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SI DEUS NOBISCUM QUIS CONTRA NOS


MEMORARE: ECCE, ADVENIT DOMINATOR DOMINUS
«Discurso del día de Navidad de S.M. el Sacro Emperador D. EDUARDO FERNANDO I»
(25 de Diciembre de 2008, a.D.)


17 de Septiembre de 2009 (a.D.)

Lectura y Reflexión: «Carta Abierta a S.S. Benedicto XVI»


Orden de Caballería de Notre Dame de Sion y del Santo Espíritu
Santa María en Jerusalén
(HOL 070 - HOL 071)

Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 17 de Septiembre de 2009 a.D.
Día de San Roberto Belarmino


S.S. Benedicto XVI

«Solo hacer lo que el Único Santo que es Dios y Padre Nuestro le exige»

I

Queridos Hnos., el orbe en general y los católicos en particular nuevamente fueron sorprendidos por un indeseable culebrón mediático que tuvo como figuras principales a un imprudente Primer Ministro, el Dr. Silvio Berlusconi, y al Vaticano.

Nuevamente, tal como se expresara en:

reiteramos:

«el sol no se puede tapar con la mano.»

II

No es cuestión en esta instancia de profundizar, aceptar o reprochar si el Dr. Dino Boffo, director del diario Avvenire, propiedad de la Conferencia Episcopal Italiana, es o no homosexual, tal como lo denunciara en defensa del premier italiano en una extensa editorial a ocho columnas en primera página, el Sr. Vittorio Feltri, flamante director de Il Giornale, el matutino milanés de la familia Berlusconi.

Tampoco hoy verteremos opinión sobre la triste actuación pública del Premier Italiano, ya que la posición de nuestra Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion quedó claramente manifiesta en nuestra proclama referida exclusivamente al hecho:


III

Más allá de que esta vergonzosa interna revelada mediáticamente a nivel mundial teniendo como protagonistas al Vaticano y al propio papa, S.S. Benedicto XVI, como mediador directo para salvar una imagen ya insalvable, aunque en las formas más profanas y anticristianas «se salve».

Actuando como un político más, interviniendo como una inexistente sombra de lo que debería ser un Vicario de Cristo entre los Pueblos de Dios.

En este caso, entre el Gobierno Italiano y los obispos pertenecientes a ese maravilloso y amado país y su pueblo.

Este episodio, uno más «de sexo, poder y corrupción», terminó gracias a una diplomacia dual con mano untada de poder espurio e intereses comunes, cual hipótesis de máxima, uno de los dos máximos referentes concluyó cediendo una pieza en ese ajedrez fatal que acostumbran jugar en despecho de la gente que los sostienen, demostrando «quién tiene el poder», «quién la razón», y quién «es» el que manda y quién el que cede.

De hecho así sucedió, ya que fue el Vaticano el que «cedió» la pieza con la renuncia pública del Dr. Dino Boffo, luego de más de quince años al frente de la dirección del diario de los Obispos Vaticanos.

Avergonzando a todo el noble pueblo italiano, como así también y por sobre todo a cristianos y marianos del orbe, de corazón sencillo y entregado, profundizando de forma insondable y sin retorno el cada vez mayor desprestigio mundial de esta conducción Vaticana non sancta.

Un nuevo daño se le ha hecho a la Iglesia fundada por Nuestro Señor.


IV

Los acciones u operaciones mediáticos están a la orden del día, aquí y allá, y el que las produce envalentonado por un irreal protagonismo efímero, cree que se ha ganado el cielo, la aprobación y la conciencia de las personas. Las cuales, callando, no están otorgando, solo enmudecen su opinión y tapan su rostro sufriendo vergüenza propia y ajena.

No alcanza con declamar «que la pobreza es un escándalo», más cuando esto se difundiera especulativamente, como antesala de una colecta anual para tal fin.

Sin duda nada nuevo y por demás tardío ha descubierto «que la pobreza es un escándalo» aquel que lo ha dicho, ya que de hecho esto bien lo sabe, con profundo y hiriente realismo y dolor cristiano, todo aquel que intenta paliarla, como de hecho que así es, donde infinidad de hombres y mujeres de bien, sumados indiscutiblemente a un extenso universo de honorables y humildes sacerdotes y hermanas que cotidianamente en el nombre de Cristo hacen lo humanamente posible por los hermanos caídos en desgracia, en las ciudades, en el campo, en las villas, con los enfermos, con los marginados, con los chicos de la calle, con las familias de la calle y ancianos, sumando más de mil millones de seres humanos los que hoy no tienen qué llevarse a la boca.

