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(Viene de la página 13)
Elias Neuman Los que viven del delito y los Otros
Hablar de "causas" del delito requiere una reserva inicial, a efectos de evitar ser acusado de troglodismo intelectual, positivismo lombrosiano y otras lindeces. No pretendemos reeditar aquí la ambigüedad del llamado "delito natural"; al contrario, lo tratamos como lo que es: un ente cultural. Y en este orden es que Moro percibe con meridiana claridad el cambio de "modelo estructural" y la idea de "pecado social" (que el Dr. Mosso generosamente atribuye en su formulación conceptual a Juan Pablo II) atravesando el eje del nuevo paradigma. Las flagrantes violaciones a la justicia conmutativa no son nuevas...
Descartados los determinantes, (y evitando adrede la carga del término "factor") podemos sí, hablar de condicionantes, o sea, condiciones de injusticia social que sirven de caldo de cultivo a las conductas antisociales. Demás está decir que la variable económica encabeza el listado, hoy más que nunca los ojos de las agujas no solo son minúsculos sino que prácticamente no se usan agujas. Sumemos a ésta el cambio de modelo económico y las continuas arbitrariedades de la corona que de un plumazo cambiaban la suerte de algún feudo o arrastraban al pueblo a una guerra de ambiciones privadas y tendremos un clima enrarecido con marcadas diferencias de estamentos y múltiples focos de pobreza.
Desde muy joven le preocuparían las injusticias provenientes de los impuestos confiscatorios. Queriendo Enrique VII resarcirse de los gastos ocasionados por los esponsales de Margarita con el rey de Escocia y de Arturo con Catalina, convocó al Parlamento pidiéndole dos contribuciones por un total de 90.000 libras. El novel diputado Moro hizo uso de la palabra exponiendo con una lógica tan impecable que las demandas del rey fueron rechazadas. El consejero Tyler, que había presenciado la sesión, fue a anunciar al monarca que un "joven imberbe" había frustrado sus planes. De hecho algunos autores suponen que esto encendió los ánimos del rey al punto tal de inventar una querella contra el padre de Moro que lo llevó a encerrarlo en la Torre hasta que pago una multa de 100 libras. Roper llega incluso a afirmar que por esta razón Moro casi debe emigrar.
La crisis de Europa envuelta una y otra vez en luchas estériles, sumía al pueblo en la indigencia, privaba a los jóvenes de aprender un oficio que no fuera el de las armas y finalmente los devolvía inválidos a las retaguardias de un continente que empezaba a envejecer con el cáncer de una revolución: "¿Quién finalmente, está poseído de una furia más audaz para subvertir todo con la esperanza de lograr algo de donde sea, sino quien ya no posee nada que pueda perder? Mas si un rey fuera o tan despreciado por los suyos o tan odiado que no pudiera mantenerlos en la obediencia a no ser que los atropelle con vejámenes, con la exacción, con el decomiso y los reduzca a la mendicidad, más le valdría resignar el rei (Continúa en la página 15)
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