Las dos caras del TLCAN a 10 años de su creación


Hace una década, el 1° de enero del 2004, Canadá, Estados Unidos y México firmaron lo que a la postre se convirtió en el Tratado de Libre Comercio (TLC) más ambicioso que se haya negociado entre economías con niveles de desarrollo tan dispares. De hecho, los dos primeros países ya contaban con un tratado comercial, por lo que el gran reto fue que México lograra asociarse a sus vecinos del norte para formar un bloque regional sin precedentes.

El tratado ha contribuido a que América del Norte sea una de las regiones comerciales más activas del mundo, de eso no cabe duda. Los países del TLCAN son responsables del 19% de las exportaciones mundiales y el 25% de las importaciones, mientras que otros bloques comerciales como MERCOSUR o la Unión Europea, constituyen el 2% y 18% respectivamente a nivel de exportaciones (1,5% y 17% a nivel de importaciones). Gracias al acuerdo, la inversión extranjera directa en la región se ha multiplicado a niveles récord. En el 2000, la inversión extranjera directa en los tres países del TLCAN alcanzó los 299 mil millones de dólares, o lo que es lo mismo, casi el doble desde 1993. Actualmente, América del Norte recibe alrededor de 23,9% de la inversión extranjera directa global.

Gracias al TLCAN, México logró diversificar los productos que exportaba, terminando con la dependencia total que se tenía hacia la exportación petrolera. Hasta 1995, las exportaciones mexicanas se apoyaban en gran medida en la venta de productos petroleros, lo que nos hacía vulnerables a los cambios en el precio del crudo. Actualmente, menos del 10% de las exportaciones son de origen petrolero, siendo los productos manufacturados los más comercializados. Para México, el TLCAN ha sido un motor que le ha permitido convertirse en la séptima potencia comercial a nivel mundial y la primera en América Latina. De hecho, México exporta hoy más que Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Perú y Venezuela juntos. También, el TLCAN ha sido un detonador de la inversión extranjera directa hacia México, que pasó de un nivel acumulado de 25,000 millones de dólares en 1993, a 150,000 millones en la actualidad. De allí que el crecimiento de la economía mexicana, hasta hace poco, se explicó fundamentalmente por el dinamismo registrado en el sector externo.

El TLCAN, ha permitido desde sus inicios, que tanto los flujos comerciales como de inversión crezcan aceleradamente en la región. El comercio total entre los países miembros pasó de 289 mil millones de dólares en 1993 a casi 604 mil millones en 2002, lo que representa una tasa de crecimiento de 8.9% anual, en comparación con la tasa de crecimiento del comercio mundial que en el mismo periodo a penas fue de 5%.(Ver grafico anexo).

Las exportaciones de México a sus socios: Canadá y Estados Unidos, han aumentado 225%, es decir han registrado un crecimiento casi tres veces mayor respecto a su comercio con otros países fuera del tratado. Aumentó 50% el empleo en manufacturas y más de la mitad de los empleos creados dentro de este sector pagan salarios 40% más altos que los de empleos similares del sector no exportador. La inversión extranjera directa en México se ha incrementado de un promedio anual de 3 mil 500 millones de dólares, antes del Tratado de Libre Comercio, a 13 mil millones de dólares al año, después de 1994. El 70% de estas inversiones son de Estados Unidos y se inyectan directamente a 14 mil empresas en México.

Pero a pesar de las bondades del TLC, éste también ha tenido importantes costos para mucha gente que ha perdido su negocio y/o su empleo por cuenta de la apertura. La transformación del tejido económico, en cada uno de los tres países, ha implicado sacrificios importantes que, a una década de distancia, no han culminado todavía.
El sector agrícola mexicano, por ejemplo, requerirá de mucho esfuerzo y de substanciales recursos en los años venideros para que mejore su competitividad. El simple hecho de que una cuarta parte de la población mexicana dependa actualmente del sector agropecuario y que éste sólo produzca el 6 por ciento del PIB, da una idea del tamaño del reto. Primeramente es necesario señalar, que el sector agrícola bajo el TLC, es el más protegido. Con el TLC, 88% de las exportaciones agrícolas mexicanas tuvieron, de forma inmediata, libre acceso a EU y 61% a Canadá. Por el contrario, apenas el 36% de las importaciones norteamericanas de estos productos tuvieron libre acceso a nuestro país, al firmarse el tratado. Un 42%, fue sometido a un periodo de desgravación de 10 años, a finalizar en 2003 y el 18% restante será liberalizado hasta el 2008.