Como así también con miles de centenares de exiliados que escapan de la pobreza de aquí y de allá, los cuales terminan siendo tratados por muchos poderosos, y por muchos de aquellos que aspiran a serlo, como delincuentes culpables de la desgracia propia y ajena.


V

S.S. Benedicto XVI, llegó tarde su reflexión y decir de justicia a favor de los pobres, ya que de ellos, por la Gracia de nuestro Padre, muchos hombres y mujeres de bien con hábito o sin él organizados o no se están ocupando con los resultados que la realidad permite.

Tal como usted bien sabe, en el marco de la provocada y lacerante realidad mundial, amerita pensar que la pobreza material paupérrima que reina por doquier, cuando un importante número de popes autistamente viven aislados en la lujuria de la pompa, el timo moral y espiritual desgarrándose las vestiduras, muchos de ellos públicamente, debería estar esa pobreza material en sus ejercicios dialéticos en segundo lugar.

Ya que esa pobreza material endémica es consecuencia de la primer pobreza, madre de todas las pobrezas, la pobreza moral.

De la cual, muchos, entre ellos, fundamentalmente usted, S.S., deberían ocuparse. Demostrando públicamente, como pastor Católico, vale señalar Universal, desde el ejemplo vaticano, cuál es la auténtica conducta ética cristiana basada en la PALABRA y en el quehacer, debiendo ser estos los únicos designios para gobernantes y gobernados.

Actuando así, el Vaticano se convertiría en rector moral de gobernantes y gobernados, cristianizando con Justicia, Verdad y Amor la convivencia en esta humanidad.

Toda esa magnitud en ejercicio cotidiano, de hombres, mujeres y jóvenes a nivel mundial, lo sepan o no, lo acepten o no, son alentados por el Espíritu Santo, ocupándose del prójimo solidariamente teniendo doble tarea. La primera y más importante, acompañar desde el amor en Acción Crística a los pobres de toda pobreza en todo el orbe cumpliendo con el mandato y la necesidad del Padre.

Y el segundo, tratando todavía algunos por un respeto mal entendido, de defender lo indefendible:

La ausencia de riqueza moral que se enseñorea en éste reinado vaticano que a millones de años luz está hoy de ser la Iglesia de Aquel Fundador, Rey y Señor, Gran Maestre del Cielo y la Tierra que dio la vida por toda la humanidad, incluyéndolo a usted, S.S. Benedicto XVI, y a todo su séquito de colaboradores.


VI

Lejos están aquellos, fundamentalmente usted, «S.S.» Benedicto XVI, de la santidad.

Ya que nada demuestra hacer en los hechos ni tampoco manda hacer de aquello que usted muy bien sabe que, el Único Rey y Señor el Cristo, quiere para Su Asamblea, y para todo el Pueblo de Dios, la Humanidad.

Infinitamente más cerca están de subir el primer peldaño de piedra de la larga escalera hacia la santidad, los que a imagen y semejanza del Único Rey Celestial y Terreno, dan diariamente «hasta que duela», tal como, por ejemplo, lo enseñara con las palabras y hechos en su quehacer incansablemente cristiano y cotidiano, la beata Madre Teresa de Calcuta.


VII

Es muy cierto S.S. Benedicto XVI lo que usted ha expresado en la Basílica de San Pedro a todos los obispos en general en la última consagración de los cinco nuevos obispos provenientes de la curia romana:

«Sufre también la Iglesia porque muchos, a los cuales le ha sido confiada una responsabilidad trabajan para sí mismos y no para la comunidad.»

En otro pasaje de su elocución, su memoria le trajo a la lengua, «Jesús vino al mundo a servir». Y más, estimuló a sus obispos recordándoles que sean «fieles siervos», buenos y prudentes.

Terminó usted de describir la realidad interna del vaticano que usted conduce cuando, dándole tesis a su homilía, hizo mención de dos grandes y magníficas parábolas:

La del ciervo malvado que castiga físicamente a los dependientes.
Y la del ciervo que entierra las monedas del patrón para poder dedicarse a sus propios negocios.

