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Efectos de la centralización en México
Para los hombres del Porfiriato (1876-1910), la salida a la crisis política en la cual se encontraba sumergido México se centraba en la tarea de persuadir (en el mejor de los casos, ya que la coacción era un método usado en forma frecuente) a los sectores que no estaban dispuestos a ceder parte de su poder a efecto de consolidar una autoridad central. México se encontraba ante un desafío de la economía internacional que buscaba, y de hecho logró, nuevamente insertarlo en un esquema del comercio internacional en el marco de la expansión económica que atravesaban las economías del Atlántico Norte. Las elites buscaban sacar provecho de una situación en la que visualizaban, en definitiva, una nueva oportunidad. Eran igual de grandes las expectativas de las elites mexicanas, ante este nuevo escenario, como los requerimientos que debían cumplir a los efectos de seducir a las inversiones extranjeras.
Es importante resaltar la descripción de Glade acerca de los países dependientes: "...la estabilización de la vida política permitió que la maquinaria del Estado se dedicara a afianzar la base normativa de la prosperidad material. En el caso mexicano "...tras padecer medio siglo de desorden en 1876 el Porfiriato, administración firmemente autoritaria, impuso la estabilidad política y cortejó a las empresas extranjeras".
En relación a las consecuencias políticas del Porfiriato podemos comenzar con la descripción de Katz acerca de uno de los tres pilares de la estrategia política porfiriana: la obsesión y la necesidad por mantener la estabilidad política alcanzada a "cualquier precio". Para conseguirla aplicó una "compleja política de concesiones y represión". El objetivo, entonces, consistiría en construir un sistema político de características piramidales, cuyo denominador común fuera la lealtad a su líder. En la cúspide de ella se encontraría Díaz y de tal forma consagraría una dictadura eficaz y duradera. Para sus seguidores, como señala Halperin Donghi, consagrará una tiranía honrada, un progresismo autoritario alejado de la corriente liberal de la Reforma. En 1888 Díaz se había convertido, por intermedio de la "práctica del pacto", en el árbitro de una nación que reclutaba a sus funcionarios gubernamentales de manera plutocrática. Seleccionaba los candidatos oficiales y por intermedio de elecciones fraudulentas mantenía el orden. El sistema electoral, en sintonía con la tendencia centralizadora, determinaba que las elecciones no dependieran de los gobernadores sino que conformasen una prerrogativa del gobierno federal. El México Porfirista se comportaría, entonces, como una circunscripción electoral única con un elector único: el presidente.
La consolidación de esta dictadura se vinculó con dos procesos: el logro de la estabilidad interna, por intermedio de la sustitución de caciques regionales por hombres leales a Díaz (que los liberales no habían podido conseguir) y el surgimiento de un Estado efectivo y poderoso que fuese un resguardo y una garantía para las inversiones de capital en curso. Este "estilo porfiriano" se vinculó estrechamente con la formación del Estado mexicano. Este termino siendo hasta nuestros días la expresión política del sistema.
Resumiendo, el centralismo surge como necesidad para alcanzar la paz en detrimento de levantamientos militares, sublevaciones de caudillos, bandidaje, ataques de indios y rebeliones de campesinos. Este centralismo se nutre entonces del poder de sectores que hasta ese momento lo retenían de manera desarticulada. Centralización política, expansión económica, expropiación y latifundios eran la cara de una misma moneda. Por eso se explica por que este desarrollo no trajo como consecuencia una mejora en la calidad de vida del campesinado en general sino por el contrario generaba hacendados ricos y campesinos empobrecidos. Este antagonismo social fue el que poco a poco iba minando el modelo Porfirista en la que descansaba todo el sistema político y económico.
Este proceso centralizador terminaría (1900-1910) generando dos focos opositores de resistencia relacionados con las contradicciones insuperables de México. Por un lado el campesinado, un sector marginado por los liberales de antaño, sufrió las consecuencias de esta centralización Porfirista ya que en ese lapso el 90% perdió las tierras generando un fuerte "resentimiento agrario" que se traduciría en 1910 en una fuerte oposición activa. Por otro el Porfiriato había perdido parte del apoyo de las clases medias (que en su momento fueron tentadas y asimiladas por intermedio de la burocracia estatal) y altas que pensaban que la pacificación era un logro ya definitivo y que el régimen, por lo tanto había, llegado a su límite.
