Cuando se llega a Sangüesa por la carretera de Pamplona, Santa María se nos ofrece en la entrada misma de la ciudad, en el lugar que le señalan los antiguos documentos de 1122 referentes a la población del burgo nuevo. Junto al puente sobre el Aragón y al extremo de la calle Mayor que fue la antigua Rua de peregrinos. Aquí estuvo el palacio de Alfonso el Batallador. Donde están hoy la fachada y las torres del palacio del Príncipe de Viana, estaba la zona Norte del perímetro real. El puente de Sangüesa fue uno de los más bellos puentes románicos de Navarra. Con sus siete arcos y alta curva pronunciada, con sus recios contrafuertes, era el complemento de la estampa medieval de Sangüesa. Y al salir del puente, a la izquierda, por entre la masa verde de un soto frondoso, la iglesia de Santa María nos ofrece inmediatamente el admirable conjunto de su maravillosa portada.
 
A Santa María la Real de Sangüesa le viene la fama, principalmente, por esta gran portada, cubierta toda ella de primorosas esculturas entre las que sobresalen por su elegancia seis magnificas estatuas columnales que nos traen el recuerdo de las maravillas de Chartres. Pero en la Real de Sangüesa hay algo más que una portada. La gran lástima es que carezca de la visión en perspectiva que se merece. La calle está bastante más alta que la planta de la iglesia. Hace falta descender unos escalones para penetrar en el templo. Y por no tener el conjunto un punto de vista adecuado, no podemos darle la gran fuerza de monumentalidad que indudablemente tiene. Le falta la peana. La vemos demasiado a ras del suelo, e incluso por debajo del nivel del suelo.
 
Sin ser de grandes dimensiones, pues es una iglesia corta con tres tramos de nave incluido el del crucero, los principales elementos constructivos tienden a darle importancia. Una clara tendencia hacia lo alto. Marcan esa dirección varios contrafuertes verticales por la zona de los ábsides. El ábside central es bastante más alto que los laterales. Dos husillos o cubos de subida contribuyen a confirmar la verticalidad. Y sobre todo esa sensación se consigue plenamente con la gran torre, de tres cuerpos, sólidamente establecida pero muy esbelta, que termina en una terraza almenada, sobre la que se alza una flecha ochavada y piramidal. La torre es muy alta, pues alberga cómodamente la hermosa cúpula del crucero y un elevado campanario. La flecha es de piedra y recuerda la de San Pedro de Olite. En el interior de la iglesia, unos magníficos pilares dan asimismo la nota de monumentalidad. Son de base cruciforme, llevan adosadas dos medias columnas por cada frente, y además otras cuatro, una por cada uno de los codillos, lo que les da un rico aspecto de columnas fasciculadas.
 
Lo monumental en lo románico, esa tendencia ganando altura y más aún con la riqueza de las columnas interiores, suelen denunciar los elementos de una inminente transición al gótico. La verdad es que aquí, en Santa María de Sangüesa, se ha trabajado, cuando menos, en tres momentos distintos. El primero está claramente definido en los ábsides y cabecera del templo. No puede haber inconveniente en atribuir esta parte de la construcción a la fecha en que tenemos la primera noticia de Santa María. La del documento de donación del palacio real por parte del rey a los caballeros sanjuanistas. Es de 1131 y en él se dice expresamente: SIMILITER DONO IBI ECCLESIAM BEATE MARIE QUE EST INTUS IN MEO CORRAL QUE EST IN CAPITE BURGO NOVO DE SANGOSA. (Sic.) Los ábsides pertenecen a esa época. El segundo momento se aprecia en el interior donde la nave del crucero separa dos estilos. Parece indudable que en estas naves y en la gran portada meridional se trabajaba a fines del siglo XII y comienzos de XIII. No es un momento extremadamente rígido y cabe extenderle bastante. Son varias las manos que intervienen en la portada y hay un aprovechamiento tardío de trabajos previamente preparados. En las columnas de las naves conviven hermosos capiteles de la primera y de la segunda época. Las cubiertas de las naves son de arco apuntado y las bóvedas de crucería ojival. Por último, iba ya avanzado el siglo XIII cuando se volteó la gran cúpula cuyos ventanales son ya góticos.
 
 
 
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