Muestra Gaspar Melchor de Jovellanos (49k) 205×123 mm.
Óleo sobre lienzo.
1798. Madrid, Museo del Prado.
Título: Gaspar Melchor de Jovellanos.

Jovellanos es uno de los amigos ilustrados de Goya, al que retrata en más de una ocasión. Este mismo año y llamado por Manuel Godoy, Jovellanos es nombrado Ministro de Gracia y Justicia; y así nos lo muestra Goya, en su despacho rodeado de papeles y reflexionando, tras haber leído la carta que sujeta en la mano.

Poeta, humanista, juez y ministro, es unos de los intelectuales más importantes de la Ilustración española. Es el autor de obras como el "Delincuente honrado" y sus "Diarios". Su familia le

había destinado al sacerdocio pero él prefiere dedicarse a la magistratura, de Alcalde de Crimen pasa a Oidor en Sevilla y de ahí, a la capital para ser Alcalde de Casa y Corte, y finalmente ministro, cargo que ocupa durante nueve meses antes de sufrir un largo destierro.

Goya y Jovellanos se conocen un año antes de ser elegidos miembros de la Real Academia de Bellas Artes. Quizás el primer retrato que le hace Goya es en 1784, con motivo del encargo que le hace Jovellanos de cuatro retablos para el Colegio de Calatrava en a Salamanca. Más tarde, en 1795 y 1796. Jovellanos interviene para que le den a Goya los permisos oportunos para retratar a Godoy  y Fernando VII, y después, en 1798 ayuda al que fuera el encargado de realizar los frescos de San Antonio de la Florida.

El retrato presenta algún paralelismo formal con el capricho 43, en el que aparece una figura masculina apoyada en una mesa repleta de papeles y de su cabeza salen extraños sueños. La posición de las piernas cruzadas es la misma, y también se parecen las ropas que llevan, el pantalón corto, las medias y la casaca larga. Las fechas son muy cercanas, el boceto para el capricho es de 1797 y el aguatinta definitivo de 1799, justo un año después de este retrato de Jovellanos.

Las dos líneas principales de composición se cruzan formando ángulo, el mismo que describe el cuerpo de Jovellanos. La luz es un elemento fundamental en el retrato, todo el cuerpo de Jovellanos está perfectamente iluminado de una manera frontal quedando el resto de la sala en penumbra.

La pincelada varia en el fondo, las cortinas y las esculturas don toques empastados y amplios, mientras que en la figura de Jovellanos las pincelados son más cortas y ligera. Hay una gran riqueza cromática en esta obra en la que predominan los tonos claros, grises, rosas y amarillos.

La obra es encargada por el propio Jovellanos cuando todavía ocupaba el cargo de ministro, antes de abandonar la capital y recluirse en Asturias. En la Memoria Testamentaria de Jovellanos de 1802, lega la obras a su protector, Arias de Saavedra.

                   

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