En relación al desarrollo económico, el centralismo que se traducía en tranquilidad social, permitió en el corto plazo recibir grandes flujos de inversión a tal punto que ayudó a que su producto nacional bruto se elevara a una tasa anual del 8%. No obstante este crecimiento generó una profunda desigualdad ya que coexistían empresas agrícolas de alta tecnología con otras dónde el trabajo se llevaba de una manera primitiva. Este disparidad se puede definir como un fenómeno de "crecimiento sin desarrollo" El progreso económico fue más pronunciado en los sectores de la economía orientados a la exportación dando lugar al denominado modelo agro-minero exportador. La minería registró el crecimiento más rápido. El centralismo resulto ser la garantía para ese estimulo de la demanda extranjera. La producción de la plata, del plomo, del cobre y la producción agrícola, sumado a la construcción de una vasta red ferroviaria, fueron los resultados de la consolidación del Estado Mexicano a través del gobierno Porfirista.
Por otro lado se produjo una fuerte disparidad regional en relación al desarrollo económico. Tanto el norte como el centro de México experimentaron un gran desarrollo económico debido a su inserción en el mercado mundial (diversificación productiva y exportaciones). En cambio el sudeste presentaba rasgos característicos de América Central (poca diversificación productiva). La contradicción que encierra la aparente racionalidad de la economía Porfiriana se debe a la "coexistencia en su interior de un área dedicada a la producción de auto consumo y otra dedicada al mercado. La unidad económica si bien se presentaba como mercantil existían en ella formas de trabajo fijo, no asalariado, como de trabajadores eventuales asalariados".
Es importante resaltar la visión de Bellingeri y Gil Sánchez en lo que dan a entender como la "tendencia fundamental" del proceso productivo: aquí las compañías que surgen como capitalistas en sí adoptan un proceso productivo tradicional. Es decir que en la "formación económico social Porfiriana, la economía de la hacienda aparece como una forma de producción subordinada a la producción capitalista ya dominante, sin que por eso cambien en lo fundamentales condiciones pre capitalistas, sin aportaciones relevantes al proceso de modernización de la economía". La necesidad del nuevo Estado Mexicano por consolidarse por intermedio de los ingresos por exportaciones e importaciones, los impuestos internos y los derechos aduaneros trajo consigo una consecuencia negativa muy importante: se había llegado a un nivel de dependencia de los intereses extranjeros sin precedentes.
Para concluir podemos afirmar que el sistema tuvo como objetivo responder de la mejor manera posible a un contexto internacional que ofrecía grandes oportunidades de desarrollo aunque es evidente que pocos esfuerzos se hicieron para sumar a los sectores populares, situación que mas adelante desemboco en la Revolución de 1910. El Porfiriato fue eficiente a la hora de construir un Estado fuerte y Díaz pensó que había dado fin a la inestabilidad política típica de la región relacionada con las luchas por la sucesión, pero finalmente termino sus días por el mismo problema que se había puesto como objetivo inicial resolver los problemas de la sucesión. Aunque era un sistema político, de sólida apariencia, encerraba en su seno una importante debilidad, su gran capacidad generadora de pobres. La perseverancia de los marginados sumado a los cambios en el contexto económico mundial va generando su caída. Por otro lado los sectores productivos vinculados con la exportación no logran transitar a una etapa capitalista plena. Por último es preciso resaltar que México no escapa a la realidad de América Latina. Surgen, entonces, demasiadas coincidencias y diferencias en su desarrollo. Estas no hacen otra cosa que describir una realidad común marcada por la dependencia, dando lugar a la "unidad en la diversidad" de la región que planteaba Halperin Donghi.
Es evidente que el grado de desarrollo nacional exige que los procesos de DESCENTRALIZACIÓN, tengan como punto de arranque y referencia los procesos electorales y se apoyen en la capacidad de organización social, en las redes de desarrollo social regional, en la posibilidad de impulso a las actividades productivas y sociales, elementos que serán causa y efecto de una verdadera democracia y se constituirán en el detonador del impulso para la transformación de nuestra sociedad. Solamente así podremos hablar de estadios de modernidad, autonomía, de desarrollo de las capacidades de los individuos y en consecuencia de una nación fuerte, libre e integrada.
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