La crisis del capitalismo global y el desarrollo convencional


Durante los últimos 30 años hemos sido testigos de un período de crisis espectaculares a escala mundial. Todos somos viajeros del mismo tiempo de alta incertidumbre, que se dirige a un mundo totalmente distinto al que conocemos y que nadie puede predecir. A partir de los años setenta, como dice George Soros, se inicia realmente un monumental capitalismo global. Occidente impulsa un gran bombeo de dinero, tecnología y nuevas mercancías a la periferia mundial, después de que su extraordinario crecimiento productivo y acumulación de capital superaron todos los requerimientos de sus mercados nacionales. Simultáneamente, los países del llamado tercer mundo, no habían desarrollado sino una pobre economía doméstica compuesta básicamente por pequeñas unidades productivas sin capacidad de acumulación. En las últimas tres décadas, al chocar estas dos grandes olas como diría Alvin Toffler, la economía desarrollada, trastocando los patrones culturales y de consumo de las no desarrolladas, por superioridad competitiva, ha dominado casi por completo todos los mercados locales del mundo. Este colapso ha originado el gran subempleo de las amplias capas de la población mundial. Sobre tal situación se levanta la crisis general de la sociedad contemporánea que todos percibimos, y que muchas veces concebimos como si tuviera vida propia. En medio de esta extraordinaria convulsión, hay un pequeño conjunto de grandes fuerzas estructurales que tienen una relación especialmente importante con los análisis más serios y responsables del gran desequilibrio mundial que vivimos. Veamos cuales son:

El desarrollo económico por automatización. La fabricación industrial que antes requería los esfuerzos de centenares de trabajadores, puede realizarse ahora en mucho menos tiempo y con mucha más precisión mediante el uso de sistemas automatizados y sólo unos cuantos operarios capacitados. La economía moderna puede sostener los más altos niveles de producción de la historia humana con menos personas que nunca. Los puestos de trabajo tradicionales se vuelven obsoletos en forma masiva. Desgraciadamente, no somos tan hábiles para encontrar empleo productivo a las personas que este proceso desplaza. Estamos hablando de un cambio estructural permanente, no de un problema económico temporal. Los puestos de trabajo se pierden por centenares de millones.

El desarrollo económico por concentración. El capitalismo global ha creado una estructura empresarial que ha ido concentrándose y modernizándose cuanto más ha ido destruyendo las estructuras empresariales de menor equipamiento y tecnología. Millones de empresas, atrapadas en veloces procesos de obsolescencia productiva, no tienen acceso al mercado de la competitividad. No venden, no pagan sus deudas, no tienen acceso al crédito, a la tecnología, y mueren. Simultáneamente, ha ido formándose una extraordinaria infraestructura productiva y de servicios en todo el mundo. Grandes ciudades llenas de edificios inteligentes y confort. Vías férreas, súper autopistas, espacios aéreos y redes de telecomunicaciones, que transportan cosas, personas y señales a grandes y más grandes velocidades a la vez. Una capacidad industrial robotizada, una poderosa capacidad financiera, un mundo de alta tecnología. Todo ello, el pequeño mundo social de las grandes corporaciones, y toda la gran capacidad industrial construida, permanecen hoy, pero sólo como una gran cubierta que disimula los profundos problemas económicos que aquejan a la humanidad. Sin embargo, muchos líderes políticos se niegan a entender esta crisis estructural. Están demasiado instalados en sí mismos, en su imagen y los siempre próximos comicios electorales, que no ven más allá de las cosas corrientes. La deuda mundial del sistema empresarial global y los gobiernos es simplemente impagable ya.

 

La guerra económica del capital global. El desarrollo del capitalismo global por automatización, competitividad y concentración, establece un marco de guerra económica que ocasiona todo lo contrario a la "asignación eficiente del ahorro mundial para la estimulación del crecimiento económico de todos los pueblos". En esta guerra sólo ganan muy pocos, la gran mayoría pierde. Es una guerra desigual de precios contra todas las economías domésticas del mundo. Principalmente contra las economías de los países atrasados que sólo cuentan con una formación nacional primaria de infraestructura productiva y capital, por lo que sus costos y precios internacionales son cada vez más elevados. La falta de competitividad de nuestra economía, no es un problema de eficiencia de sus empresarios o de falta de apoyo a los mismos por parte de sus gobiernos nacionales, tan pobres y endeudados.

