó a sujetarla a
la parte trasera de un caballo, colgarla de varios cables, atarla a un
proyectil o colocarla en un péndulo, como en la famosa escena de la
convención. Su vocación visionaria y exuberante le llevó también a
idear el sistema Polyvisic
de pantalla triple para las escenas culminantes, una innovación con la
que se adelantaría en más de 30 años al
Cinerama. La obra fue estrenada con gran
éxito en la opera de París, pero la llegada del sonoro oscureció sus
descubrimientos expresivos que llevó a
Gance a componer en 1935, una versión
sonora de la misma donde, llevado por su incesante voluntad
innovadora, incorporó de forma pionera el
sonido estereofónico.
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Albert Dieudonné
fue el Napoleón
escogido por Abel Gance
para una película ciertamente épica que, literalmente, puso la
cámara a volar para conseguir efectos insospechados El mismo
Gance
encarnó a Saint-Just,
mientras que Antonin Artaud
dio vida a Marat
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1927 EI jazz alumbra el advenimiento del sonoro.
Si
bien casi desde los inicio cine los científicos venían estudiando la
posibilidad de dotar de sonido a éste a través, por lo común, de la
sincronización las imágenes con el
fonógrafo, no seria hasta el último
tercio de los años veinte cuando esta alternativa seria realmente
viable. Para ello fue preciso primero, que las investigaciones que
AT&T estaba desarrollando en el campo de
la telefonía y RCA,
en la radio, tuvieran como efecto secundario descubrir un sistema de
grabación y reproducción electrónica del sonido. Y en segundo lugar,
que Warner Bros.,
en su intento de competir con las grandes productoras decidiese
utilizar el nuevo invento de la AT&T,
conocido con el nombre Vitaphone.
De este modo, y tras ensayos tímidos en
Don Juan (1926) y
Orgullo de raza (1927).
El 6 octubre de 1927
se presenta en el teatro Warner,
ante un sorprendido y admirado auditorio,
El cantor de jazz,
de Alan Crosland,
la primera película sonora de la historia. El éxito fulgurante del
filme tras recorrer Estados Unidos marcaría el del fin del cine
silente y el inicio una nueva época que, en el caso de
Hollywood, hizo que
desde 1931 solo se produjesen ya películas sonoras.
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