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El inexorable proceso de privatización en la actualidad
Con frecuencia vemos que surge en la opinión general confusión entre los conceptos de capitalización y privatización. La PRIVATIZACIÓN es un proceso mediante el cual las tareas son transferidas del sector público al sector privado. Este proceso permite a los actores no gubernamentales intervenir cada vez más en la financiación y prestación de bienes y servicios y conlleva la introducción de cambios en las funciones y en las responsabilidades públicas y privadas. Mientras que la CAPITALIZACIÓN la podríamos definir como un proceso en el cual se vende a inversionistas privados una parte de las acciones, que no esta definido cuanto debe ser, ya que no existe un patrón fijo.
La primera fase para la privatización de una empresa es la preparación de la venta, aún cuando la presión de la situación económica puede considerarse como uno de los factores más importantes que incide en la celeridad con la que se trata de vender la empresa. La reestructuración es un paso previo a la privatización, en algunos casos la reestructuración es absolutamente necesaria para promover la competencia o facilitar la venta, pero la reestructuración tiene riesgos y plantea problemas importantes. En primer lugar, puede resultar una operación que consuma demasiado tiempo, dando lugar a que se pierda la oportunidad de privatizar. En segundo lugar, puede demandar recursos importantes de los cuales carece el estado. En tercer lugar, puede ocurrir que la reestructuración disminuya el número de interesados potenciales si ella no coincide con los programas de inversión que estos últimos tienen. Reestructurar por razones, tales como la posibilidad de mejorar el precio de venta final de la empresa, implica suponer que el Estado tiene mayor capacidad de agregar valor que el sector privado. En este sentido cabe decir que las mismas razones que conllevan a la privatización, deben conllevar a dejar que sea del sector privado la tarea de la reestructuración de las empresas a privatizar.
La segunda fase de la privatización es la forma de venta, se han experimentado una amplia gama de esquemas o modalidades de privatización y se sigue innovando en este campo. Por lo que no existe un patrón fijo, obviamente la modalidad de privatización ha estado en alto grado determinada por el tipo de empresa o actividad que se privatiza, pero en general, la fórmula que ha predominado es la de la búsqueda de un inversionista estratégico al cual se le vende un porcentaje de acciones con el control de la empresa. Otro porcentaje lo conserva el gobierno, también lo puede enviar al mercado de capitales. Este ha sido el esquema mas utilizado en la venta de empresas de telecomunicaciones, Aéreas y de transportes. Podríamos decir que este ha sido el diseño predominante en las grandes empresas.
El objetivo de conseguir un inversionista estratégico para las grandes empresas que se privatizan ha predominado claramente sobre otros objetivos de política como el desarrollo del mercado de capitales. En la venta del bloque accionario al inversionista estratégico ha predominado ampliamente la licitación pública. Ello a contribuido de manera notable a darle transparencia a los procesos de privatización, lo que a su vez ha contribuido a darle a ésta viabilidad política. Luego de haber desarrollado el esquema sobre el método de venta se procede con el tercer paso, el criterio de selección de los compradores, al igual que con el método de venta no ha existido un único método ni siquiera en el interior de cada país para seleccionar los compradores finales de las empresas públicas a privatizar.
Sin embargo, es posible apreciar el hecho de que el precio ofrecido ha sido el elemento más importante para la selección de nuevos inversionistas. Así mismo se encuentra como tendencia dominante que el precio ofrecido tiende a ser el único elemento para decidir la selección del nuevo propietario. En numerosos casos de privatización en América Latina, el precio ofrecido por los inversionistas interesados ha tenido una ponderación alta o dominante en la selección final; pero ese no ha sido el único elemento (un caso muy claro de esta mecánica fue la venta de los bancos en México). Se le ha dado alguna ponderación también a los planes de inversión de los competidores. Sin embargo, en los casos de privatización más reciente, el programa de inversión mínimo lo defiende el gobierno y se convierte este en una exigencia igual para todos los inversionistas. Estos, habiendo sido ya precalificados, compiten estrictamente sobre la base del precio ofrecido. La utilización de un único criterio (especialmente el precio) para la selección de los compradores de la empresa tiene dos grandes ventajas. Simplifica enormemente el proceso de selección, al remitirlo a un único indicador cuantificable y, por lo mismo, le da gran transparencia al proceso. Habiendo sido previamente precalificados los potenciales inversionistas y habiendo sido igualmente definido el plan mínimo de inversión (cuando ello procede) por el estado, se asegura que cualquiera sea el que gane de entre los compradores, se habrá hecho una buena decisión. La pregunta sobre quienes compran las empresas públicas, ha sido un tema de debate en los países desarrollados y en aquellos en proceso, toda América Latina y en general, en todos los países con programas importantes de privatización. Tres tipos de preocupaciones han emergido fuerza; preocupación por la "extranjerización", preocupación por la "monopolización" y preocupación por la "calidad del sector privado comprador".
Un estudio reciente (Galal 94) discute las consecuencias de la privatización sobre el bienestar social. El trabajo analiza los casos del Reino Unido, Chile, Malasia y México. Se evalúa el comportamiento de un total de 12 empresas y se compara el desempeño de la empresas en el período post-privatización con el comportamiento que se presume hubiesen tenido estas empresas de haber continuado en manos del Estado.
El trabajo intenta cuantificar los efectos de la privatización sobre los distintos actores económicos (compradores de la empresa, consumidores, gobierno, competidores y trabajadores). Las empresas latinoamericanas evaluadas son Chilgener y Enersis (electricidad), Compañía de teléfonos en el caso de Chile; Aeroméxico, Mexicana de Aviación y Compañía de teléfonos, en el caso de México. La síntesis de los diferentes casos indica lo siguiente en relación con los diferentes actores económicos:
Trabajadores de los doce casos estudiados, los autores encuentran que en ninguno de ellos pierden los trabajadores como resultado de la privatización; mientras que en diez de los casos resultan ganadores. Los trabajadores resultan beneficiados a través de la reevaluación de sus acciones en varios casos que incluyen Teléfonos de México y Enersis, la distribuidora eléctrica chilena.
Consumidores: Los autores revelan que los consumidores pierden en cinco de los casos estudiados, como consecuencia del aumento en los precios de los bienes producidos por las empresas privatizadas. Sin embargo, esta consideración no evalúa, tal como los propios autores lo reconocen, si el incremento de precios se requería para hacer viable la empresa en cuestión o si se trató de un ejercicio de poder monopólico de la empresa en perjuicio de los consumidores.
Gobierno y compradores: En todos los casos, las ganancias de las empresas se incrementaron. Por otra parte, el impacto fiscal fue positivo en nueve de los doce casos.
Extranjeros y nacionales: A los inversionistas extranjeros les va bien en los procesos de privatización, pero a los nacionales les va aún mejor. Los grupos nacionales aparecen ganando en todos los casos, excepto en Mexicana de Aviación. Los inversionistas extranjeros aparecen perdiendo en tres casos: British Airways, Mexicana de Aviación y Aeroméxico.
Al sumar los resultados de estos procesos de privatización, resulta claro que si resultan bien ejecutados, tales programas, además de facilitar la venta de las empresas, pueden incrementar igualmente su valor. De esta manera se cumplen los propósitos básicos del mercado que requieren que las actividades socioeconómicas ofrezcan alternativas para dinamizar procesos, iniciar nuevos giros productivos y generar fuentes de empleo, todo ello partiendo de la participación activa de los interesados. Es así como a través de la privatización que los mercados resuelven ineficiencias administrativas y reacomodan los recursos a donde estos se alcancen un optimo y eficaz desarrollo.
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