Las dos caras del Tratado de Libre Comercio (TLC)


Estados Unidos de Norteamérica prometió consolidar para el 2005 una zona de libre comercio hemisférica, conocida como el Área de Libre Comercio de las Américas, pero se ha esforzado muy poco en cumplir esa promesa.


El primero de enero de 2004 marcó el décimo aniversario del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y el tiempo justo para colocar sobre la balanza las dos caras de una misma moneda: Estados Unidos y Canadá vs. México. La idea del libre comercio es que tanto agricultores como trabajadores y productores se beneficien de la reducción de reglas comerciales, mientras que los consumidores disfrutan de menores precios y mejores opciones. Al menos en teoría, ese es el objetivo último de la liberación comercial, aunque bien podría decirse que hasta el momento, ésta es más una utopía que una realidad.

Si fuera difícil entenderlo veamos a los miles de mexicanos que trabajan el campo y que se han visto obligados a emigrar a la ciudad con la promesa de un trabajo mejor, para descubrir luego que son sólo eso, promesas. O a otros tantos estadounidenses o canadienses que trabajan en el sector manufacturero y cuyas fuentes de empleo fueron puestas en jaque, claro está, con la salvedad que es más fácil reconvertir o desplazar masas de trabajadores de un sector a otro en los países del primer mundo que en los del tercero. Al menos los países ricos cuentan que los recursos necesarios para hacerlo. Los otros, los de abajo, cuentan con promesas que nunca se cumplen. Seguramente, miles de personas en la región no saben a ciencia cierta qué es el TLCAN o cuándo, cómo y cuáles han sido y serán los beneficios de este tratado, pero de lo que sí están seguros es que cada día es más difícil ganarse el pan y salir adelante en la vida. Muchos analistas dirán que son pocos los perjudicados, que en general el tratado trajo prosperidad. El problema está justamente cuando analizamos la situación de los que no tienen nada, de aquellos que siempre han sido y parecen estar condenados a vivir ignorados por la sociedad. A nivel macro podríamos afirmar sin pestañear que el TLCAN ha sido todo un éxito, pero sólo eso, en líneas bien generales. Como en todo tipo de negocio, acuerdo o transacción, están los que se llevan las grandes tajadas y los que suelen quedarse por el camino, los que ganan mucho y los que ganan poco.

Si analizamos primero el tratado en líneas generales diríamos que el TLCAN permitió la creación del área de libre comercio más grande del mundo y trajo consigo los beneficios de una mayor exportación. Si el país produce más y exporta más, entonces crece, dice la teoría macroeconómica clásica. Sin embargo el problema siempre está en el reparto de las ganancias. Están los que se llevan mucho (tal vez demasiado) y los que no se llevan nada de nada. En México, muchos sectores no están contentos con el TLCAN. Hace 10 años los tres países (Estados Unidos, Canadá y México) conformaron un área de libre comercio con un Producto Interno Bruto (PIB) de 11,400 millones de dólares, es decir, cerca de una tercera parte del PIB mundial, muy por encima de la Unión Europea, aunque por debajo del que alcanzaría de concretarse la puesta en marcha del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
Según cifras del Fondo Monetario Internacional (FMI), el comercio total entre los países del TLCAN se ha más que duplicado, pasando de 306 mil millones de dólares en 1993, a casi 621 millones de dólares en 2002, o lo que es lo mismo, unos 1.2 millones de dólares operados por minuto. Toda una máquina de hacer negocios.

El tratado ha contribuido a que América del Norte sea una de las regiones comerciales más activas del mundo, de eso no cabe duda. Los países del TLCAN son responsables del 19% de las exportaciones mundiales y el 25% de las importaciones, mientras que otros bloques comerciales como MERCOSUR o la Unión Europea, constituyen el 2% y 18% respectivamente a nivel de exportaciones (1,5% y 17% a nivel de importaciones). Gracias al acuerdo, la inversión extranjera directa en la región se ha multiplicado a niveles récord. En el 2000, la inversión extranjera directa en los tres países del TLCAN alcanzó los 299 mil millones de dólares, o lo que es lo mismo, casi el doble desde 1993. Actualmente, América del Norte recibe alrededor de 23,9% de la inversión extranjera directa global.
El TLCAN ha permitido un incremento de 87% en las exportaciones de Canadá a sus socios de la región. Las exportaciones a Estados Unidos crecieron de 113 mil millones de dólares a 213 mil millones de dólares en diez años, mientras que a México alcanzaron los 1.6 mil millones de dólares. Para Estados Unidos, estos diez años también han sido todo un éxito. Las exportaciones a Canadá y México crecieron de 148 mil millones de dólares (el 34,6% a México y el 65,4% restante a Canadá) a 206 mil millones de dólares (51,9% y 48,1%, respectivamente).
Asimismo, el mito de que el TLCAN contribuiría a debilitar la industria manufacturera en Estados Unidos, quedó en el olvido. Según el Departamento de Comercio de Estados Unidos, la industria manufacturera creció 44% en términos reales, mientras que el comercio contribuyó a la creación de 20 millones de nuevos puestos de trabajo entre 1993 y 2001. Los trabajadores del área manufacturera en Estados Unidos acusan al TLCAN de sus problemas salariales y la pérdida de puestos de trabajo pero, según el gobierno de ese país, sus reclamos son infundados. El 80% del incremento en el déficit manufacturero comercial se debe a exportaciones reducidas y una débil demanda en el exterior, y no al incremento de productos importados de México o Canadá.

