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Josefina Fidalgo
Soledad
La oscuridad asciende
No te buscan los senderos
cuando el sol regañando se retira
No te llama ni un pájaro
con bisbiseos de nido
No esperas ni un ronroneo
que baje del tejado.
Anochece tormenta
cabellos mareados, tu figura carmínea
como un espiral sediento
da vueltas y vueltas.
Con lentes de présbita te mezclas en el humo
de la casa alunada
Abortas palabras
que rasguñan sin lástima
Ahogas gritos
que ladran mordidas
Doce sonidos tajan el silencio
raspándote la garganta
Como un zumo ácido
brota el llanto explosivo.
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Norma Fumero
XXII
sin humo
galvanizado en copas lumínicas
me parto me reparto
doy
no me doy
lamento mucho su irreparable pérdida
el corazón descarnado levita
en un plato de plata
se incinera desde el centro
la corteza intacta
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Yolí Fidanza
La rosa única
Amelia levedad. Amelia ala.
Viva llama vuelta navegante ceniza.
Palabra celebrante, delatora de extremo corazón.
Luz la escritura donde anida tu asombro
persigues la balada, te ocultas transparente.
Te evoco lúdica alegre trilce trágica
vara de lirio coronada de caperuza blanca
En la noche tristísima cigarra
diurna jardinera de una única rosa.
Me dijiste; pocos saben de mi flor
abierta aquí tan alto en este piso trece
a salvo de modaspestes, mi rosa
esquiva de ágoras, tímida de Academias.
Sigue mi ejemplo; planta un rosal en tu balcón
vale la pena ver cómo lucha para nacer
cómo en apretado botón del viento se defiende
bebe rocío, vibra al tacto del sol.
Así el poema combate por nacer.
Como la rosa ofrenda espina y pétalo.
En cada verso azul el idioma perfuma
en cada espacio blanco se esconden
angustias del silencio. Mira en soledad creada
la más profunda y asombrosa flor. |
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Griselda García
II
tanto ardor es posibles gracias a tu
ausencia
escribirás pequeños poemas
parado tímidamente ante el triángulo púbico
jinetes en cojinetes trajinados
destemplarse de mis aceros
nimbadas, las devoradoras de plasma
desatan una alegría de fiesta
y parten a la conquista del himen. |