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Modernizar la universidad...por ellos
Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo.
Robert Browning
Es difícil explicar, en pocas palabras, como debe de instrumentarse un programa de modernización de una Universidad. Esto, por cierto, no es enteramente nuevo. Ya Andrés Bello* escribía sobre “la necesidad de acomodar las universidades a los incesantes avances del conocimiento y a las variables necesidades del desarrollo nacional”. Lo que hace distinta la situación a inicios del siglo XXI, ha sido la radicalidad de los cambios del contexto, la intensidad y profundidad de los avances en todos los saberes, y el largo periodo de inestabilidad y trastornos que la Universidad ha venido sufriendo a lo largo de su existencia.
Se puede definir modernización como los “cambios e innovaciones necesarios de introducir en la institución universitaria para adaptarla a las nuevas circunstancias y a las que se esperan en un futuro próximo, manteniendo estable su misión fundamental”. Esto significa que al enfrentar la modernización universitaria es necesario preocuparse, por lo menos, de tres aspectos:
1. La misión fundamental de la institución.
2. Los cambios externos e internos que dificultan o facilitan la
realización de la misión fundamental.
3. Las influencias del quehacer universitario deben aplicarse principalmente a la modernización requerida por las modificaciones propias y del contexto.
Muchas de las discusiones sobre “la situación” de la Universidad resultan
difíciles porque se refieren a supuestos distintos. A veces la propuesta requiere de un análisis estadístico muy positivo –aumento de estudiantes, de presupuestos, de remuneraciones, de cursos y carreras de pregrado y postgrado, mejoramiento de indicadores de calidad, etc.
Dicho análisis puede ser desechado por algún otro grupo que, a pesar de conocer las estadísticas, sostiene que la Universidad está en un “deterioro irreversible”. El problema consiste en que los supuestos sobre la “misión” de unos y otros analistas son distintos. En un caso se está mirando fundamentalmente al fortalecimiento académico e institucional. En el otro, a la significación política de los quehaceres universitarios. Esta diferencia de concepto sobre la misión genera dificultades muy difíciles de resolver.
Por una parte, el concepto de misión implica afirmar pro activamente la orientación y sentido de las tareas consideradas como propias, pero por otra, significa considerar como ajenas a su misión otras tareas que competen al Estado, al municipio, la empresa, entre otros actores.
Esta diferenciación es muy difícil particularmente por la variedad de áreas y problemas que cubre la actividad universitaria y la dificultad de limitar el conocer, proponer, enseñar –función académica– del decidir y determinar –función política pública–, la universidad actual, por ejemplo, no puede menos que investigar, enseñar, señalar y proponer soluciones al problema energético. No está llamada a actuar para solucionarlo en la práctica.
Muchas universidades tienen hospitales clínicos destinados a lo que son las funciones universitarias permanentes: investigación biomédica, enseñanza en ciencias de la salud, transferencia de tecnología avanzada, perfeccionamiento y otras. Su función no es la solución directa de los problemas de la pobreza y sus efectos sobre la salud, por lo cual la atención gratuita de pacientes de escasos recursos es responsabilidad del Estado y no de la Universidad por lo que esta debería recibir de aquel el costo de esa atención. En la misma situación se encuentra un centro de extensionismo agropecuario, una estación de radio o un canal de televisión que para sostenerse en el mercado, no puede transmitir programas académicos o culturales.
La definición de “misión” no es fácil aun cuando es la primera tarea de una institución que emprende estrategias modernizadoras. El hecho es que la “misión” de una institución universitaria, particularmente la más tradicional y con larga experiencia, es un producto histórico, por lo tanto social, que no puede imponerse a una comunidad especialmente cuando se debe cambiar paradigmas largamente asentados en ella. Cuando se dice “comunidad” no solo nos referimos a sus miembros, también al mundo externo que por diversas razones mira o siente a esa institución como propia. Este podría ser el caso de la UNACH y su papel visto por políticos, las ONG´s, los padres de familia, los medios de comunicación, las otras instituciones de educación superior y la sociedad en general.
La Universidad Autónoma de Chiapas, entidad compleja y múltiple, se definió desde su integración en el periodo 1970-1976 por tres características que debían aplicarse en todos los ámbitos de acción.
