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La necesidad económica de la justicia social
Tras su intervención en Thailandia, Indonesia y República de Corea, el Fondo Monetario Internacional (FMI) se halló bajo el asedio de todos sus miembros. Los debates han sido amplios y ponen en tela de juicio elementos fundamentales como la eficacia y la conveniencia del Consejo Económico del Fondo, la forma en que el Fondo opera y su relación con su principal accionista, Estados Unidos.
Pero el FMI no admite que parte de sus consejos políticos han estado equivocados y, por lo general, parece no estar dispuesto a debatir los temas en público. Sin embargo, en los últimos meses hubo cambios graduales en algunas posturas políticas esenciales. Recientes cartas de intención firmadas con Tailandia, Corea del Sur, Rusia e Indonesia muestran la atenuación decidida de la rigurosa política fiscal y monetaria, al permitir la lenta caída de las tasas de interés y la expansión de los déficit de gobierno (aunque debido a los menguantes ingresos de los gobiernos causados por la disminución de la recaudación impositiva y la pérdida de ganancias por exportaciones, se debe permitir un crecimiento aun mayor de los déficit para asegurar el ingreso de dinero fresco a la economía).
Según el director regional del FMI para Asia, "...el FMI no aconseja la austeridad por el momento, aconseja la expansión fiscal. Ahora estamos en una etapa distinta"...
Además, el respaldo dado a los 30 mil millones de dólares del Plan Miyazawa propuesto por Japón y a la propuesta de Estados Unidos de crear una facilidad de crédito de respuesta rápida dentro del Fondo que no se regiría por las condiciones habituales de la política del FMI, reconoce la necesidad de respuestas nuevas, alternativas y flexibles a las crisis económicas, más allá de la fórmula tradicional del FMI.
Desde el comienzo de la década de 1990, el FMI y el Banco Mundial presionan a los países para que abran sus cuentas de capital (permitir libre entrada y salida de capitales). Casi todos los análisis de las causas de la crisis financiera asiática identifican a la rápida liberalización de la cuenta de capital y al subsiguiente movimiento sin controles del capital financiero como factores determinantes.
Pero las críticas prácticamente universales a la decisión de Malasia de imponer controles a entradas y salidas de capitales muestran que existe una profunda hostilidad a que los países se encarguen ellos mismos de estos problemas.
El dolor del ajuste no se distribuye con justicia, también se señalaron críticas porque la carga del fracaso del sector privado se está pasando al sector público. El economista principal del Banco Mundial, Joseph Stiglitz, planteó recientemente la cuestión en la agenda del Banco Mundial cuando dijo "...la situación es intolerable. Tenemos una arquitectura económica internacional que provocó crisis con mayor frecuencia y, sin embargo, nuestros medios de respuesta resultaron insuficientes. Aunque se habla mucho de sufrimiento, los pobres absorbieron más que su cuota del sufrimiento sin compartir en forma proporcionada las ganancias prometidas".
Para Stiglitz, la solución yace en crear más INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS, para que se escuchen estas voces silenciosas. Ésta debe ser la piedra angular de la nueva arquitectura financiera mundial, pero también se propusieron algunas medidas más inmediatas. Por ejemplo, Estados Unidos y Japón develaron un plan para crear un organismo financiado por el Grupo de los 7 países mas desarrollados, para comprar la deuda emitida por acreedores extranjeros a compañías privadas de Asia con un descuento de entre 20 y 30%.
El Informe de Comercio y Desarrollo de la UNCTAD (United Nations Conference on Trade and Development) para el 2000 advierte que como está constituido el FMI en la actualidad no puede realizar adecuadamente esta tarea porque su estructura de gobierno otorga más peso a las opiniones de los acreedores que a las de los deudores.
