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¿Puede India competir contra China?
¿Cuales son las lecciones del milagro económico chino? ¿Quién ganará la carrera de crecimiento económico, India o China? Hay más similitudes que diferencias en las políticas de esos países tanto en los resultados obtenidos durante los años de represión económica como en los tiempos de las nuevas reformas.
China fue más represiva, pero sus reformas también han ido más lejos. En ambos países, la liberación del comercio exterior y el desmantelamiento de la planificación central promovieron el crecimiento. La mayor diferencia ha estado en las tasas de inversión, con China invirtiendo más del 40% de su PIB, o sea el doble que la India. Pero el peso de las empresas estatales chinas ha frenado el crecimiento, lo cual sitúa a los dos países con avances muy parecidos. Según las estadísticas oficiales, China creció al 9,7% anual entre 1978 y 1998 (los estimados privados, más confiables, indican poco más del 7%), mientras que la India creció 6,1% anual entre 1991 y 2000.
El crecimiento chino ha sido más intensivo en mano de obra, tras la eliminación de la agricultura colectivizada, creando una explosión de pequeñas industrias para la exportación, intensivas en el uso de mano de obra. Esa industrialización impulsada por las exportaciones fue facilitada por la extensa infraestructura china y por la libertad de contratar y de despedir, además de la total ausencia de cargas sociales sobre las firmas del sector privado.
La India, por el contrario, se aferra a leyes laborales antiguas, pero en ambos países el dinámico crecimiento no ha tenido que ver con ideologías sino que se ha concentrado en sectores considerados por el gobierno como de menor importancia: las pequeñas empresas rurales chinas y los servicios de información y computación en la India. Esos son los sectores donde se permitió funcionar libremente al capitalismo y una vez desmanteladas las barreras gubernamentales, la inventiva empresarial, sin el peso de la intervención, generó un dinamismo imposible de alcanzar por los planificadores Ambos países tratan desesperadamente de eliminar los vestigios del pasado dirigista, con inmensas empresas estatales produciendo pérdidas, pero a lo contrario de lo que sucede en la India, la dirigencia china se ha volteado para abrazar al capitalismo.
En la India, la izquierda no abandona la rectoría del estado y sigue bloqueando la necesaria privatización de las empresas estatales y por ello vemos mayor liberación del intercambio comercial y mayor apertura a las inversiones extranjeras en China. Como resultado, las exportaciones eran el 19% del PIB chino en 1998 y sólo 8% en India, mientras que las inversiones extranjeras directas alcanzaban 261.000 millones de dólares en China y apenas 13.000 millones de dólares en la India.
Además, los chinos que viven en el extranjero financian las exportaciones, haciendo que estas no dependan del débil mercado de capitales interno. Por el contrario, casi todas las empresas extranjeras que se han aliado con empresas del gobierno chino han perdido considerables recursos.
La pobreza ha disminuido considerablemente en ambos países, pero mientras que en China ha aumentado la desigualdad, no hay clamor popular en su contra, como sí existe en la India, donde el virus socialista fue importado por sus elites, las cuales siguen infectadas.
Pero no se trata de una carrera entre el conejo y la tortuga. El sistema financiero es más saludable en la India, aunque comparte con China déficit y subsidios insostenibles. Las ventajas de la India están en el Estado de Derecho y el idioma inglés. Aunque una reciente reforma constitucional china puso a la empresa privada en igualdad con las empresas estatales, los empresarios siguen desconfiando del gobierno. Por ejemplo, cuando la revista Forbes publicó una lista de los 50 chinos más ricos, varios protestaron, diciendo que los habían puesto en la mira del gobierno y del impuesto sobre la renta.
Eso explica por qué los chinos prefieren utilizar financiamiento extranjero, en lugar de inscribir sus empresas en la bolsa. Por otra parte, la educación china basada totalmente en la capacidad de los estudiantes está en proceso de producir la población mejor entrenada del mundo. La carrera entre estos dos gigantes asiáticos es el suceso más dramático del nuevo siglo.
