El pensamiento neoliberal del siglo XXI


En su versión mas simplista, el pensamiento económico neoliberal, hoy dominante en América Latina, esta encandilando a muchos grupos políticos, grandes empresarios, seudo intelectuales- que manejan los hilos del poder en la mayoría de nuestros países. En verdad es preocupante que el crecimiento máximo del producto nacional bruto es lo esencial para el desarrollo de la economía, y en la medida en que esto se logre de modo continuado se van a resolver todos los problemas económicos y sociales del país.

De acuerdo a los teóricos de la doctrina este crecimiento depende, fundamentalmente, del dinamismo del mercado -el mas eficiente mecanismo para asignar los recursos disponibles- y de la actividad del sector privado. El gobierno solo tiene a este sentido un papel secundario.

Aseguran que el gobierno, ineficiente por naturaleza para manejar ciertas actividades productivas, debe privatizar todas las empresas que todavía controla e incluso numerosos servicios en los que tiene una gran responsabilidad: salud, seguridad social, educación, obras publicas, agua potable, correos, etc.

Promueven abrir al máximo las fronteras para mercancías, capitales y flujos financieros del exterior. Todo ello conducirá a que las empresas que subsistan sean competitivas y de alta productividad, y a que las empresas ineficientes y caras desaparezcan o se reconviertan. La atracción de capital extranjero es crucial, dada la insuficiencia del ahorro y el capital nacionales. Esto permitirá aumentar la inversión y el empleo y modernizar con nuevas tecnologías toda la actividad productiva de bienes y servicios. Se lograra así la mayor prosperidad para todos.

Para que el crecimiento continuado y estable pueda proseguir, añaden, es fundamental el equilibrio de las grandes variables macroeconómicas: reducir la inflación, equilibrar la balanza de pagos, controlar el gasto y el déficit fiscal y tener una tasa de interés razonable y un tipo de cambio apropiado.

También es preciso, para activar la economía, incrementar las tasas de ganancia a fin de incentivar la inversión privada. Esto requiere flexibilizar y suprimir las dificultades de origen político e institucional que distorsionan la asignación eficiente de los recursos. Estas rigideces son el excesivo poder de los sindicatos, las legislaciones proteccionistas, la intervención gubernamental y los costos excesivos de los programas sociales que -además de generar presiones inflacionarias- desincentivan el empleo y socavan la disciplina laboral.

El dinamismo del crecimiento esta ligado indisolublemente al aumento de la capacidad exportadora. No se aprueban abiertamente, pero se toleran con facilidad, las grandes diferencias en la distribución del ingreso. Las desigualdades que existen en toda sociedad con consideradas como algo positivo porque constituyen una fuente de dinamismo económico. No se dice en publico que es partidario de la desigualdad, pero se cree firmemente que ayuda al crecimiento económico, y que este crecimiento -en un momento de la historia, cuando sea suficientemente importante resolverá por un “efecto dominó” la situación de los mas pobres y los inconvenientes de quienes hoy se ven excluidos de sus beneficios.

En general, el Estado es considerado como una carga de cuyo peso aplastante hay que liberar a la sociedad, sobre todo en materia de impuestos y de reglamentaciones. Pero cuando se ven afectados los intereses de los privilegiados, el Estado ya no es visto como una carga, sino como una entidad que tiene que desempeñar un papel activo para ayudarlos a salir adelante. Ha sido el caso de bastantes bancos privados de nuestro país, cuya cartera vencida tuvo que comprar el para evitar la quiebra, lo que a menudo ha causado al Estado un serio problema de deuda subordinada (ejemplo: en el gobierno del presidente Zedillo para evitar el naufragio de los bancos privados, el FOBAPROA compro su cartera vencida por un monto cercano a los 50,000 millones de dólares).

Lo señalaba muy bien hace un par de años, a propósito de Estados Unidos, el gran economista norteamericano John Kenneth Galbraith: en el pensamiento neoliberal "los gastos sociales que benefician a los ricos, los salvavidas financieros, los gastos militares y, por supuesto, el reembolso a las empresas de intereses acumulados -gastos todos que constituyen la parte mas importante del presupuesto federal- son perfectamente aceptados. Pero los otros gastos sociales, los que favorecen la vivienda popular, los gastos médicos para quienes no gozan de ninguna protección, la nutrición infantil, los destinados a la enseñanza publica y a las diversas necesidades de las grandes zonas urbanas deprimidas, eso constituye el peso inaceptable de los gastos públicos".

Finalmente, cabe señalar que en el pensamiento neoliberal radical no existe ninguna preocupación, o casi ninguna, por las consecuencias y los costos indirectos del sistema productivo en materia de impacto ambiental, agotamiento de los recursos naturales y efectos sociales y ecológicos. Todos estos son problemas del futuro y del mediano y largo plazo y lo que interesa al neoliberalismo a final de cuentas es la rentabilidad inmediata, en otras palabras, las ganancias.

No existe tampoco alguna preocupación por el conjunto de políticas que podríamos englobar bajo el titulo de cuidado conservación y defensa del PATRIMONIO NACIONAL O SOCIAL.

Estas son, en síntesis, las principales creencias o principios neoliberales que hoy dominan el pensamiento económico mundial y latinoamericano, por supuesto con matices desde un neoliberalismo puro y duro -que se cree ciencia económica- hasta otro que trata de corregir algunos de sus impactos en lo social. Esta ideología, que es casi una teología infalible, ha penetrado de manera significativa la mentalidad de nuestros países, aun entre aquellos que se dicen de centro o de izquierda convirtiéndose en norma de conducta y comportamiento generalizada.

 

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