También recordó usted que:

«Se les ha confiado un gran bien que no les pertenece.»

Y prosiguió:

«La iglesia no es nuestra, sino la Iglesia de Dios.»

También, usted les ha sugerido:

«Los obispos deben ser prudentes.»

VIII

Conociendo lo que usted conoce, vive y comparte no solo en estos cuatro años de Papado, más que «prudencia y que sean buenos» como si de adolecentes se tratara, debería haberles recordado la motivación espiritual y moral que los convocó a estudiar, jurar y ordenarse, a todos ustedes desordenados hijos del Padre:

Voy a revelarles abiertamente la situación que genera nuestro actuar para con el mundo, debería haberles dicho, para que comprendamos intrínsecamente su pasión mística, como víctima inmolada por el mundo y por nos, como Rey mártir de su caridad por las almas y como Dios desdeñado por sus criaturas.

Empleando toda su sabiduría en proporcionar a todos, incluyéndonos, los medios de adquirir el gozo de su Reino eterno, con toda su ternura en atraernos; su bondad, su misericordia y justicia, su magnificencia y su amor.

Que ha hecho por todos, y también por nos, lo que hubiera hecho solamente por sus auténticos elegidos, y por cada uno solo, lo que hizo por todos.

Que para todos dio ejemplo, también para nos, en el camino de este mundo. Que por todos ascendió a los cielos volviendo al Seno del Padre y que por todos hizo el milagro de la Sagrada Eucaristía, para permanecer en todos, y para todos y no solo para unos pocos, encerrado en el augusto Sacramento del Altar.

Que para todos instituyó su sacerdocio privilegiado y que para todos instituyó la Iglesia Santa con su auxilio de indefectible virtud y de única esperanza de eternidad.

Que para todos, incluyéndonos, dio su palabra de justicia, verdad, salvación y vida que guarda el Evangelio de la Ley, de Gracia y de Amor, y que con toda claridad lo manifestó en aquellas palabras:

«Amaos los unos a los otros y permaneced en Mí, para que seamos una sola cosa en Mí, como mi Padre y yo lo somos.»

S.S. Benedicto XVI, que han hecho de su Palabra, de Su Doctrina, de sus Deseos que es la Voluntad del Padre! Sino mofa, crimen, hipocresía y traición. Han cambiado todo como les conviene para los fines torcidos que buscaban, siendo ahora ustedes victimas de ustedes mismos.

También debería haberles recordado que la justicia de los hombres es lenta y en más de las veces sucia.

Pero que un solo y sencillo movimiento en el tablero, por Decisión Divina, hará que más de uno de aquellos a los cuales usted se dirigió, pronto estará de pie frente a un tribunal humano como antesala del JUCIO EN CIERNE, que cada uno tendrá.


IX

S.S. Benedicto XVI, es Él mismo quien en este brevísimo postrero tiempo existente apela a su conciencia y a su profundo saber de verdades profundas no dichas y muy sabidas por usted, para que antes que cante el gallo, lleve a cabo la tarea que su envestidura le reclama. Separar la cizaña del trigo, caminando y mostrando el Verdadero Camino.
«Tal como el Único Santo, que es Dios y Padre Nuestro, así se lo exige»

X

Oración del Cristo

En el nombre de Nuestro Señor, a su voluntad nos sometemos, somos sus fieles siervos, en nuestros corazones se abriga la decisión de seguir su Mandato, con fe, con esperanza y con la caridad que él nos ha enseñado, a cambio recibiréis la luz, su fuerza y protección, Gracias Padre Mío.

Amén.


Amadísimos Hermanos en Sión.

Con Justicia y Dignidad Cristiana.

Paz y Labor.


Firma
por el Sagrado Círculo de Melquisedec y
por la Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion:




†††
Su Exc.ª Rvdm.ª e Ilm.ª, S.M.R. Dr. Mons. D. NICOLÁS GUARAGNO
46to Soberano
Gran Profeta Imperial de Sión y Gran Capellán Magistral, Adveniente, del
Sagrado Círculo de Melquisedec y
Egregio Consultor General del Sacro Trono Imperial
Virrey Imperial para Occidente
Magfco. Dr. Imperial en Ciencias Sagradas
Gran Mariscal General de Campo al Servicio de San Santiago Apóstol de la
Sacra e Imperial Orden Mística y Militar de Caballería de la Prieurè de Sion


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