Según un informe recientemente publicado por el Banco Mundial y titulado: "Lecciones del Tratado de Libre Comercio para los países de América Latina y el Caribe", las exportaciones globales de México habrían bajado un 25%, la inversión extranjera directa habría sido inferior en un 40%, y el PIB hubiera sido alrededor de un 5% menos en 2002, si el TLCAN no se hubiera puesto en marcha.

Sin embargo, el mismo informe afirma que con el TLCAN no basta para generar crecimiento y poner punto final a la desigualdad social que vive hoy México. Si México quiere crecer a la par de Estados Unidos y Canadá, debe invertir en la educación, en innovación e infraestructura, así como también terminar con la corrupción y otros problemas afines, dice el informe. Pero no sólo eso, no todos los sectores mexicanos se han beneficiado con el TLCAN. Muchos menos los pobres. Pero, ¿ha creado el TLCAN los puestos de trabajo que había prometido? Es cierto, hoy México produce y exporta más que hace diez años, pero también es verdad que se ha vuelto dependiente de Estados Unidos (el principal destino de sus bienes y servicios). Otra desventaja es que la actividad exportadora mexicana se concentra en manos de pocas empresas, fundamentalmente extranjeras, cuya producción depende de insumos que provienen del exterior, lo que constituye un obstáculo para desarrollar e impulsar el crecimiento económico en cualquier economía, no sólo en la mexicana. Aunque el auge exportador ha sido grande, no ha sido lo suficientemente abultado como para crear puestos de trabajos en un país con más de 100 millones de habitantes y en dónde cada día nacen más niños y las desigualdades son más grandes. Hoy en México, 3,8% de la población económicamente activa (en edad de trabajar y en busca de trabajo) está desocupada -la cifra más alta en siete años- y más del 40% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza.

Si el país produce más y exporta más, entonces crece, dice la teoría macroeconómica. El problema siempre está en el reparto de las ganancias. Están los que se llevan mucho (y demasiado) y los que no se llevan nada de nada. El TLCAN trajo beneficios para algunos pero no para todos. Unos cuantos se han visto obligados a abandonar sus tierras, negociar con "coyotes" o "polleros" para cruzar la frontera y buscar un futuro mejor justamente en el mismo lugar donde se generó la pérdida de su fuente de trabajo... por muy irónico que suene.

De esta forma, el ciclo continúa, cada día son más los que cruzan la frontera, más los que pierden sus puestos de trabajo y menos los que creen en las promesas de "beneficios para todos" que vienen incluidas en las primeras líneas de los acuerdos, pero que luego de firmados, pasan al camino del olvido. Sin embargo, el acceso preferencial de los productos mexicanos a EU no lo es todo, y en 2003 esto se demostró cuando China desplazó a México como segundo socio comercial de EU. Este fenómeno se debe principalmente a la pérdida de ventajas competitivas que México viene sufriendo ya desde hace varios años, provocada por la inexistencia de reformas que garanticen las inversiones y los derechos de propiedad, fomenten mejores condiciones para empresas y negocios, y sobre todo, den seguridad y certidumbre sobre el futuro económico del país.

Mucho se ha hablado sobre la necesidad de llevar a cabo una ampliación del TLCAN hacia aspectos que el actual tratado no contempla. Se han iniciado conversaciones sobre cómo alcanzar un acuerdo migratorio, que otorgue derechos y certidumbre a trabajadores mexicanos en el mercado estadounidense. Esta cooperación, podría darse a través de programas como el de Trabajadores Agrícolas Temporales establecido entre Canadá y México, mismo que este año cumplirá 30 años de haber entrado en operación. El tema de seguridad fronteriza, resalta como un tema prioritario dada la integración comercial de México con EU y su cercanía geográfica. En esta materia, se observa una gradual homologación de estándares, procedimientos de inspección y certificación, y otros requerimientos regulatorios, así como el desarrollo conjunto de infraestructura de seguridad para ambos países. La adopción de una Política Agropecuaria Común entre los miembros del TLCAN, permitiría una mejora sustancial de las condiciones de vida de los campesinos mexicanos, y contribuiría al progreso productivo del sector agrícola mexicano, además de eliminar las distorsiones existentes en cuanto a apoyos a la exportación y subsidios otorgados por EU y Canadá a sus sectores agrícolas. También se iniciaron conversaciones con miras a alcanzar una integración energética, que comprendería un incremento en el comercio de energéticos, así como un incremento en inversión en el sector de energía. En suma, a pesar de sus aspectos negativos, son muy pocos los que pueden contradecir lo benéfico que ha sido en términos macroeconómicos formar este bloque comercial norteamericano.

 

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