1. Servicio público desde, y solo desde la actividad académica.
2. Pluralismo en sus diversas modalidades (religiosas, étnicas, políticas, etc.).
3. Excelencia como factor decisivo y no negociable para cumplir la misión.
En conjunto estos propósitos debieran lograr tres fines: calidad, equidad y pertinencia. Esta definición que parece simple y, en realidad lo es, significa volver a la tradición de la Universidad y permitirá superar, no sin dificultades, los extremos de visiones muy discordantes que existen en su interior. Recuérdese que algunos sostenían que su papel era “encabezar el cambio revolucionario”. Otros creían que “la Universidad de Chiapas solo servía para enseñar, otros la ubicaban exclusivamente para formar profesionistas al servicio del estado, algunos para formar deportistas, otros mas para hacer investigación etc. La actual situación chiapaneca en educación superior ha sido determinada en parte por nuestra propia historia y tradiciones, pero también y en una cuantía significativa por la particular respuesta de las autoridades educativas a tendencias actuales que se manifiestan no solo en México y América Latina, sino también en el resto del mundo, como ha quedado claro después de la ultima Conferencia Mundial de Educación Superior de la UNESCO.
La modernización, consiste, en primer lugar, en “poner al día”, “asumir”, “tener presente”, “adoptar y adaptar” los cambios producidos en los diversos ámbitos en los que trabaja la universidad, el entorno en que se mueve y su situación interna. Para construir una estrategia de desarrollo que logre la triple finalidad de calidad, equidad y pertinencia, las autoridades de la Universidad Autónoma de Chiapas seguramente consideraran la conveniencia de:
a) Incrementar los recursos públicos o de otro origen –donaciones, fuentes internacionales, etc. (Solamente el Colegio Indígena Federado de Saskatchewan, Canadá, ha aportado desde 1998 cerca de un millón de dólares canadienses a la Unach).
b) Incrementar los recursos para créditos y becas, de modo de lograr mayor equidad. (Particularmente ser otorgados como un estimulo académico solamente para docentes y estudiantes destacados).
c) Incrementar los ingresos propios a través de fuertes incentivos a los académicos y áreas para realizar actividades de vinculación. (Recursos hay, pero se requiere una buena gestión para obtenerlos).
d) Liberar a la universidad de regulaciones que le impiden competir en igualdad de condiciones con entidades que también reciben recursos públicos y no tienen tales restricciones. Modernizar significa, desde el punto de vista académico, mirar el futuro considerando la evolución probable de cada una de esas áreas (conocimiento, tecnologías, necesidades regionales, entorno sociopolítico y económico) y los ajustes y desarrollos internos indispensables y deseables.
Aquí nos seguimos debatiendo frente a una realidad a la cual podría definir como compleja, aunque creo que esta definición nos quita la responsabilidad que tenemos cada uno de nosotros. Me estoy refiriendo al hecho que tal vez no es la realidad la compleja, sino que somos nosotros quien la complicamos. En la era de las comunicaciones, en el cual técnicamente debería existir mayor dialogo, vivimos cada vez más cerrados y encerrados, desconfiando de todo aquel que intenta acercarse a nosotros. Cada vez son mayores los miedos. En algún lugar del mundo es miedo al terrorismo, en otros, miedo al secuestro o al robo, y en casi todos, miedo al engaño y a que te quieran sacar alguna ventaja en este planeta de competencia salvaje.
Hoy me desafío a mi mismo y a todos los universitarios a seguir construyendo algo mejor entre todos, y ese es el espíritu que pretendo a que pese a todos y a todo, se convierta en el mensaje central de y para los que diariamente impartimos clases a las nuevas generaciones de jóvenes chiapanecos, quienes ansiosos por conocimientos buscan una oportunidad para ser mejores. Educando hacia el compromiso, no con versos retóricos, ni frases hechas, sino a partir del trabajo desde el mismo terreno y desde la mas modesta de las actividades. Es sobre esta hipótesis que se debe instrumentar un proyecto académico y los programas, estrategias y líneas de acción de las todas las áreas universitarias. Es un buen momento para devolverle la vigencia tan necesaria, a nuestro lema “POR LA CONCIENCIA DE LA NECESIDAD DE SERVIR”.
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