Javier Adúriz

¿Oís el río?


¿Oís el río, Okusai? No está lejos.
Tiene el sonido ambiguo de la vida.
Son como cascotitos limpiándose
con la corriente, algo múltiple.

Prestá atención. Detrás del ruido
se ve el nacimiento rudo de las cosas,
eso íntimo, desesperado, casi, casi
enorme en su notoria nimiedad.

¿Oís, Okusai? ¿Ves? No necesito
que me pongas esa cara de tintorero
feliz. Dejate ir nomás, un poco.
¿O vinimos nada más que para esto?

 

Andrés Aldao

soy la sombra

soy la sombra envejecida
de aquel pibe retraído
que jugaba para adentro;
del niño republicano,
el hijo del sastre ruso
que escuchaba deslumbrado
cuentos de soldados rojos
de estrellas de cinco puntas,
de falangistas y leales,
de rojos y de fascistas.

soy la sombra envejecida
de aquel pibe retraído,
sin los dioses ni los reyes
en su sueño proletario:
militante clandestino,
el soldado, el insurrecto
prisionero y torturado,
combatiente y derrotado,
de pie /los esclavos sin pan...

soy el que espera la nada,
ese paso inevitable

de aquel pibe retraído
soy la sombra envejecida.

     
Rodolfo Alonso

Como Rimbaud en Harrar

¿Sin que la poesía me abandone
también yo he frecuentado reyezuelos
en ácidas comunas suburbanas
por óbolos pequeños, subsistencias,
en los alrededores del poder?

¿Salvando las distancias, lenguaraz
de caciques menores, jefes siervos,
sustentando retoños vigorosos
con migajas de estruendo, alegorías,
para que la poesía me abandone?

  Viviana Álvarez

no me pronuncies si olvidaste noches
en tu ida

no digas mis letras si la ausencia borró
los trazos de mi cuerpo en el tuyo

no dibujes mis iniciales en tus labios
si mi voz resuena como eco a tu ser

no atisbes tus noches bajo el 
fuego de mi recuerdo

no me proclames nunca más
   

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