Entre otras propuestas, se incluyen las de incorporar al sector privado al financiamiento de los préstamos de rescate, promover una mayor evaluación del riesgo del sector privado y crear regímenes más fuertes de insolvencia y deudor-acreedor. Pero todas estas propuestas son un tanto limitadas, porque dependen en gran medida de la buena voluntad, de una legislación interna efectiva y de la voluntad del sector privado para asumir el riesgo.
El Fondo se sobregiró y debe ser revisado. Los argumentos sobre el mandato del FMI se dirigieron, de hecho, en la dirección contraria con numerosos pedidos a favor de la expansión del papel del FMI para que incluya condiciones ambientales, laborales, de buena gestión de gobierno y democracia.
Sobre este asunto existen opiniones ampliamente divergentes: por una parte, los críticos señalan que el Fondo necesita tomar en cuenta el impacto social y ambiental de sus programas y, por lo tanto, necesita un mandato más amplio y una mejor coordinación con el Banco Mundial. Por otra parte, algunos arguyen que el papel del Fondo se debe limitar a impedir el colapso del comercio debido a dificultades de la balanza de pagos de corto plazo y que el rol estrictamente estabilizador del Fondo se debe desvincular de la misión de desarrollo de largo plazo del Banco y otros organismos multilaterales de desarrollo. La principal fuerza detrás de este argumento es que el Fondo no es una institución democrática, transparente o que rinda cuentas sobre sus actividades y, por lo tanto, no se le debe conceder la autoridad para tomar decisiones sobre asuntos como la buena gestión de gobierno o la democracia.
Aunque resulta tentador ver al FMI como la Institución que puede resolver los problemas de Asia, de África, de América Latina, la corrupción, déficit fiscales, éste es un terreno peligroso. El FMI no es una organización democrática y, de hecho, puede negar el poder político y socavar el desarrollo soberano nacional.
Hasta el momento, la mayoría de las sugerencias para la reforma institucional se centró en la transparencia y la responsabilidad. El propio Fondo está totalmente desacostumbrado al escrutinio exterior y reacciona a la mayor parte de las críticas con arrogancia defensiva. La transparencia se percibe sencillamente como una forma de hacer que la información esté disponible y la responsabilidad significa poner más información a disposición del público. La democracia no parece integrar su terminología. Nuevamente, Joseph Stiglitz hizo un comentario pertinente sobre la transparencia cuando destacó ante un grupo de organizaciones no gubernamentales en Washington que la transparencia sólo tiene sentido si la gente está dispuesta a debatir puntos de vista diferentes.
Sin embargo, existen algunos intentos de aflojar el nexo de poder entre el FMI y el Tesoro de Estados Unidos. El consenso de Washington comienza a desarmarse.
Que hacer
El conjunto de reformas actualmente en oferta es limitado y pretende poner nuevamente en la vía al tren de la globalización económica. Entre éstas se incluyen medidas como el aumento del control, procedimientos de información y contabilidad uniformes, mejor evaluación del riesgo, el fortalecimiento de las instituciones financieras nacionales, más transparencia en las operaciones del mercado.
Muchas de ellas son absolutamente necesarias a corto plazo, como la apertura del FMI a un mayor escrutinio, reconociendo que la liberalización negligente de la cuenta de capital quizá no sea conveniente y que el dinero especulativo crea inestabilidad y volatilidad, la búsqueda de formas de asegurar que el sector privado comparte una proporción adecuada de los riesgos y las pérdidas, respuestas políticas más coherentes y mejor coordinadas de los gobiernos y las instituciones internacionales y mayores esfuerzos para predecir e impedir las crisis.
Pero nada de esto realmente resuelve la debilidad subyacente del sistema actual. Sin mecanismos efectivos y de vinculación que aseguren la redistribución de los recursos y la sustentabilidad ambiental, cuatro quintos de la población mundial seguirán siendo excluidos de los beneficios prometidos del libre comercio y la liberalización comercial. Son tiempos de reestructurar la ingeniería financiera para bien de las naciones, sin embargo es ya imperativo diseñar una ingeniería humana que verdaderamente responda a nuestras necesidades actuales.
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