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Las perspectivas económicas globales
Según los expertos del Banco Mundial debido a los acontecimientos recientes, comenzando por la crisis de Asia, mucho más profunda de lo previsto, las perspectivas de los países en desarrollo y la economía mundial en los próximos años son ahora mucho más difíciles e inciertas. Las malas noticias se han sucedido con sorprendente celeridad y continuidad: Japón continua la batalla contra la recesión, Rusia ha encontrado graves dificultades financieras, los flujos de capital hacia los mercados emergentes han caído de forma brusca y, en medio de un ambiente de creciente aversión del riesgo en los mercados financieros mundiales, se ha producido una contracción del crédito capaz de nulificar el crecimiento. Además, México, Centro y Sudamérica han acusado los negativos efectos de las catástrofes naturales.
En consecuencia, una fuerte desaceleración mundial de la producción, el comercio y los flujos de capitales, ya iniciada, está ensombreciendo las perspectivas a corto plazo. La demanda interna, con un crecimiento actual superior a la tasa histórica, se está desacelerando en países que representan el 60% de la producción mundial, en particular en los Estados Unidos y Europa; se está contrayendo fuertemente en países que realizan un cuarto de la producción mundial Japón, Rusia y el Medio Oriente, y se está contrayendo en otros, sobre todo en América Latina.
Es probable que algunas políticas prometidas o ya aplicadas recientemente contribuyan de forma notable a llevar de nuevo a la economía por un rumbo más seguro. Los Estados Unidos y otros países industriales están suavizando sus políticas monetarias. El órgano legislativo del Japón ha aprobado un plan de revitalización financiera y otras medidas de estímulo fiscal. El Congreso estadounidense ha asignado fondos para las instituciones financieras internacionales, lo que puede marcar la pauta para otros países.
El gobierno brasileño ha adoptado un programa para reducir su déficit fiscal, que ha recibido firme apoyo financiero de instituciones multilaterales y gobiernos. Los dirigentes del Grupo de los Siete han propuesto un conjunto de medidas para reforzar la economía mundial. El Japón y otros países han prometido más apoyo financiero para los países afectados por la crisis de Asia. Estas y otras medidas deberán impulsar la recuperación económica mundial a mediano plazo y ayudar a impedir una recesión mundial. Pero las políticas tardan en dar resultado y las perspectivas a corto plazo continúan siendo precarias.
Las crisis financieras en que se han visto sumidos los países en desarrollo y la economía mundial durante los 72 últimos meses han puesto de manifiesto varias deficiencias que, por separado y en conjunto, han contribuido a la crisis. Destacan entre ellas la fragilidad de los sistemas financieros nacionales, las lagunas de las políticas macroeconómicas, las imperfecciones de los mercados de capitales internacionales y la incapacidad de la arquitectura financiera internacional para prevenir y resolver las crisis.
Perspectivas
La desaceleración del crecimiento económico mundial en 1998-2001 se hará especialmente visible en los países en desarrollo, en particular en los que se encuentran próximos a mercados de exportación en retroceso y en aquellos cuyos ingresos de exportación proceden sobre todo de la venta de productos primarios y cuyos déficit en cuenta corriente se habrán de financiar con flujos de capital privado. Aspectos en suma que definen nuestra condición de productores y que caracterizan a la economia Mexicana.
Según las fuentes financieras y de acuerdo a las previsiones de diversos expertos, la tasa de crecimiento de la producción mundial se reducirá casi a la mitad, pasando del 3,2% en 1997 al 1,8% en 1998, y se reactivará sólo de forma moderada en 2001, en que alcanzará el 1,9%. Como elementos positivos cabe señalar el crecimiento menos dinámico pero todavía firme de Europa continental y una desaceleración de la economía estadounidense con tiempo y espacio suficiente para preparar un aterrizaje suave y evitar serias crisis internas.
A pesar de las sombrías perspectivas actuales, de acuerdo al Banco Mundial, en términos generales la economía podría crecer a largo plazo (2001-2007) algo más del 3% anual si se adoptan rápidamente políticas para impedir una depresión mundial más profunda y los países en desarrollo refuerzan los sectores financieros e intensifican las reformas. La crisis de los mercados emergentes afectará a los flujos de capital y lo hará no sólo a corto plazo, pero el crecimiento a largo plazo de los países en desarrollo (excluidas las economías en transición) podría llegar a ser de más del 5%, aproximadamente igual que en 1991-97. México esta considerado como un país con altas posibilidades de crecimiento en las industrias ligera y automotriz así como en la electrónica y en textiles, adicionalmente que en lo que a mercados bursátiles se refiere se plantean opciones mas seguras que en Brasil o Argentina y seguimos siendo de las economías que ofrecen mas ganancias y seguridad a los inversionistas.
El optimismo de estas perspectivas a largo plazo está basado en la expectativa de revitalización económica de los países industriales. Según las previsiones, el crecimiento de los países de la OCDE se intensificará a medida que Japón consiga resolver sus problemas bancarios, la Unión Monetaria Europea (UME) ayude a consolidar la integración europea y a alcanzar una mayor eficiencia y crecimiento, y Estados Unidos logren aumentar su productividad. Es importante evitar una recesión a corto plazo con el fin de mantener el consenso en favor de las políticas en que se basa la globalización, y los recientes acontecimientos en el marco de las políticas deben confirmar ese resultado.
Según las previsiones, el comercio mundial registrará un crecimiento más sólido a largo plazo, impulsado por el aumento de la producción mundial y la reducción de los obstáculos al comercio, el transporte y las comunicaciones.
Los países en desarrollo se están beneficiando también de los resultados obtenidos tras casi dos decenios de reforma. Pero el futuro resulta más problemático: los flujos de capital privado tardarán más tiempo en volver y serán más modestos, lo que contribuirá a reducir las proyecciones de a largo plazo (y requerirá mayor ahorro interno para el crecimiento). Habida cuenta de la profundidad de la crisis. Hay todavía un riesgo bastante elevado de que la economía, en vez de experimentar el lento crecimiento descrito en las de referencia, se hunda en la recesión en 2001.
Este riesgo se debe a un conjunto de imprevistos que se relacionan y mutuamente: el agravamiento de la recesión en el Japón; la pérdida de confianza en los mercados de capitales internacionales, que daría lugar a un amplio fenómeno de cierre general de los flujos de capital privado a los países en desarrollo (especialmente de América Latina), y una corrección del mercado de valores del 20% o 30% que puede reducir el crecimiento en los Estados Unidos y Europa.
La pérdida de confianza de consumidores y las empresas por el hundimiento de los precios de las acciones (y también, en parte, por la actual restricción del crédito) pueden convertirse en serios obstáculos que afectaran gravemente el crecimiento en los Estados Unidos y Europa. Por su parte, América Latina, como consecuencia de esta falta de confianza se sumiría en una fuerte recesión si los flujos de capital se interrumpieran durante un largo período.
Las principales enseñanzas de la crisis son que los países deben desarrollar y reforzar sus capacidades normativas e institucionales para lograr la seguridad y estabilidad de los sistemas financieros, especialmente en sus interconexiones con los mercados monetarios, y que es preciso consolidar la arquitectura financiera internacional para evitar las crisis y afrontarlas con mayor eficacia. Es tarea del estado ofrecer las condiciones necesarias para que desarrollo nacional sea el adecuado, en cuanto a las acciones de la sociedad, estas están fuertemente definidas por su determinación a participar en la nueva conformación del modelo de país al que aspiramos. Es tarea de todos el cambio.
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