 

Ninguna economía nacional del mundo, menos la nuestra, puede competir con la economía de dinámica global y sus estructuras empresariales de gran poder financiero, equipamiento de renovación continua y tecnología de punta, de costos y precios cada vez más bajos consecuentemente. Las propias economías internas de los países ricos, a pesar del extraordinario apoyo que reciben de sus respectivos estados, sufren las consecuencias. Los campos de batalla de los gigantes del mercado, definitivamente, no son los campos de batalla del desarrollo. Es una guerra por estandarización contra la diversificación natural de las economías nacionales, condición básica e imprescindible del desarrollo de todo país. El sistema de las grandes corporaciones estandariza la producción y obliga al mundo a consumir lo que ellas producen. En esas condiciones los países más pobres no podrán desarrollar nunca un mercado de productos básicos en expansión. No hay nada más importante que una economía nacional diversificada. Los países deben capitalizar sobre las bases de su propia diversificación, para que esta capitalización sea relevante y pueda atender todas las áreas del desarrollo nacional.

 

Los ambientes bélicos del capital global. La humanidad vive hoy una realidad insoslayable, el 90% del mundo no recibe los beneficios y compensaciones de la "distribución de recursos del capital global". A pesar de ello, las teorías preeminentes de la economía política siguen considerando al capital global como la exclusiva vía del desarrollo. El gran problema es la falta de desarrollo en la gran mayoría de la sociedad. Sin desarrollo la gente se muere o se crean grandes olas migratorias. La gente teme más al infierno del desempleo que al infierno del doble turno de los ilegales en los EE.UU. De lo contrario se dedica al pillaje y al saqueo, y después a la guerra. Finalmente, el factor escaso en el mundo no son las armas; muchas empresas y países están dedicados a producirlas. La comida, los textiles y el calzado ya no son negocios rentables. El consumo de los países atrasados ya se detuvo. Los americanos están obligados a consumir más productos de los europeos y los japoneses, y cada uno de estos dos últimos tiene que hacer lo mismo con los otros dos. Si esto no sucede, el sistema del capital global se hundirá. En ese sentido, el atentado terrorista del 11 de Septiembre en New York ha llenado de malos augurios al mundo. La situación se caracteriza por tal incertidumbre que ni siquiera se puede saber cómo será esta década. Sin embargo, no todo en el mundo es malo. Tengamos en cuenta que la guerra es la manifestación más alta de un proceso terminal. Indica que viejos tiempos terminan y que comienzan nuevos. Esa es la esencia del contexto mundial, aunque no lo podamos ver o percibir todavía. Tengamos en cuenta que los viejos paradigmas del capitalismo global se han hecho trizas, y que esto nos obligará a repensar todo lo que tiene que ver con el desarrollo humano. Todo ello abrirá el paso a un nuevo tipo de globalización de cooperación y responsabilidad, donde los principios y valores de todas las doctrinas humanas se volverán una gran realidad. A un mundo donde los liberales y socialistas, los musulmanes y cristianos, y todos, no vivirán compitiendo, sino cooperando en un ambiente de paz, democracia y desarrollo.

La Guerra. Los terribles actos terroristas del 11 de Septiembre en New York, y la violenta respuesta a los mismos, no son hechos aislados o fortuitos que encuentran explicación en el "fanatismo religioso de un grupo de personas irracionales encabezadas por Bin Laden", ni han sido "provocados por Satán en la persona de Bush y su gobierno salido de las tinieblas del pecado". No. Los actos de guerra que vivimos no son "hechos delictivos comunes" o simplemente "obra de la perversidad humana". Aunque sea difícil admitir, tenemos que aceptar que son hechos esencialmente políticos, sistémicos, sino no les podremos dar solución. Son parte y consecuencia de dinámicas mayores, cuyas variables y procesos subyacentes, los líderes estructurales, están en la obligación de descubrir y dominar. El sistema capitalista global no es algo monolítico, dentro de él existen niveles de competitividad y concentración, y fracciones que se desarrollan en condiciones económicas y políticas diferentes. El problema de la guerra pues, es estructural. Dejemos de lado a las personas de Bin Laden y George Bush, que sus acciones sólo son circunstancias infinitamente menores frente a las dinámicas mundiales existentes. La lógica del capital global es el verdadero enemigo. Sólo develando sus entrañas sistémicas encontraremos una real explicación al terrorismo suicida, los sofisticados ataques militares de alta tecnología y las amenazas atómicas, que el mundo debe rechazar con todas las fuerzas del desarrollo verdadero. Los pueblos quieren la paz, necesitan la paz, para construir sus sistemas de seguridad y tranquilidad social. Los militaristas del capital global quieren la guerra, necesitan la guerra, frente a la impotencia clamorosa de desarrollar sus propias economías nacionales y las economías de todos los pueblos del mundo.

 

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