Un referéndum para eliminar las armas nucleares


¿Qué aprendimos de la Guerra Fría, del movimiento de desarme de las tres pasadas décadas, y de la historia del control de químicos y armamentos? Seguramente las lecciones más claras son que el desarrollo, la producción y el empleo –o la amenaza de empleo– de armas nucleares es un círculo vicioso. Las armas de destrucción masiva no aportan una seguridad mayor. No traen la estabilidad. La seguridad de mutua destrucción no terminó con la guerra fría. La escalada de arsenales nucleares paró cuando disminuyó la percepción de hostilidad y amenaza, influido por una percepción global de las limitaciones morales y políticas del uso de armas nucleares como herramientas de diplomacia. Es especialmente importante que nosotros recordemos aquellas lecciones, ahora cuando la comunidad mundial piensa en una guerra, según dicen, contra las armas de destrucción masiva. La guerra en Irak traería enormes beneficios económicos a los intereses petroleros de occidente, y estamos convencidos que la estrategia estadounidense no consiste sólo en frenar el camino al terrorismo y parar la amenaza de las armas de destrucción de masas, sino también dominar las reservas de combustible fósil. Pero vamos a tomar, de momento, el argumento de que EEUU persigue a Irak por el miedo a la proliferación de armas de destrucción de masas, y en particular de armas nucleares.

Greenpeace se ha opuesto al desarrollo, la producción y el empleo de armas nucleares y otras armas de destrucción de masas desde su inicio hace más de 30 años. Las pruebas y la producción de armas nucleares ya han causado estragos en ecosistemas y en la salud humana; el empleo de armas nucleares accidentalmente o por el conflicto significaría –en el mejor de los casos– zonas con altos niveles de radiactividad con miles de personas afectadas, o –en el peor de los casos– el fin de la capacidad de nuestro planeta de sostener la vida tal y como la conocemos. Creemos que el desarme nuclear de todas las naciones es un requisito fundamental para un futuro sostenible de la Tierra en el siglo XXI.

Un ataque a gran escala sobre Irak por haber intentado adquirir armas nucleares, no tendría precedente. EEUU no amenazó con atacar Israel, India o Pakistán por la adquisición de armas nucleares. Hay tres estrategias militares posibles para prevenir la proliferación: el ataque contra-proliferación, la fuerza de disuasión nuclear, y el asalto militar para promover "un cambio de régimen”. Todos son erróneos.

La contra-proliferación militar –el ataque israelí sobre el reactor Osirak de Irak en 1981 es un ejemplo– puede que temporalmente solucione la cuestión técnica de la proliferación, pero crea relaciones tensas que conllevan el desarrollo de programas de armas de este tipo. En el caso de Irak, la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) desmontó un programa clandestino para obtener armas nucleares; la amenaza de una respuesta militar de contra-proliferación por parte de Estados Unidos al parecer no ha logrado disuadir a Irak de volver a intentar restaurar el programa. Si la fuerza de disuasión nuclear fuera una estrategia viable, estaría funcionando ahora. En la lógica de la guerra fría, la fuerza de disuasión dictaría que Irak –o cualquier otro estado– serían intimidados por la superioridad aplastante del arsenal nuclear y de la máquina militar de Estados Unidos. Obviamente esto no es lo que ocurre. Para un régimen que afronta la destrucción tanto si usa como si no un arma nuclear, un único ataque nuclear se entendería fácilmente como autodefensa legítima, y como respuesta apropiada contra un agresor nuclear.

¿Puede Estados Unidos desarmar satisfactoriamente a Irak invadiendo el país, tomando control de su infraestructura y colocando una marioneta en el poder? Posiblemente ¿Conseguirá un cambio de régimen traer paz a la región y disuadir a otros estados o agentes de perseguir las armas de destrucción de masas? Desde luego que no. Todo lo contrario. Tomemos a Irán como ejemplo. Es un país con una historia de relaciones con EEUU con altibajos, pero actualmente se cuenta como amigo en la declaración "la guerra contra el terrorismo". Es políticamente inoportuno en este momento para Estados Unidos darse cuenta que Irán también está aumentando rápidamente su capacidad nuclear, como era inoportuno políticamente para EEUU darse cuenta que Saddam Hussein empleaba armas biológicas contra su propia gente en otro tiempo. A Irán, la lección de una invasión sobre Irak fomentará que desarrolle rápido sus propias armas de destrucción masiva, mientras Norteamérica se concentra en otro sitio.Se requiere una gran batería de respuestas, pero claramente la primera y fundamental es de liderazgo y de intención política. El presidente Bush ha dicho que la verdadera cuestión en Irak no es la aceptación de inspectores de armas de Naciones Unidas, sino el desarme comprobable. El problema es la enorme inconsistencia de tal declaración viniendo del poseedor de más de seis mil cabezas nucleares. (Greenpeace Reporte Anual 2001).

