Fragmento de Historia de las ideas políticas.
De Jean Touchard(Capítulo XVII: sección III)
RACISMO Y ESPACIO VITAL EN LA DOCTRINA
NACIONALSOCIALISTA.
Las ideas políticas de Hitler proceden, según Alan Bullock, del más
puro darwinismo: los principios fundamentales de su política son la lucha (Kampf
posee un sentido mucho más fuerte que "lucha"), la raza y la
desigualdad —que se oponen al pacifismo, al internacionalismo y a la
democracia. Habían sido expuestas ya, años atrás, teorías racistas,
especialmente por Vacher de Lapouge (El ario y su papel social, 1899), por Gobineau y por Houston Stewart
Chamberlain (Los fundamentos del siglo
XIX, 1899). Pero el racismo nacionalsocialista, tal y como está expresado
en el capítulo XI de Mein Kampf,
titulado "Volk und Rasse", o por Alfred Rosenberg en El
mito del siglo XX, carece realmente de precedentes: "Los pueblos que
renuncian a mantener la pureza de su raza, renuncian al tiempo a la unidad de su
alma... La pérdida de la pureza de la sangre destruye la felicidad interior,
rebaja al hombre para siempre, y sus consecuencias corporales y morales son
imborrables". Nunca hasta entonces se había expresado el antisemitismo con
tanta violencia. Nunca, sobre todo, un Estado había intentado exterminar sistemáticamente
a todos aquellos cuya raza era denunciada como impura.
Mientras que el imperialismo fascista
procede tanto de reminiscencias antiguas como del deseo de extender el poderío
italiano, la doctrina del "espacio vital" (Lebensraum) se encuentra estrechamente ligada a la del pueblo y a
la de la raza. El pueblo alemán, organismo viviente, tiene necesidad de espacio
para vivir. La geopolítica viene en apoyo de las pretensiones alemanas, que
recogen las ambiciones del pangermanismo. Pero el pangermanismo hitleriano
difiere profundamente del pangermanismo de los años anteriores a 1914. En la
Alemania de Guillermo II el pangermanismo estaba principalmente inspirado por la
búsqueda de mercados y salidas para las mercancías, por la ávida concurrencia
de las economías nacionales. El pangermanismo hitleriano no descansa en un análisis
profundo de las realidades económicas; es más político que económico, es autárquico
y no expansionista. Hitler afirma en 1932 que no se conquista el mundo por
medios económicos; el poder del Estado es el que crea las condiciones
necesarias para el comercio, y no el comercio quien favorece la expansión política.
La doctrina del "espacio vital", política, militar, mística, es
antieconómica: se trata de hacer entrar en el Reich a todos aquellos que deben
formar parte de él, incluso si son pobres, incluso si el nivel de vida de cada
uno debe sufrir por ello. El número importa más que el bienestar, y el poder más
que la riqueza.
De esta forma, Alemania hitleriana se instala en la economía de guerra.
La lógica del sistema reclama la guerra, y el régimen hitleriano, tras
brillantes victorias, acabará por sucumbir a ella.