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Las llamadas Pinturas Negras son un conjunto de catorce obras, siete de las cuales se encontraban en la planta baja, en lo que parece fue el comedor, y las otras siete en el piso superior.
La radiografía revela que en un principio Goya pintó una serie de paisajes que posteriormente transformó con el resultado que vemos hoy día. Sabemos que a finales de 1819 sufrió una grave enfermedad, quizá otra crisis de saturnismo, cuyas secuela son evidentes en el autorretrato Goya atendido por el doctor Arrieta, que debemos tomar como punto de partida para las Pinturas Negras.
En un principio los cuadros se descubrieron como Caprichos del pintor y es quizá así como debamos concebirlos, como una elevación al rango de pintura de composiciones al estilo de las que nos dejó en su primera serie de grabados. Como en éstos, seguramente estamos ante un "ydioma universal" y no ante un programa iconográfico. No obstante, imaginado la magnitud del conjunto, resulta difícil escapar a la tentación de ver en él un sentido unitario. Muchos de los esfuerzos interpretativos que se han hecho descansan sobre la obra más impactante, El Saturno.
Las Pinturas Negras, para bien o para mal, no dejan a nadie indiferente. Su importancia radica en que en ellas se aprecia ya al artista contemporáneo, que pinta sin someterse a un encargo previo ni a las imposiciones académicas y en el que la obra de arte constituye la expresión libre de sus sentimientos, que no tienen por qué ser bellos y agradables, como tampoco lo son muchas de las cosas que pasan en este mundo. En este sentido merecen el calificativo que se les ha dado de "capilla sixtina del Arte Contemporáneo".
En cualquier caso, no debía ser muy agradable contemplar estas pinturas al anochecer a la luz de las velas, así que este conjunto también nos permitía ver el estado anímico de Goya antes de irse a Burdeos.