Sea o no 100% verdad, está claro que a estos trabajadores les queda el consuelo de contar con las ventajas de los seguros de desempleo que brindan los países del primer mundo, cosa que raramente ocurre en América Latina. Por su parte, México no se ha quedado atrás en esta fiesta de números. Las exportaciones a Estados Unidos crecieron un 234% en diez años, el salto más alto de los tres países, y tocó los US$136 mil millones. Las exportaciones a Canadá pasaron de US$2,9 mil millones a US$8,8 mil millones, en el mismo período.

Las exportaciones crecieron con el TLCAN, de eso no cabe duda, las cifras no mienten. Sin embargo, aunque los números se ven atractivos, no todo ha sido color de rosa, especialmente para México.

Según un informe recientemente publicado por el Banco Mundial (BM) y titulado: "Lecciones del Tratado de Libre Comercio para los países de América Latina y el Caribe", las exportaciones globales de México habrían sido un 25% menor, la inversión extranjera directa habría sido inferior en un 40%, y el PIB hubiera sido alrededor de un 5% menos en 2002, si el TLCAN no se hubiera puesto en marcha.

Sin embargo, el mismo informe afirma que con el TLCAN no basta para generar crecimiento y poner punto final a la desigualdad social que vive hoy México. Si México quiere crecer a la par de Estados Unidos y Canadá, debe invertir en la educación, en innovación e infraestructura, así como también terminar con la corrupción y otros problemas afines, termina el informe diciendo, se requieren reformas en muchos renglones de la vida nacional. Pero no sólo eso, no todos los sectores mexicanos se han beneficiado con el TLCAN. Muchos menos los pobres. Según el BM, uno de cada cinco puestos de trabajo, corresponden a sectores orientados hacia la exportación y estos pagan 37 centavos de dólar más que cualquier otro empleo. Pero, ¿ha creado el TLCAN los puestos de trabajo que había prometido? Para el Banco Mundial, la principal lección es que el libre comercio por sí solo no es suficiente. Sin embargo, el Banco Mundial concluye -al igual que otros críticos del TLCAN- que esos beneficios no son suficientes y que se pudo haber hecho mucho más. En su informe destaca que la diferencia entre el nivel de vida de Estados Unidos y Canadá y el de México sigue siendo abismal, por lo que hace falta más inversión en infraestructura y educación. Por eso, para el Banco Mundial la principal lección es que el libre comercio por sí solo no es suficiente sin una reforma significativa de las políticas e instituciones.

A 10 años de su vigencia sus impulsores, como es de esperar, enfatizan los logros del acuerdo. El ex presidente mexicano Carlos Salinas de Gortari estimó que casi todos los empleos creados en México entre 1995 y 2000 provinieron de actividades vinculadas con las exportaciones y la inversión asociada a ellas. Así agrega que la inversión extranjera directa habría sido inferior en un 40% y que el acuerdo fue una pieza fundamental para sacar a flote a la economía mexicana tras la devaluación del peso a fines de 1994.

El ex primer ministro canadiense Brian Mulroney opinó que todas las especulaciones en contra del acuerdo, como pérdidas masivas de puestos de trabajo, fueron erróneas en su totalidad. Y para el ex presidente estadounidense George Bush (padre del actual mandatario), la firma del TLCAN fue uno de los momentos más gloriosos de su presidencia.

Los gobiernos también han elogiado los logros del acuerdo. En Estados Unidos, la Casa Blanca y el Departamento de Comercio no dudan en calificarlo como un enorme éxito que ayudó a los trabajadores estadounidenses a ganar más y a México a reducir la pobreza.

Lo cierto es que las críticas en contra de la liberalización del comercio aumentaron drásticamente este último año, debido a los niveles de desempleo que se registraron en Estados Unidos. Pero de igual manera, muchos insisten en lo contrario y defienden que tratados como el TLCAN han creado mejores empleos para los estadounidenses. Sea como fuere, el debate a los 10 años de la firma de este acuerdo se polariza cada vez más, entre los defensores de la liberalización del comercio y sus detractores. Cada bando utiliza las mismas cifras para apoyar sus conclusiones, aunque lo que está claro es que el TLCAN no es una excepción a cualquier proceso comercial, en el que hay algunos ganadores y algunos perdedores.

México registra exportaciones por las nubes pero también una emigración en aumento y una pobreza en los mismos niveles que hace 40 años, según cifras del Banco Mundial. Con producción creciente pero con puestos de trabajo que desaparecen al ritmo de la economía de EE.UU. o bajo el predominio de productos importados, que llegan a tierras mexicanas a precios más bajos que los locales. Sus funcionarios, al igual que los encargados de los gobiernos de Estados Unidos y Canadá, veían grandes ventajas en la asociación comercial. Crecimiento económico, desarrollo, empleo, fin de la emigración ilegal, fueron algunos de los argumentos esgrimidos en defensa de la integración comercial.

Hoy en México, 3,8% de la población económicamente activa (en edad de trabajar y en busca de trabajo) está desocupada -la cifra más alta en siete años- y más del 40% de la población vive por debajo de la línea de la pobreza. El TLCAN trajo beneficios para algunos pero no para todos. Muchos se han visto obligados a abandonar sus tierras, negociar con coyotes o polleros para cruzar la frontera y buscar un futuro mejor justamente en el mismo lugar donde se generó la pérdida de su fuente de trabajo, aún por muy irónico que suene.
Hoy, al cumplirse la primera década del TLCAN, los resultados son espectaculares, tanto para los éxitos como para los fracasos. De esta forma, el ciclo continúa, cada día son más los millones de dólares en negocios, son más los que cruzan la frontera, más los que pierden sus puestos de trabajo y menos los que creen en las promesas de "beneficios para todos" que vienen incluidas en las primeras líneas de los acuerdos. No todos los mexicanos pudieron subirse a la locomotora del libre comercio.

 

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