El régimen de no-proliferación ha sido socavado año tras año por los estados poseedores de arma nucleares "oficiales", que claramente muestran su convencimiento de que las armas nucleares son necesarias para su seguridad. Los estados con armas nucleares se han burlado eficazmente de Naciones Unidas y de acuerdos internacionales con una presteza igual a la de Irak.

EEUU y otros estados con armas nucleares "oficiales" tienen obligaciones legales de eliminar sus arsenales. Deberían dar el ejemplo. En cambio, en los EEUU el Senado ha rechazado ratificar el Tratado de la prohibición de ensayos nucleares. La administración de Bush ha minado el protocolo de verificación de la Convención de Armas biológicas. Y el control de armamentos con Rusia ha pasado ha ser un trato bilateral políticamente correcto más que acuerdos de desarme transparente, con fuerza legal y comprobable, que es lo que en realidad podría destruir las armas nucleares. La Administración de Bush no puede dictar la norma de no-proliferación por edicto. No puede actuar con ninguna autoridad creíble para eliminar las armas de destrucción de masas de otros sin hacer lo propio con las suyas. La cuestión contra estas armas debe ser una cuestión moral, no de conveniencia estratégica.

La presión de otros estados árabes así como de otros países occidentales es importante especialmente como una contribución a una política estadounidense en Medio Oriente más efectiva y positiva. La solución de la cuestión Palestina es un requisito previo y necesario para cualquier movimiento de Israel para unirse a las negociaciones sobre armas de destrucción masiva en la región Estados .Unidos puede jugar un papel clave en la resolución del conflicto.

En tercer lugar, la presión sobre Irak debe incluir un acercamiento completo al problema de la proliferación de tecnología nuclear. Debe haber una contención del programa de armas, pero también de las ambiciones que hay detrás. La moralidad y lo que se considera como comportamiento aceptable por los estados y sus líderes es también una percepción, y esto cambia con el tiempo. Según nos movemos hacia una globalización de la sociedad civil, tenemos que construir una moralidad mundial contra la posesión de armas nucleares. La piedra angular de cualquier estado o líder que se quiera proclamar como una autoridad moral debe estar basada en su responsabilidad hacia la sociedad civil. Deben comprometerse a través de acuerdos globales con el bienestar global, y deben aceptar una definición global, como un comportamiento aceptable, hoy la globalización debe trascender del ámbito comercial y financiero a lo humanístico. La capacidad de un estado para ejercer su voluntad sobre la comunidad mundial debería ser medida en su compromiso demostrable de hacer el bien a esta comunidad. La autoridad de sus líderes, en casa y en el extranjero, debe basarse en una nueva definición global de lo que es la confianza del pueblo. Esto significaría que los estados con armas nucleares se comprometerían y comenzaran con el proceso de eliminar sus armas nucleares con el conocimiento cierto de que tales armas son incompatibles con una política de seguridad y sustentabilidad desde una perspectiva global. Cualquier estado que pensara en adquirir armas nucleares tendría que ser disuadido a través de una repulsa global –tanto a nivel estatal como individual– a la adquisición de armas nucleares. Cualquier líder que conduzca a un estado en esa dirección debe saber que se enfrenta a un rechazo mundial, con una autoridad moral que mancillará su futuro como líder, tanto en su país como en el extranjero. Este rechazo moral tiene que ser apoyado con convenios y sanciones que puedan ser aplicados de una manera imparcial y objetiva.

Es evidente que la Administración Bush no está entusiasmada en utilizar a las Naciones Unidas o acuerdos multilaterales como herramientas para la resolución de conflictos, prefiriendo en cambio usar su poder militar para asegurar que sus objetivos estratégicos sean alcanzados. Esto es quizás el desafío más grande para la comunidad internacional del siglo XXI. No podemos continuar en un mundo construido en base a líderes y naciones concentradas en su egoísmo. Un mundo en peligro, necesita líderes locales, nacionales y mundiales conscientes de las necesidades y los imperativos morales de un futuro común.

 

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