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¿Qué le aportó “Poesía Buenos Aires” en lo estético y en lo vivencial?
Fraternidad y exigencia. Uno podía ser admitido con los brazos abiertos, pero la poesía era una cosa seria. Y el contacto directo, vivísimo, casi cotidiano, con gente por lo general entregada a la poesía “como una manera de vivir” (Tristan Tzara), sin solemnidad alguna, sin grandilocuencia, con un indomable sentido del humor, pero también con una necesidad de la excelencia más auténtica. A través de ellos, junto con ellos, entro de lleno en la gran poesía del mundo. Pero a la cual íbamos descubriendo todos juntos. Como experiencia, insisto. Si ellos me mostraron las grandes vanguardias, los grandes franceses, yo pude acercarles a Macedonio Fernández (descubierto también en librerías de viejo, otro desconocido para la época), y a los grandes modernistas brasileños.



¿Podríamos afirmar que “Poesía Buenos Aires” nucleó a la vanguardia de los '50 y por eso se la suele ubicar como “movimiento”?
Creo que deberíamos situar a “Poesía Buenos Aires” dentro de un contexto histórico y social en relación a la década en que se editó. La década del '50 es muy significativa en la vida social y política del país, partida al medio por la Revolución Libertadora, cuya primera mitad presenta el apogeo del gobierno peronista y su posterior decadencia. Después de 1955 se inicia un gran cambio cultural con la puesta en marcha de la Reforma Universitaria y aparece la figura de José Luis Romero. En 1958 se postula Arturo Frondizi para la presidencia del país, contando con el apoyo de la mayoría de la intelectualidad argentina. Frondizi aparecía como un hombre de izquierda y con una posición antimperialista muy firme. Ahora conocemos la historia de Frondizi... La década concluye con la Revolución Cubana en 1959. 
En cuanto al contexto estético... La primera gran vanguardia argentina es el martinfierrismo, a mediados de los años '20, con Oliverio Girondo, Xul Solar, Macedonio Fernández, Jacobo Fijman, a quienes considero sus figuras más importantes. La segunda vanguardia comienza a mediados de los años '40 y se manifiesta en las artes plásticas a través de los pintores concretos y en la poesía con el movimiento invencionista, el primero encabezado por ese gran intelectual que es el entonces artista plástico Tomás Maldonado, y el segundo por su hermano, el poeta Edgar Bayley, un teórico de primera. De este movimiento invencionista proviene el linaje de “Poesía Buenos Aires”, que arranca desde posiciones de extrema vanguardia. 
El contexto cultural que había en esos años no es el que existe en la actualidad. Existía la gran Guerra Fría, no sólo en lo político sino también a nivel ideológico y cultural; con tendencias y movimientos apasionados y comprometidos con lineas estéticas, sociales, culturales y políticas. A esto se le sumaba un oficialismo del gobierno, y un oficialismo del poder intelectual ligado a ciertos sectores.
Creo que durante la década del '50 se manifiestan dos movimientos de vanguardia en poesía: por un lado, “Poesía Buenos Aires” que aunque viene del invencionismo se va alejando a lo largo de su proceso de todo dogmatismo, sin perder las exigencias y, por otro, el movimiento surrealista encabezado por Aldo Pellegrini.



La revista se convirtió en un espacio de reflexión acerca del quehacer poético a través de la publicación de ensayos y fundamentaciones teóricas.

Exactamente. Se le dio muchísima importancia a lo teórico porque los grandes movimientos de vanguardia siempre han contado con manifiestos y teorizaciones. Había una tradición, no de manifiestos sino del análisis, y esto se lo retoma aún sabiendo que nunca se puede llegar a definir totalmente la poesía. Edgar Bayley sostenía (con razón) que no se puede llegar a la poesía exclusivamente por vía de análisis.

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