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La Globalización desde la colonia
Dado que imaginamos a la cultura como una dimensión de todos los fenómenos sociales, entendemos que el análisis de la globalización desde la dimensión cultural está íntimamente vinculado con el estudio en el plano histórico, económico, político y financiero. La expansión internacional está incluida en la dinámica del capitalismo y acompaña su evolución histórica, incluyendo los procesos de acumulación que dieron lugar al desarrollo de este modo de producción.
Desde la conquista de América, fenómeno ligado con el desarrollo de las fuerzas productivas en la Europa de los siglos XV y XVI, que pone de manifiesto el principio de un estado de internacionalización de procesos económicos y políticos, los aspectos culturales aparecen acompañando de manera manifiesta a los procesos políticos, económicos y militares. La conquista trasciende, por ejemplo en México, no tanto por el desplazamiento de la clase dominante indígena luego de la derrota militar, cosa que ya había ocurrido anteriormente, sino por la radical imposición de la otredad (naturalmente que lo traído por los vencedores). Claro que esto incluye la imposición económica y tecnológica, pero lo que constituyó la transformación más radical, la verdadera ruptura, fue el ingreso y el establecimiento de la otra cultura: una nueva manera de concebir y significar el mundo, de procesar el tiempo y el espacio, los valores y los alimentos, las relaciones humanas y las relaciones con la religión.
La expansión mundial de los fenómenos económicos, la GLOBALIZACIÓN, ha ido avanzando a través de los siglos, atravesando diferentes etapas históricas, agudizándose en los últimos años. Los cambios culturales han acompañado de manera compleja los episodios derivados del intercambio comercial y la intromisión política de las grandes potencias en todos los continentes. La reflexión sobre cultura está profundamente vinculada con el desarrollo de la tecnología y con el avance colonial que puso a los europeos en contacto con costumbres diferentes y con extraños modos de vivir y de resolver los problemas de la existencia. En el siglo XIX los antropólogos acompañaron en sus viajes a los administradores de la aventura colonial, así como los misioneros acompañaban a los soldados en la conquista de América.
Existen elementos que nos permiten darnos cuenta que desde la época de la colonia se han presentado rasgos de la GLOBALIZACIÓN. El tema que da lugar al concepto GLOBALIZACIÓN es, pues, antiguo en su concepción, sólo que ahora encuentra una palabra nueva, la que algunos diferencian de conceptos afines (mundialización, internacionalización) acerca de estas diferencias y la incidencia ideológica del concepto dejaremos abierto un paréntesis considerando que requieren mayor reflexión. Sin embargo, es posible pensar que los procesos ocurridos en los siglos precedentes difieren profundamente de los fenómenos contemporáneos, aunque podrían encontrarse similitudes relacionadas con los conflictivos procesos que han dado lugar a la constitución de superioridades.
El eje central de las diferencias radica en la actualidad en el acelerado cambio tecnológico. El cambio en cuanto a la cantidad -por ejemplo, la velocidad-de los descubrimientos genera un canje en la calidad de los fenómenos. Es una forma más avanzada y compleja de internacionalización, implicando un cierto grado de integración entre las actividades económicas dispersas. El concepto de la GLOBALIZACIÓN se aplica, por lo tanto, a la producción, distribución y consumo de bienes y servicios organizados a partir de una estrategia mundial y dirigidos hacia un mercado mundial. Hay sectores en los que se aprecia un mayor impacto de la innovación tecnológica y de la internacionalización de sus actividades originadas en los países mas desarrollados. Tal el caso del mundo financiero, de los mercados de acciones, de los mercados monetarios, y también el campo de las comunicaciones: los medios de comunicación, llevados a escala mundial a partir de los satélites comunicacionales. Es evidente, en estas temáticas y en otras vinculadas con la alta tecnología, la interconexión a escala mundial, la repercusión de acontecimientos financieros locales en el conjunto (por ejemplo, el llamado “efecto tequila” “ efecto tango” “ efecto lambada”), la trasmisión a otros continentes de los programas televisivos y, más aun, la trasmisión a escala planetaria de ciertos sucesos (Guerra del Golfo, Juegos Olímpicos) Entendemos que hay que analizar y descifrar el contenido semántico de la palabra GLOBALIZACIÓN sobre todo en su referencia a lo cultural. A título de ejemplificación cabe mencionar la concentración de funciones en el plano financiero, comunicacional, económico y político en algunas pocas ciudades.“Cuanto mayor es la mundialización de la economía, mayor es la aglomeración de las funciones centrales en LAS CIUDADES GLOBALES tales como Nueva York, Londres, Tokio.
Este ejemplo alude, a uno de los grandes temas que plantea la globalización en el plano de la cultura: la intersección de lo global con lo local, el nivel de las identidades, su evolución y nuevas formas de emergencia, la hibridación. Todo nuevo producto, y más un bien producido por una empresa mundial para su consumo en ámbitos diversos, coloniza un territorio cultural, influye sobre las costumbres, los hábitos, los gustos y valores, requiere un capital cultural para su uso y, con frecuencia, inicia una cadena de nuevos lenguajes. También, es preciso tomar en cuenta la forma en que la cultura local incorpora la novedad, cómo la interpreta y le asigna un lugar en su universo de significados. Por lo tanto, si bien podemos afirmar la influencia cultural y las grandes transformaciones que la mundialización de bienes, servicios y mensajes ocasionan en el plano local, nada autoriza a presuponer una drástica uniformidad de las culturas locales, la convergencia en la “aldea global”, con la consiguiente desaparición de las “identidades particulares”. Aun contra su voluntad los países latinoamericanos, entre ellos México, estuvieron incluidos desde un comienzo en un sistema mundial de relaciones económicas, políticas y culturales. La construcción de la nación, en un proyecto que apuntaba a imponer la modernidad europea sobre la cultura indígena, incorporó también un modelo cultural específico, o sea, los sistemas simbólicos que acompañaban a las instituciones y la importación de formas de organización, de aparatos legales y avances tecnológicos. Así se va constituyendo la nueva identidad, con elementos que responden a universos simbólicos diferentes.
El dinero es quizás el principal producto, no sólo económico y financiero, también cultural, que instala en el mundo entero un marco de significaciones compartidas, de valoraciones, ritmos, competencias y legitimidades. Si hay una cultura mundial que requiere uniformidad, ritos y liturgias, es la implantada en el marco de las finanzas, en el campo veloz e intangible del dinero electrónico, que fluye de las computadoras. El mundo de las finanzas, acaso dominante en la economía moderna, se construye sobre lenguajes y valores compartidos, sistemas de signos universales y también sobre un amplio campo de fe, un nuevo modo de religiosidad, cuyos panegiristas operan desde Wall Street.
El dinero se vuelve cada vez más abstracto, menos ligado a su referente material que es la producción de bienes y servicios. El dinero es el principal producto global, un producto virtual que, aligerado de materialidad, puede circular y reproducirse en la intimidad de las computadoras. Los signos de las cosas se comunican entre sí, domestican los lenguajes, se imponen sobre todos los obstáculos. A esto se llama la voz de los mercados, que nunca duermen y velan por la racionalidad universal. ESO ES LA GLOBALIZACION.
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