|
|
“POESÍA BUENOS AIRES”: FRATERNIDAD Y EXIGENCIA Rodolfo Alonso participó de la revista “Poesía Buenos Aires”, aparecida entre 1950 y 1960 (treinta números), que se constituyó en uno de los hechos más singulares de la historia de la poesía argentina de la segunda mitad del siglo XX en lo que respecta a publicaciones literarias. Dirigida por Raúl Gustavo Aguirre, esta revista nucleó también, junto al muy joven Alonso, a poetas como Mario Trejo, Edgar Bayley, Francisco Urondo, Francisco Madariaga, Jorge Carrol, Osmar Bondoni, Nicolás Espiro, entre otros. “Estas situaciones en que nos sigue colocando la poesía... Produce una sensación de vértigo pensar que se cumplen cincuenta años del número inaugural de una revista que nunca se propuso tener semejante influencia”, es lo primero que dice Rodolfo Alonso al cumplirse medio siglo de la aparición del primer número de la revista “Poesía Buenos Aires”, allá por la primavera de 1950. En 1951 Alonso tenía 16 años, era alumno del Colegio Nacional de Buenos Aires y un entusiasta lector de la poesía de Pablo Neruda, César Vallejo y Federico García Lorca y ya había empezado a despuntar el vicio de escribir poemas. Una tarde de primavera ingresa a la librería Viau, en la calle Florida, con la intención de espiar algunos libros pero le llama la atención la tapa del número cinco de “Poesía Buenos Aires”. “Fue un amor a primera vista, me sentí identificado con el espíritu de la revista”, recuerda. Venciendo su timidez, les envía una carta cuya respuesta no se hace esperar. Lo citan en el Palacio do Café, ubicado en la avenida Corrientes al 700, justo al lado de la casa de Raúl Gustavo Aguirre, su director. El frío de la noche del 3 de octubre de 1951, justo un día antes de su cumpleaños diecisiete, no amedrentó al joven poeta para llegarse hasta el mencionado café y conocer a los que hacían esa revista que tanto le había impactado. Allí estaban, alrededor de Aguirre, Nicolás Espiro, Daniel Saidón y Wolf Roitman. Alonso disfrazó su timidez contando que pertenecía a un grupo de muchachos amantes de la poesía, que en realidad no existían, y cuando le preguntaron si había traído sus poemas sacó del bolsillo del sobretodo un enorme rollo que desplegó sobre la mesa. En ese momento Alonso comenzó a sentir una sensación muy particular: “al mismo tiempo que me aceptaban con total libertad y sin preguntarme nada, sentía una enorme exigencia”. De esa noche recuerda precisamente el preciso comentario que le hiciera Nicolás Espiro sobre sus poemas. “Me dijo con mucha claridad que en mis poemas había algunas palabras que estaban muy manoseadas, que ya poseían una historia y que no se podían usar sin tomar conciencia”. “Al mismo tiempo que nos trtábamos como iguales -agrega-, lo hacíamos con mucha exigencia. Algo que se podría definir como un exigencia fraternal". |
|||||
|
|
||||||
|
|
||||||