La globalización y sus efectos


En las primera década del siglo XXI asistimos a un conjunto de transformaciones económicas-sociales y culturales cuya velocidad, vertiginosidad y complejidad no admite precedente y nuestro país no se encuentra ajeno a ello. Han caído rápidamente todo tipo de muros y barreras entre las naciones al mismo tiempo que se amplía la brecha en el nivel de desarrollo humano al que acceden los distintos pueblos, particularmente la brecha entre los individuos ricos y pobres, entre los alfabetizados y los analfabetas, entre las personas del campo y la ciudad , entre los indígenas y los no indígenas, entre las mujeres y los hombres crece de manera descomunal.

El mundo se ve invadido por formas avasallantes de producción y consumo, existe una preocupación por el deterioro incontenible de los recursos naturales, el crecimiento desmedido de la población, el avance de la pobreza; sin embargo, se hace referencia a un nuevo fenómeno que ha llegado a convertirse en un paradigma para los países en desarrollo. Nos referimos a ese fenómeno generalizado de la GLOBALIZACIÓN que tiene como mayores exponentes y beneficiarios a las grandes potencias del mundo contemporáneo.

La GLOBALIZACIÓN crea y promueve un proceso de creciente internacionalización del capital financiero, industrial y comercial, nuevas relaciones políticas internacionales y el surgimiento de nuevos procesos productivos, distributivos y de consumo sin una localización geográficamente especifica, una expansión y uso intensivo de la tecnología sin precedentes.

Es por ello que intentaremos en este breve documento plasmar una conclusión integral de un tema en particular para lo cual tendremos que apoyarnos en, análisis y conjeturas propias, tratando de mantener una visión de la realidad como un todo a partir del principio de la identidad de los pueblos.

La identidad cultural de los diversos pueblos en la actualidad se va homogeneizando o generalizando según ciertas pautas comunes en marcha hacia una cultura estandarizada. Este proceso es propiciado por los poderes generadores de nuevas necesidades de consumo, que manejan a su vez los medios de comunicación social y la producción ofrecida.

Teniendo en cuenta la nueva escena sociocultural que se presenta ante nuestros ojos en este comienzo de siglo, dentro de la cual desfilan ciertos procesos reveladores del cambio como: una pérdida de peso de las instituciones públicas locales y nacionales en beneficio de los conglomerados empresariales de alcance transnacional, la reformulación de los patrones de asentamiento y convivencia urbanos, el replanteamiento de lo propio, debido al predominio de los bienes y mensajes procedentes de una economía y una cultura globalizadas sobre los generados en la ciudad y la nación a las cuales se pertenece, la consiguiente redefinición del sentido de pertenencia e identidad de los pueblos y el pasaje del ciudadano como representante de una opinión pública al ciudadano como consumidor interesado en disfrutar de una cierta calidad de vida, cabe cuestionarnos acerca del impacto negativo que éstos provocan sobre diversas realidades culturales de los pueblos, en particular sobre sus respectivas identidades, aceptando como un hecho ineludible la marcha hacia la aldea global (Marshall McLuhan), como paradigma de constitución del mundo con miras a la homogeneización del planeta en lo político, lo económico y lo social. Para dar una visión más detallada de lo expuesto anteriormente, y lograr el alcance correcto a los términos utilizados, nos basaremos en ciertas definiciones para poder explicar básicamente lo que entendemos por ellos.

La identidad de un pueblo está dada por lo que un sujeto se representa cuando se reconoce o reconoce a otra persona como miembro de esa comunidad. Se trata de una representación subjetiva, compartida por una mayoría de los miembros de una comunidad, que constituirían un valor colectivo en sí mismo (Octavio Paz, Machado).

La homogeneización es un proceso según el cual dos o más elementos se van configurando según pautas comunes, hasta adquirir la misma naturaleza o género.

Con la palabra cultura se indica el modo particular como, en un pueblo, es decir los hombres cultivan su relación con la naturaleza, entre sí mismos y con otras sociedades. Es el estilo de vida común que caracteriza a los diversos pueblos, por ello se habla de pluralidad de culturas.

Es decir, es el conjunto de valores que lo animan y de perdida de valores que lo debilitan y que al ser recreados en común por sus miembros, los reúne en base a una misma conciencia colectiva."

En sentido general, el concepto de estándar deriva del que tiene en el lenguaje corriente particularmente en la producción de bienes: un elemento, una pieza que es lo suficientemente extendida, generalizable, común como para constituirse en típica y universal.

Los grupos de poder, a nuestro entender, son una unidad social constituida por un número de individuos que poseen un estatus y unas relaciones mutuas estables, y que tienen un conjunto de valores o normas que regulan su conducta. Estos tienen las relaciones, bienes o elementos (políticas, económicas, sociales, etc.) suficientes para llevar a cabo sus logros e influir sobre el resto de los grupos y la sociedad por todos los medios posibles valiéndose de un hábil manejo de sus recursos. Ellos crean nuevas necesidades de consumo, que "son un impulso irresistible que obliga a obrar a las causas infaliblemente en determinado sentido". Basándose en todo lo expuesto anteriormente, se plantea la siguiente hipótesis.

Los medios de comunicación social y el proceso de globalización influyen en el consumo de los individuos y por medio de éste, en la identidad colectiva de un pueblo, ya sea creándoles nuevas necesidades, ya sea haciéndolos dependientes a los objetos de consumo y generándoles, de esta manera, el hábito del consumo. Dentro de este contexto, sin embargo, no se borran ni disminuye la posibilidad de los individuos de optar entre las alternativas que ofrece el gran mercado, por aquella que mejor le satisfaga sus necesidades.

Esto se desprende del hecho del nuevo modelo cultural que se está forjando al comienzo del milenio y su configuración nos afecta no solo como individuos de una sociedad, sino también como consumidores.

Con el paso del tiempo los hábitos de consumo se van modificando, así como también, la forma de poner el producto en contacto con la gente es distinta a la que existía hace un par de años atrás. Los adelantos tecnológicos en materia de producción y distribución de bienes y servicios, hacen posible que hoy en día se pueda conseguir un mismo producto en México que en Japón, o también poner al alcance del mundo entero artículos que eran solo conocidos en regiones remotas del mundo. La gente quiere estar "al día", quiere poseer "lo último", con el paradójico resultado, por lo demás, de que cuando ha adquirido lo "último", lo "mas nuevo" ya ha salido al mercado. Vivimos inmersos en programas breves, en el perpetuo cambio de las normas y en el estímulo de vivir al instante: el presente se ha erigido en el eje principal de la temporalidad social.

Estos cambios no solo inciden en la economía de un país, sino también en las costumbres y tradiciones del mismo; Además podemos decir que los cambios en el consumo modifican la identidad de la sociedad; nuevas costumbres, nuevos hábitos desplazan a los antiguos produciendo una constante renovación y continuo cambio de los gustos, estándares, aunque el efecto final se da en la perdida de valores culturales de una región o de un país con el daño en valores, formas de vida y finalmente la transculturación. Seguramente nos esta a nuestro alcance el decidir si queremos o no la GLOBALIZACIÓN , pero lo que si podemos decidir es el tipo de educación, cultura , valores y tipo de vida al que aspiramos , aunque esto no sea una norma general, el hacerlo de manera particular nos hará mejores.

 

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