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La educación como herramienta para superar la pobreza


A.Los grandes desafíos. La educación puede convertirse en motor del crecimiento y en instrumento principal para la superación de la pobreza en Chiapas. Para cumplir con tal propósito la educación debe renovarse y fortalecerse. En particular, las autoridades educativas deben asumir dos tareas principales: elevar sustancialmente la calidad de la educación primaria y volver más relevantes los estudios secundarios. En la formación del capital humano el mejoramiento de la calidad de la educación es la principal tarea pendiente del Estado. Cuando los indicadores de repetición y aprendizaje demuestran que los procesos de enseñanza son dramáticamente deficientes, como sucede en generalmente en escuelas rurales que atienden a los estudiantes más pobres, la educación se convierte en un canal adicional para la transmisión de desigualdades sociales y la preservación del círculo de la pobreza. Más aún, si la fuerza de trabajo de un estado desarrolla insuficientemente sus capacidades básicas, quedan afectadas sus posibilidades de crecimiento económico futuro.

Si analizamos el problema separando de manera algo forzosa los objetivos de los medios, es posible identificar un conjunto de acciones y reformas conducentes a lograr las metas propuestas. Así, se debe modificar la organización tradicional de los sistemas de educación para generar el ambiente propicio para el surgimiento de escuelas efectivas. El financiamiento de la educación pública debe focalizarse hacia escuelas que atienden a los estudiantes más pobres, luego de reasignar los recursos que hoy se destinan a fines sociales de dudosa pertinencia. Es menester modificar el papel, la preparación y el régimen laboral de los profesores. La cobertura de la educación preescolar debe ser ampliada para incluir a más niños de menores recursos en la etapa preparatoria para el ciclo primario.

El proceso educativo requiere cambios importantes en cuanto a métodos pedagógicos, el tiempo y los materiales de enseñanza, y la capacidad de aprendizaje de los alumnos. También es indispensable mejorar la calidad y relevancia de los estudios secundarios y preparatorios, fortaleciendo vínculos entre los contenidos de la enseñanza y las actividades que efectuarán posteriormente los egresados.

B. Hacia una nueva organización del sistema escolar. Para lograr educación de calidad es necesario contar con escuelas efectivas, que aprovechen al máximo los insumos existentes. La experiencia muestra que la escuela efectiva es aquella donde existe un ambiente ordenado: los estudiantes y los profesores asisten a clases con regularidad; la infraestructura es adecuada y permanece en buen estado; y los insumos educativos son provistos oportunamente. Las escuelas efectivas se destacan también por su énfasis académico. Definen con claridad los objetivos educativos y utilizan de manera eficiente los recursos para lograrlo. Finalmente, las escuelas efectivas se caracterizan por el liderazgo que ejercen sus directoresag, quienes dedican la mayor parte de su tiempo a coordinar y administrar el proceso de instrucción, están permanentemente en las escuelas y generan un compromiso de trabajo entre los profesores.

Como se anotó, los sistemas tradicionales de educación vigentes en Chiapas propician la aparición de escuelas pasivas y burocratizadas. Quizá el modelo centralizado pudo haber sido funcional en la etapa de expansión de la cobertura educacional, que se beneficiaba de una conducción homogénea y ordenadora. Hoy día cada escuela debe convertirse en un agente activo de enseñanza, asumiendo la educación de sus estudiantes como su misión esencial.

En suma, las escuelas efectivas requieren un nuevo entorno educacional. Este debe descansar en tres pilares básicos: descentralización, competencia y rendición de cuentas a los padres de familia.

La descentralización debe trasladar funciones y responsabilidades desde el gobierno y sus dependencias a la escuela, lugar donde ocurre el proceso de enseñanza. La escuela, como eje del proceso educativo, debe ser un centro de decisiones autónomo, con capacidad para ordenar contenidos curriculares y establecer estructuras organizacionales adecuadas a sus objetivos y necesidades. Al Estado le corresponde asegurar que los servicios educacionales tengan el financiamiento adecuado y que sean de buena calidad, pero no tiene necesariamente que administrar en forma directa las escuelas. Al respecto, debemos buscar, con pragmatismo, modalidades de administración que provean con mayor eficacia el servicio de educación.

El segundo pilar del nuevo sistema educativo debe ser el establecimiento de mecanismos de competencia para la asignación de recursos. Estos introducen una dosis saludable de competencia entre los oferentes de educación, activando las capacidades latentes de directores y profesores. Las formas de la competencia pueden variar en cuanto a sus instrumentos e intensidad. En líneas generales, los mecanismos de competencia constituyen el mejor instrumento para canalizar los recursos disponibles hacia los usos más eficaces, contribuyendo así a elevar la calidad de la educación.

El tercer pilar fundamental del nuevo entorno organizacional debe ser la rendición de cuentas: las escuelas deben responder a las necesidades y preferencias de los padres de familia. La rendición de cuentas puede ocurrir a través de dos vías principales: la elección individual que es relevante cuando la asignación de recursos que reciben las escuelas depende de las decisiones de los padres de familia; y la opción de elección colectiva, que somete las directrices de las escuelas a mecanismos de elección pública local.

Hay distintos tipos de organizaciones que recogen, en grado diverso, los elementos de descentralización, competencia y rendición de cuentas ya mencionados. Una primera alternativa consiste en incorporar criterios de resultados para canalizar al menos parte del financiamiento público. La aplicación de criterios de resultados para orientar la asignación de recursos a las escuelas debe contar con algún indicador cuantitativo de logro educacional. Una alternativa son los resultados obtenidos por los estudiantes en pruebas estandarizadas de medición de objetivos pedagógicos. Los concursos de proyectos educativos constituyen otra alternativa para asignar recursos a las escuelas utilizando criterios de resultados. Aquí los maestros de las escuelas concursan para obtener fondos públicos presentando proyectos de mejoras educativas.

El mecanismo estimula a los maestros a enfrentar desafíos profesionales, en contraposición al sesgo burocratizante que caracteriza al tradicional sistema mexicano de financiamiento.

No obstante lo anterior, todo arreglo organizacional que prevea el financiamiento debe tomar en cuenta la disponibilidad de recursos en las distintas comunidades. El logro de la equidad en la provisión pública de servicios educacionales requiere la intervención del nivel central para asegurar la distribución pareja de oportunidades.

Conforme a la definición de Amartya Sen, la calidad de vida de una comunidad no debe medirse exclusivamente por el nivel medio de los ingresos, sino por la capacidad de las personas que la componen para vivir el tipo de vida que para ellas tiene valor. En este sentido, la libertad de opción que generalmente proporciona la educación es un aspecto medular del bienestar humano.

 

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