El establecimiento en el extranjero de las poblaciones tanto china como hindú ocurrió bajo circunstancias diversas, pero ambas diásporas influyen en el ámbito comercial a través de la transferencia de recursos. Las inversiones de los países industrializados no son más numerosas en China que en el resto del mundo, la cantidad de recursos se explica por la enorme contribución del capital de los chinos en el extranjero. El promedio de la inversión de Estados Unidos y de la Unión Europea en China equivale a un poco menos de la inversión que se realiza en Brasil; del total de la Inversión Extranjera Directa realizada, el 80% de los flujos de capital provienen de chinos en el extranjero, en particular del Este de Asia.
El monto de las contribuciones de la diáspora china es mayor que la hindú, pues ésta se compone esencialmente de emprendedores en el extranjero que al enviar remesas generan una fuente de financiamiento. El dinero ingresa al país sin dificultad porque China cuenta con la estructura necesaria que permite absorber estos capitales. En contraste, la diáspora hindú se compone esencialmente de profesionistas, su principal aportación es en capital intelectual ya que la afluencia de recursos es limitada, pues India es poco receptiva hacia las remesas enviadas, toda vez que éstas constituyen menos del 10% de los capitales externos recibidos. Las reformas de apertura económica deben prolongarse a una política de apertura hacia los hindúes no residentes. La influencia de China y de India no solamente se expande en el mundo a través de sus diásporas, sino que éstas permiten su consolidación como potencias regionales.
La contribución de la diáspora china es superior, el crecimiento económico ya integró esta vital fuente suplementaria de capitales. Por lo contrario, la aportación de la diáspora hindú es menor, pero su potencial de crecimiento y de trascendencia a la economía local representa una ventaja en el largo plazo. En China los beneficios suplementarios de los recursos de su diáspora ya fueron asimilados en el balance económico, los efectos positivos ya forman parte de los resultados del modelo. India todavía no integra la participación de su diáspora; los beneficios adicionales de las remesas y principalmente del capital humano y de la aportación de tecnología aún no se perciben. El inestable sistema bancario chino y la exclusión de los empresarios locales de los beneficios de la imprescindible IED permiten cuestionar la solidez del modelo chino. En contraste, el modelo hindú es respaldado por la formación de empresarios locales y el potencial de capital humano y de recursos provenientes de los hindúes en el extranjero. Los elementos expuestos permiten pensar que en el futuro, China tendrá dificultades para seguir con su asombroso crecimiento y que India será un modelo alternativo de desarrollo que rebasará a su vecino. Sin embargo, otros factores como las disparidades internas, la dependencia energética o la población en estado de pobreza pueden alterar esta tendencia.
Por último, las reformas de apertura económica fueron impulsadas por dos sistemas políticos diferentes: el gobierno democrático hindú y el gobierno autoritario chino. Cada sistema político posee una estructura propia que determina el grado de intervención del estado y las modalidades del proceso de decisión. Hace veinte cinco años los niveles de vida en China e India eran similares, hoy la economía china es más competitiva. No obstante, en el largo plazo la situación inicial puede volver a repetirse. La primera en iniciar sus reformas de apertura económica en 1978 fue la China de Deng Xiaoping. Siguió la India en 1991, gracias a las iniciativas de Manmohan Singh, ministro de finanzas. Actualmente, ambas naciones buscan competir en el comercio internacional y lograr una mayor participación en la política internacional. Cada una ofrece un modelo de desarrollo competitivo para lograrlo. La política china es impulsada por el Estado, parte “de arriba”; por el contrario, la hindú surge de las propuestas realizadas “desde abajo”. El sobresaliente desempeño económico del “modelo chino” es innegable. Los países vecinos desean reproducir su crecimiento, que ha generado grandes expectativas.
Sin embargo, el “gigante asiático” se preocupa por sus fragilidades más que por sus fortalezas. El desempeño de la economía hindú también genera expectativas, aún si el crecimiento de su PIB está lejos de acercarse al chino. Algunos indicadores señalan que la diferencia entre las potencias regionales puede reducirse; India puede competir en el largo plazo con la economía China gracias al fortalecimiento interno en su economía y a la falta de integración de los empresarios chinos a su economía.
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